Restaurante Bibi (Plentzia). Atmósfera unamuniana

Fachada del Bibi (foto: tribago.es)

El Bibi es como de otra época. De cuando no sucedía nada y la gente pensaba hacia sus adentros y agonizaba bajo el peso metafísico (si adolecía de falta de fe, of course). Hogaño el negocio del Bibi se divide en tres campos: hostal (nunca he ido, nunca iré, a veces veo salir por su puerta a gente contenta), el bar (pequeño, esquinado, concurrido, con muchos pinchos, raciones de rabas y gentío que rezuma hasta la calle porque los parroquianos no caben dentro) y el restaurante (el local se anuncia como especializado en pescados y mariscos y en la cristalera del bar cuelgan los menús del día, que suelen ser dos, uno más carato que otro). Desde la acera las cristaleras del comedor suelen mostrar un interior a menudo lleno. Sí, el Bibi y el glamour son antagónicos, aunque hay que reconocerle cierto carisma.

Nosotros debutamos en su figón un domingo de 1999 y nos quedamos desazonados por el ambiente unamuniano de otra era, de fonda en la que se come lo que hay, de almas en pena que sacian su apetito terrenal sólo por nutrirse, por necesidad, no por disfrute. La puerta que da paso al comedor es metafórica: blanca, con cristalera traslúcida, propia de un dispensario tísico de la II República. Buf, qué desasosiego… La evoco y comparo la desazón con cuando el vampiro de Laguardia le preguntó ansioso y susurrante a mi esposa en su castillo: «¿Le gusta el sangrecao, ¿señora?».

El caso es que como La Txurri tiene pisito en la zona, vamos mucho por Gorliz y Plentzia y miramos que dan de comer en el Bibi casi cada día, pues el local está céntrico, pegado al puerto. Y como La Txurri trabaja en la cosa pública dando clases a los zotes del bachillerato (yo les daría de hostias), goza de muchas vacaciones y en la semana de Carnaval holgazaneamos por ahí. Era martes y nuestro favorito, el Zuen Etxea, estaba cerrado por descanso semanal y nuestro plan B del Kai Eder no nos pareció atractivo con sus huevos fritos y poco más. Pero pasamos junto al Bibi y me desaparecieron los temores, las prevenciones y los prejuicios: ¡de segundo plato había manitas de cerdo en el menú de 11 lereles, IVA incluido!

Tras un paseíto y un finito cruzamos su puerta blanca y nos acomodamos en el comedor, ataviado con mantelería ajada de mil lavadas. Uh, y qué parroquianos: orondas y maquilladas madre e hija supervivientes del ayer, un hippie barbado sucio de pintura, una pareja currela formada por capataz y morito, otro currela desaliñado y alienado, nosotros –yo estrenando botas y jersey y La Txurri quejándose de que la música estaba alta y asqueándose ante las presuntas miguitas de su silla; siéntate en la otra, le aconsejé pragmático -, y más parroquianos que se sumaron a la oferta: un tipejo con su madre metete, una pareja muy anciana y bastante ágil, tres guiris –dos chicas y un chico, creo que galos y una de ellas preciosa, enamoradora-, más otro guiri –en inglés hablaba- que supongo era padre del niño de la silla, marido de la chica de ojeras lúgubres, cuñado de la mujer desilusionada y con pinta de lesbiana, y yerno de la señora con aire pedestre, cuarteto éste (quinteto con el bebito) que eligió el menú de 16 euros, un poquito más atractivo, con entrecote, kokotxas de bacalao y tal, pero el mismo morapio que el de 11 lereles (ellos solicitaron aparte una botella de Paternina).

Nosotros papeamos el menú de 11, ya se ha dicho. Con agua Insalus en botella de plástico (de litro y medio; me llevé a casa la que sobró) y con un clarete potable pero poco alegre, acorde con el Bibi, garito con estufa de bombona de butano en el centro, aire silencioso, columnas forradas de skai (o como se escriba, que yo tampoco soy tapicero), música comercial fuera de lugar… Más que retro y triste, el Bibi es genuinamente demodé, pretendidamente melancólico y decididamente anacrónico. Seguro que el alma de Unamuno habita en su refectorio.

