Mesón El Segoviano (Castro Urdiales). Un menú ajustado en El Segoviano

Imagen tomada de mesonelsegoviano.com

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Un día de agosto entre semana, con la mañana cubierta de nubes, caemos por Castro porque sí. Mucha gente paseante crea buen ambiente y los restaurantes de todo tipo se ven con alta ocupación. Al pasar frente al Segoviano, allá donde en ocasiones más señeras contentos hemos degustado rico rape, lubinas colosales, besugos justitos y jugosísimas tablas de ibéricos, envidio en mi fuero interno la alegría de los comensales y la oferta me tienta con un menú de 26 euros más IVA con cuatro platos por tanda, un irrefrenable reclamo de asados (los de cochinillo tienen buena fama) y la garantía del crianza de Rioja.

Así que tras convencer a La Txurri, que va de invitada y encima pone pegas, a las 15.30 horas atravesamos las mesas de la terraza, en el primer piso con todas las mesas ocupadas preguntamos si hay sitio para dos, y nos acogen en la segunda planta, en un comedor más pequeño, también casi lleno, éste de fumadores (vaya, y yo sin llevarme los puritos de los toros) y con vistas a la plaza y al puerto castreños, plagados de bandadas de palomas que nos hacen recordar la peli ‘Los pájaros’ de Hitchcock.

A esas horas avanzadas un camarero con pachorra nos entrega las cartas (hay otros menús para dos por unos 75 euros, pero parecen mucho menos interesantes), nos trata de tú (choca tal confianza recién aterrizados de los locales de Tenerife con sus educados empleados), nos toma nota y tarda en servirnos (durante la espera nos fijamos en los cuadros horribles colgados de las paredes). Al menos nos trae la bebida, agua para ella y un crianza de Paternina Banda Oro de añada reciente para mí, con buen olor y escaso sabor a palo seco, pero crecerá con los platos. También nos sirven el pan, unas vienas infladas de miga solidificada, un pan imposible de untar y peligroso al morder.

Al grano

Vayamos al grano. Yo me decanté por algo tan clásico como sopa y cordero. El camarero de la pachorra me asaltó por detrás y sin avisar arrojó sobre la mesa un plato hondo (volvió a perder en la comparación con los hosteleros tinerfeños). Cuando por fin llegó el condumio lo sirvió tintineando gozasamente las almejas contra la loza de la sopera. La sopa de pescado, que no suele fallar y menos debería en un pueblo marinero, no pecaba de espesa ni de especiada y los langostinos se salían de sabrosos (llega el hombre a dejar la sopera en la mesa y me la acabo entera). Luego el cordero mantuvo el nivel, aunque a primera vista prometía menos de lo que otorgó: una paletilla y otro trozo, una cantidad ni excesiva ni insuficiente, bastante hecho pero muy suave y gustoso, con el añadido del caldillo… Le faltaba el acompañamiento de una ensaladita verde y las patatas panadera de la guarnición resultaban impresentables, demasiado finas, pequeñas y requemadas.

La Txurri, que desconoce lo que es la relación calidad-precio y minusvalora el tiempo de trabajo y el grado de elaboración a la hora de escoger, optó por una ensalada mixta y un entrecot, pues no le interesaron ni el cogote de merluza ni los jibiones locales a pesar de mis encarecidas recomendaciones. La ensalada, normalita y plana a primera vista pero pimpante y brillante en sus ingredientes, le gustó a ella después de apartarle las rodajas de pepino (siempre apartando: otras veces granos de maíz, otras remolacha…). El entrecot lo deglutió como lo pidió, muy hecho (demasiado: estaba carbonizado y algo insípido y bastante resecado, pero ella dictaminó que le convenció) y completado por mejores patatas que las mías (estas fritas), simpáticos pimientitos verdes y unos piquillos que La Txurri ni tocó, claro.

De postre ambos pedimos flan. Lo mismo, qué error de principiantes en un comentario gastronómico (sirva de excusa que no había mucho más que elegir, melón y no recuerdo qué más). Ambas piezas estaban fatal: eran los flanes menos temblorosos y más sosos por menos dulces y más opacos por su mustio color del mundo. Ni combinados con la nata y el mantecado se elevaron semejantes platillos. Y a las 17.30 levantamos el campamento sin dejar propina por el servicio, a pesar de la buena impresión esencial del que suscribe.

(escalado por Oscar Cubillo)

LÁSTIMA, MESÓN EL SEGOVIANO HA CERRADO SUS PUERTAS.

web de El Segoviano

Ver ubicación

Correría 19
39700 Castro Urdiales (Cantabria)

942 861 859

3 Comentarios

  1. Un saludo desde Castro Urdiales, sigo vuestro blog con interés.

    Por cierto, tal vez os interese echar un vistazo a nuestro blog de opinión gastronómica:
    //restaurantescastrourdiales.blogspot.com/

    Un saludo

  2. Es el típiico día en que un local triunfa. Lo malo es cuando «triunfa» de esa manera todos los días. La gastronomía es una carrera de fondo y algunos restauradores se dejan el resuello en el primer repcho.

    FAIL

  3. Peazo debut. No mas falta una foto.

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