Sidrería Asador La Terraza (Ribadesella). Exquisita carne procedente de la ganadería Aranburu

Ribadesella está en estos momentos, 8 de agosto de 2012, 9:25 de la mañana, en ese estado catatónico que se le queda a uno en el cuerpo después de un gran susto, una gran juerga, una gran borrachera o un gran amor. Eso, o una mezcla de todo lo anterior, ha sido el fin de semana del Descenso del Sella, y los que hemos estado por el Oriente Asturiano tenemos dos opciones: o juntarnos a la juerga y vivir dos días y medio de desenfreno popular non-stop, o refugiarnos en nuestras casas y rezar para que no colapsen carreteras y podamos regresar hoy lunes a nuestras ocupaciones habituales. Ribadesella, cualquier otro fin de semana, es un destino de mucho mérito y más tranquidad. Sus calles tienen establecimientos de fama y renombre. Está el Tarteru, también el Campanu, también, cómo no, el Carroceru. También está un sitio del que de momento no me quiero acordar, donde comieron los príncipes de Asturias y los dueños han convertido esa visita principesca en excusa para sablazos a foráneos incautos. Y luego cada temporada hay sorpresas agradables. La de este año se llama La Terraza. Un lugar muy coqueto, puesto con detalle, con grifos de sidra que contabilizan los culetes escanciados, con camareras de una amabilidad extraordinaria y con una cocina contundente y muy bien tratada. Y, sobre todo, lo que nos convenció fue que en la puerta afirman que las carnes son de la casa, criadas con cariño por la cadena de carnicerías Aranburu, unos establecimientos que son las joyerías de la carne roxa asturiana. Este verano hemos ido dos veces a comer a la Terraza y las dos hemos salido más que contentos. La carta, una especie de folleto en el que puedes marcar con lapicero tus apetencias, anuncia especialidades como las fabes del mandilín a la asturiana, chipirones a la sidra con patatas, los bocartes con jamón, los tortos con picadillo y huevo frito, la sartén de pantrucu, con huevos y patatas. Como ven, nada light,...

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