Restaurante Los Tamarises (Getxo). Un clásico burgués

Comedor exterior del restaurante Los Tamarises (foto tomada de lostamarises.com)

Comedor exterior del restaurante Los Tamarises (foto tomada de lostamarises.com)

Conmemoramos el pasado 11-S en la terraza del restaurante Los Tamarises, un clásico de la burguesía bilbaína ubicado en la playa Ereaga, un ‘must’ de muchas señoras mayores. En sus cómodas sillas, rodeados de gente bien, hemos tomado bastantes aperitivos cerveceros y La Txurri y su prima suelen ir a merendar tartas tentadoras y churros bien puestos en las lluviosas tardes de invierno. El 11-S ése, un sábado soleado, como pagaba La Txurri comimos a la carta mientras observábamos las figuras silenciosas y reverberantes de los playeros moviéndose a cámara lenta. A los camareros, elegantes a la antigua usanza, se les notaba la profesionalidad, pero a  alguno le desbordó cierta campechanería, así como queriendo quedar bien para merecerse una propina que no concedimos, claro (para más inri, al de varias horas, al ver la factura nos enteramos de que el agua nos la cobraron dos veces; no reclamamos, por supuesto).

De esa primera velada las reminiscencias nos devuelven  a la memoria el gesto de rechazo del blanco de la casa, Mocén Verdejo de Rueda, por considerarlo escaso para nuestro undécimo aniversario. Requerimos Marqués de Riscal (14 + IVA), botella de la que hasta bebió ella y que aprobó el camarero: “Éste no falla”. Él sí falló pues la trajo un tanto caliente y se le escapó un ‘plop’ al sacarle el corcho. La dejó en la cubitera y la empezamos a paladear en una cristalería burda mientras solo yo ingería por inercia un paté suave, convite de la casa. Empezamos en serio compartiendo una ‘degustación del Cantábrico’ (22 + IVA; ahora está a 25 machacantes en la carta), una bandejita de mariscos con pulpo, una selección enterrada bajo un arrecife de coral formado por ajitos troceados y tostados. Los productos estaban fríos (era verano) y eran navajas buenas, almejas grandes pero sosas, berberechos ricos aunque el ajo sofocaba el paladar del comensal, y pulpitos de un milímetro de espesor, el mejor pulpo con sabor a bacón ahumado que he tomado en mi vida.

Tras consumir estos entrantes pedí un consomé (3’60) que me trajeron hirviendo y que no consiguió atemperar el chorretón de Tío Pepe que impuso su graduación al caldo. Luego llegaron los segundos: para ella rape fino y cartilaginoso (25; ya retirado de la carta) y para mí lubina a la bilbaína (26), buenos pescados pero cuyo tamaño no resistía la comparación con las piezas de los restoranes cántabros. De postre, una cara (9,35) tabla de quesos: frío brié, contundente el de oveja curado y excelentísimo el azul. De postre-bis, la casa nos invitó a unas tejas.

La Txurri abonó la factura (en total 114,64 euros) mientras en el horizonte se recortaban las velas de los barquitos. Comentamos que había sido caro pero no para tirar cohetes, y yo sugerí: “Seguro que está mejor el menú especial este tan baratito”. Ella picó el anzuelo: “Te invito a ése cuanto antes, amorcito guapo”.

Menú degustación

Nueve meses después, exactamente el 11 de junio, sábado también, regresamos a degustar el menú de 35 euros + IVA, con café incluido. Nos acomodaron en una mesa redonda apta para muchas personas próxima al mural de la foto escogida para ilustrar este post, y el maitre nos planteó: “Sólo tienen que elegir el vino. Tinto, rosado, blanco…”. Escogí tinto y el experto camarero sin girar la botella extrajo el corcho de un Rioja Montelciego crianza 2007, a temperatura ambiente, o sea un tanto caliente, pero tan sabroso y espeso que al primer trago ya se me pasó la resaca (es que la víspera estuve con Raúl y Carlos, malas influencias cuando se juntan). Lo compaginé con agua Mondariz, frescaaaaahhh…

Los camareros nos trataron con suma amabilidad y delicadeza pero sin agobiar, nos llamaban de usted (como debe ser) y se merecieron mayor propina de la que dejamos: yo 75 céntimos, Susana 80… (es que no teníamos más: yo estaba en la ruina por culpa de Carlos y Raúl, y a ella le quedaba un billete de 20 lereles).

