Mercado de la Bretxa (Donostia). Shopping in sábado

Me encantan los sábados, supongo que a todo el mundo. Pero cuando sales de una semana que no te ha aportado demasiadas alegrías, parece que lo acoges con más ganas. Y es que los sábados me gusta hacer la compra. Suena a maruja, pero soy así. Disfruto acercándome hasta el mercado de La Bretxa y comprar la manduca de la semana. La Bretxa es mercado tradicional, mancillado desde hace unos años por un centro comercial abierto en sus antiguas instalaciones. Con la excusa de la renovación, una M muy grande desplazó para siempre a los inquilinos del edificio central al subsuelo… maldito BigMac.

M de mancilla, sobre la Bretxa

Siempre sigo idéntica rutina, y soy fiel a los mismos puestos desde épocas en que acompañaba a mi madre a la misma faena. Soy buena discípula, claro está…Previa recarga de pilas con cafecito en establecimiento cercano, empiezo el recorrido por los puestos “de las caseras”. Están en la superficie, al solecito de hoy y a la intemperie de otoños que este año parecen no llegar nunca… Verduritas y flores. De vez en cuando, exposición de quesos… cómo huelen… Y llego a mi primera parada, caseros de Usúrbil donde el relevo familiar se aprecia con rostros más jóvenes, aprendices tiempo atrás. Y como siempre, huevos de gallinas felices, lechuga con cogollo, muy blanquita, tomates que huelen a tomate y cebolletas. Hoy, además, me apetece coliflor y un puñado de guindillas, con la esperanza de que no piquen…Y desde el fondo resuena una voz que me dice… “hoy tienes hongos… buenísimos”… Ay!! Saben cómo conquistarme. Pido la cuenta antes de que me líen un poquito más, y el más joven de todos, el que a veces me obsequia con una cabeza de ajos, dice… ¿tiramos perejil? Esperaba la pregunta. Sonrío y contesto: bai, bota pixka bat… Ja, ja… me siento bien.

Fomento del sector primario vasco

Prosigo mi recorrido. Bajo las escaleras mecánicas, tan poco adecuadas al entorno y llego a la pescadería. Sonrisas al otro lado del mostrador. Hablamos del tiempo y del bonito, de la anchoa y el mejillón. Quiero comprar gallo y me embaucan con platusa… no está mal, procuro dejarme aconsejar. Me encanta observar cómo limpian el pescado, con esos cuchillos de filos infinitos. Quitan la piel, espinas, escamas, y lo diseccionan con precisión de cirujano…y el producto queda perfecto, listo para llevar. Hoy Jon a poco se lleva un dedo… casi mejor me voy a callar, creo que le estoy despistando…. La cuenta, plis… ¿Ponemos perejil? Madre mía, qué obsesión… debe ser influencia de Arguiñano….

Toca visita a la charcutería, y en casa ya me han hecho la lista…Desde lejos veo la cola que hay… voy a tener que esperar un buen rato… Pues cojo número y corro a la frutería.
Todo muy cerquita, la frutería hace poco cambió de dueño, tocaba jubilación, merecida por cierto… Y nos estamos conociendo. El género es el mismo, bien presentado y muy variado. Mientras pienso, se acerca uno de los chicos, del que aún no conozco nombre, y me canturrea ¿quién vive en la piña del fondo del mar? Todavía me sorprendo a mi misma respondiendo Bob Esponja. Demasiado Disney Channel. Roja cual tomate, fui demandándole manzanas, pomelos y clementinas, que están ahora en su punto. De la vergüenza, olvidé las naranjas de zumo… ya no vuelvo atrás. Intento olvidar el lamentable episodio.

Al ver mi número en la charcutería, salgo pitando casi sin despedirme del frutero vacilón, y me planto delante del mostrador… Vaya miradita me echa la señora de al lado…, que no mujer, que no me cuelo, que tengo número… De todo lo apuntado, no queda salchichón de Joselito. El charcutero me da todas las explicaciones del mundo, que si no está curado, que si el tiempo de maduración, que si espere un poco y lleve otra cosa…. Buff dejo de escucharle, es muy majo, pero tiene un palique…Me engatusa con paletilla, vaya pinta que tiene…”Acompáñalo con un buen vino, mujer, que hoy es sábado sabadete”. Muy gracioso el hombre.

Para terminar, giro el cuerpo y estoy en la carnicería, aquí tengo enchufe… Le pido solomillo y me responde que mejor chuleta, de viejo, como me gusta… Que tiene una pieza “de ovación y vuelta al ruedo”. Ante esto, nada tengo que decir. Pues venga, pon esa chuleta… Éste no me ofrece perejil, gracias a Dios.

Me suena el móvil. Creo que me enrollo demasiado. Pero es que estas horas en La Bretxa son todo un acto social. Me esperan arriba, hay que llevar las bolsas al coche y volver a casa.

Desembarcando con todo, dedico los primeros minutos a organizar las adquisiciones del día. Todo ubicado y bien ordenado, me planto el delantal y empiezo a cocinar escuchando “someone like you” de Adele, a quien he descubierto hace poco…Lo dicho, me encantan los sábados.

(le encantan los sábados a Uve)

web de los comerciantes de la Bretxa

Alameda del Boulevard s/n; Donostia-San Sebastián (Gipuzkoa)

1 Comentario

  1. Mi visita a la bretxa de los sábados es muy parecida. Siempre paro donde Mertxe a por fruta y me doy una capricho en Gaztelu. Fue una pena que con la reforma taparan los puestos tradicionales. Me parece que está muy bien contada la visita.

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