Restaurante El Serbal (Santander). Burbuja de lujo en un entorno barriero

Una estrella Michelin refulge desde 2003 en el currículo del restaurante El Serbal, local abierto en 1999 y al que nos animaba a visitar nuestro amigo cántabro Pato (alias Mr. Duck). Espoleado por Pato, en Internet me sumergí en la carta del Serbal, estudié sus caros vinos y seleccioné unos tres caldos que me podía permitir dentro de mi pobreza, y entre su propuesta alimenticia opté como óptima opción por su menú degustación de siete medias raciones por 62 euros, IVA incluido (ahora ofertan otro por 58, enumerado al final del post). Se lo propuse a La Txurri, pero ella objetó que no le apetecía comer siete platos y que no valoraba tanto el coste (¡eso que pagaba yo!). Ella prefería yantar a la carta pero al final nos sentamos con intención de degustar su denominado ‘menú gastronómico’, o sea un entrante, un pescado, una carne y un postre, por 38 euros pero sin bodega y con varios obsequios y detalles más un trato de visires. El local se encuentra cerca de Puerto Chico, o sea en el centro. Está incrustado en una plaza vecinal particular que también cobija la salida de un aparcamiento. El Serbal se halla detrás del antañón mercado municipal de Puerto Chico, a la izquierda de un supermercado DIA («seguro que ahí compran el género», observó La Txurri) y a la derecha del restaurante La Mulata, no lejos de la calle Tetuán, la de las marisquerías con sus aceras recién reformadas. En tal entorno urbano, congestionado y feo, sí, en semejante hábitat barriero, cutrongo, pobre y demodé -igualito a mi calle-, se cobija la burbuja lujosa de El Serbal, restaurante galardonado por la guía Michelin y dotado de un comedor amplio y sin apreturas, con mesas separadas y una barrita externa donde se ofrece un picoteo más económico y con menos ceremonia. En su salón nos asistieron como a clientes habituales nobles: nos guardaron los abrigos y pasaron a menudo los recogemigas, nos convidaron a fino, ravioli y dulces, fueron retirando...

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