Pues bueno, este es el menú que llevan ofreciendo varios meses en el Tamarises:

1º.- Ensalada de temporada con taco de pulpo frito: un plato con dos porciones separadas, una con hojas verdes, un cherry en dos mitades y pepinillo cortado en forma de estrella que ella apartó (cómo no), más otra mitad de pulpo con patatas, cortado al centímetro de rigor según el gourmand Martín-Ferrand, y aderezado con pimentón y rica patata. Estupendo inicio, vive Dios.

2º.- Crema fina de guisantes: un cuenquito servido sobre una servilleta y otro plato, un purecito rematado con jamoncito, una crema sabrosa con cuerpo pero muy suave. Era la cantidad perfecta para no sudar… ¡Y a la temperatura idónea!

3º.- Suprema de rodaballo sobre lecho de pisto: éste rico, leve y muy vasquito. Y el pescado, excelente, saporífero, un trocito desespinado del que yo ingerí hasta la piel y libé la gelatina. Hum… (En la carta mantienen este plato a 26 euros, en ración mayor, suponemos.)

4º.- Láminas de buey a la piedra: aquí ya rizaron el rizo. Nos trajeron como avanzadilla sendos platos calientes vacíos y luego llegó otro lleno de patatas fritas (sobrias y con clase) y dos pimientos del piquillo braseados (sin más) a modo de guarnición de la carne, que era una docena de medallones dispuestos sobre un hornillo para que el comensal pudiera acabar de prepararlos al gusto. Una carne de mucho sabor que ella ponderó positivamente.

5º.- Postres caseros: el camarero nos ofreció tarta o helado, y sin tiempo a responderle nos propuso una degustación de tartas que rogamos sirvieran junto a los cafés. Aquí se pasaron de generosos y nos aprovisionaron con cinco dulces triángulos que no pudimos acabar a pesar de su finura. Cinco pedazos de repostería apretados en un plato y dos platos más para los comensales (no hay que añadir que cada uno de los cinco servicios tuvo su propia cubertería). Las cinco grandes raciones eran de bizcocho delicadísimo, de mousse de café, una buenísima tarta de arroz con pasas, otra magnífica de yema y una más de suave chocolate que maridé con el tinto. Para quitarse el sombrero y para recomendar a las lectoras a que vayan por las tardes a merendar a la terraza del Tamarises (si no encuentran compañía, me pueden invitar, aunque a mí el dulce…).

Y al de hora y media pasadita, tras papear a gusto y con serenidad, tras ver pasar en esta ocasión a cuadrillas mexicanas, chicas playeras y coches de policía desde la terraza visitada por gorrioncitos, abonamos la factura (75,60 en total), levantamos el campamento y comentó Susana: “Si lo llego a saber, te invito antes”.

(La Txurri invitó dos veces a Óscar Cubillo)

web de Los Tamarises

ver ubicación

Muelle de Ereaga, 4; 48992 Getxo (Bizkaia)
944 910 005

1 Comentario

  1. Oscar Cubillo /

    Adiós a un clásico. Oficialmente debido a la falta de ilusión y de recursos de la familia propietaria del negocio, el restaurante Los Tamarises cambiará de gestión con el cambio de año, el 10 de enero. Lo ha cogido el chef Fernando Canales (Bilbao, 1962), poseedor de una estrella Michelin y rector actual de los afamados Etxanobe y Akebaso, quien confiará los fogones del Tamarises a su mano derecha, Javier Izarra. Cuando pase la Navidad el local sufrirá una remodelación en su decoración y según declaró el cocinero al diario El Correo: «La parte superior, donde habrá un asador, estará destinada a bodas. Y la planta inferior se dividirá en un bistrot del siglo XXI, una cafetería con sus pinchos, una zona chill out y una escuela de cocina dirigida por Javi Izarra, quien será el chef del local». Y Canales añadía prometedor: «Se va a poder degustar lo mejor de cada cocina: desde pizzas, paellas, sushi o merluza frita hasta jamón, escalope o unos huevos fritos con patatas. Vamos a coger lo mejor de la gastronomía, prepararlo bien y ofrecerlo a un precio económico». A ver si resulta tan económico como el menú degustación que el actual Tamarises aún oferta por 35 euros más IVA con ensalada de confit de pato, crema de hongos, lubina riquísima, carrilleras, postre, café más buen rioja. Hace pocas semanas mi hermano y su esposa disfrutaron de este menú y les encantó desde el servicio al producto. Confiemos en el nuevo negocio…

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