Amarantos (Suances). ¿Ha vivido tiempos mejores?

Nov 10, 14 Amarantos (Suances). ¿Ha vivido tiempos mejores?

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El comedor es poco cool y, por la mantelería de hilo, se intuía que el local ha vivido mejores tiempos, pero Óscar Cubillo regresaría a este Hospedaje Bar Restaurante cántabro sólo por su lechazo.

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Amita (Suances). El bar renovado y el menú ocultado

Ago 04, 14 Amita (Suances). El bar renovado y el menú ocultado

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En el Amita destacan entre sus especialidades los arroces, los pescados del Cantábrico, los mariscos de sus viveros y las carnes de la región.

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Restaurante La Dársena (Suances). Misterio resuelto

Jul 18, 13 Restaurante La Dársena (Suances). Misterio resuelto

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(+36 rating, 8 votes)Cargando... Pernocto a menudo en Suances, Cantabria. Me abduce, me dice mi odontóloga favorita. Me van a poner una estatua ahí, augura mi amigo Pato. Me gusta cada vez más, afortunadamente manifiesta mi esposa. Cada vez que voy descubro una cosa nueva que me obsesiona y a la que añoro durante mi ausencia. En este post no hablaré de bares con birras a un euro, ni del menú del día del Marinero, ni de las alitas de pollo del Arpeo, ni las del Cholo. No. Hablaré de La Dársena. Pero ni de sus tapas, ni de sus birras, ni de sus muchos camareros, ni de la flaca y simpática y profesional encargada, ni de su ventresca, ni de sus paellas, ni de su carta, ni de su clientela, ni de nada más que de su menú del día. ¿Que tiene menú del día?, preguntarán. Pues sí. Menú especial, lo llaman. Cuando se refieren a él, claro, porque lo ocultan. Yo conocí de su existencia por una guía Michelin que informaba acerca de tal oferta. Se habrán equivocado, pensé. Aun así, dubitativo, pasaba por delante de la fachada de La Dársena y miraba de reojo, a ver si se anunciaba. O me comía un helado enfrente, en el paseo de la playa, para ver si me enteraba de algo. Pero nada. No había señales. Y una mañana estival, tomando una birrita de botellín (la tapa de ese día: aceitunas) en la parte de fuera oí que una camarera latina leía a unos clientes de la terraza/acera, a unos seis metros de mí. «De segundo tenemos revuelto». Hum… No sé si tengo más olfato cazador de pointer, que diría Pato, o de lobo, que diría… ssshhhh. E indiqué a La Txurri: «Pregunta al camarero, al joven, si hay menú». Ella obedeció. Lo juro. Se levantó y se acercó al ventanal: -Oye –espetó. -Dime –respondió el chavaluco. -¿Tenéis menú? -No. Replicó tan tajante que le confié a mi esposa: «Ha sonado a mentira». Y...

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Restaurante El Caserío (Suances). Nada es perfecto

Ya he contado en este blog que me cautiva Suances y que voy siempre que puedo a pernoctar en sus numerosos hoteles (tan baratos fuera de temporada), a pasear por la playa, a potear en sus distintos bares y a comer en sus restoranes, siempre que puedo a la carta. Nuestros ambigús favoritos son La Dársena y el Amita, ya comentados en LQCDM. Y un día me animé a comer por todo lo alto en El Caserío espoleado por dos señales: primera, la visión de sus enormes pescados expuestos en la vitrina de su ancho bar, y segunda, la lectura de una recomendación de la Guía Michelin que rezaba: «Dese un homenaje con los mejores productos de la costa. Su comedor acristalado goza de unas magníficas vistas, siempre compartidas con un servicio de mesa de buen nivel». Prometía la cosa y en cuanto tuve pasta y oportunidad ahí nos sentamos. El Caserío goza de fama y empezó en 1961 como local de bodas y demás (grandes fotos evocan esos pinitos ilusionantes en blanco y negro) y ahora es bar, restaurante, hotel y apartamentos. Anteriormente ya habíamos hecho muchas noches en su hostería y apartamentos, pero para comer debutamos un sábado. Ese día, El Caserío acogía una boda en el edificio anejo y un bautizo en el comedor. El comedor, situado tras el bar, es un cenador que circunda coqueto el edificio principal y que dispone de unas vistas muy bonitas y tranquilas, la verdad. Tiene un par de pegas el restaurante: comparte baño con el bar (lo que no le gusta a La Txurri y siempre lo destaca) y no expone la carta ni los precios por ningún lado, pero sí se ven los pescados y las tartas expuestos en las neveras, ya lo he dicho. Acudimos reclamados por el presentimiento de que las piezas serían grandes, de que los alimentos se impondrían a los condimentos, de que el pescado sería como el que todo el mundo imaginana, o sea, gordo y suculento… Pero...

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