Pintxo del Bibi (foto: GPS)

Patas del número 45

Ese martes fuimos por segunda vez. En la primera y lejana ocasión nos satisfizo el condumio pero nos acomplejó el ambiente y nos hartó el estresado camarero que nos dijo que no podía cobrarnos con tarjeta, y cuando le repliqué que yo no tenía líquido, o sea cash, entonces se le arregló el datófono (anda y que le den). Esta vez repetí convencido de que comería bien, y lo hice. De primero La Txurri dudó si elegir guisantes salteados con refrito de jamón y setas; no nos interesaron a pesar de ser muy solicitadas las patatas a la riojana; no vi que nadie pidiera la ensalada mixta, y yo acerté de pleno con mi elección: sopa de pescado, una piscina caldosita, con posgusto picante y algunos tropiezos: merluza, un mejillón que parecía tenía limón… Como soy generoso, intercambié el plato con Susana, que motivada por mí se decantó por la paella, correcta sin más, muy amarilla, mixta de carne y pescado…

De segundos había bacalao con pimientos (una pieza vistosa y muy solicitada) y yo quería que ella comiera mero a la plancha, pero como ese pescado incluía refrito pensé que Susana echaría el plato para atrás alegando que el aceite le sienta mal. Así que pidió lo que de verdad le apetecía: lomo adobado en crema de queso manchego, tres tajaditas muy hechas sobre un lago de queso, con patatas y pimiento rojo que no probé porque estaba concentrado con lo mío, las patas de cerdo. Buf… Eran enormes, del número de pie del 46 o así… Dos medias piezas imagino que cocidas aparte y luego servidas sobre la salsa choricera, no muy espesa pero sí muy sabrosa. Las patas tenían carne, gelatina, se desgajaban muy bien de los huesitos y había tanta cantidad que casi no puedo acabar con ellas. Al final sólo dejé alguna rodaja de chorizo (un adornito prescindible) y bastante salsa (no me parecía propio untar hasta explotar, que quería reservarme para las cervezas y pinchos vespertinos).

Yo ya ahíto, llegó la chica y nos cantó los postres: cuajadas (muy consumidas), tarta de café, de San Marcos y de queso ya no (se les habría acabado, para chasco de La Txurri), flan… Yo me zampé un flan estupendo y la Su la sanmarcos, vistosa y también rica. Luego ella pidió un café con leche que ni fu ni fa (a cualquier cosa le llaman café) y que sumó 1,40 euros a la comanda, en total 23,40 euros, cifra que aboné en cash (je, je…) y que sobrepasé al depositar en el platillo todas las muchas monedas que tenía en el bolsillo inferiores a 50 céntimos. Y bueno, seguro que regresamos al Bibi, y la tercera vez sin dejar que pasen 13 años.

(venció sus miedos y sus prejuicios Óscar Cubillo)

ver ubicación

Areatza, 42; 48620 Plentzia (Bizkaia)
94 677 20 31

6 Comentarios

  1. mrmoonlight /

    Sorpresa (de las malas) al acudir el otro día a Plentzia, con los primeros atisbos del sol, y llamar para comer en el Bibi…Me contestaron que ya no dan menús, ni el del día ni el muy rico “especial”, ahora dan solo “plato del día”, y al pasar por allí vi que han hecho una reforma del comedor que ni Chicote en sus peores pesadillas…¿Alguna idea de porqué este cambio???

  2. Blanca. A mi esposa le encanta el Zuen Etxea y a mí me mola mucho. A ambos nos agrada el Boga de Algorta. Y de Algorta, a los dos también nos alucina el Tellagorri. A ver si repito pronto en este, y me marco un textito suculento. Salud.

  3. Yo hoy he comido en el Zuen_Etxea y mejor imposible.
    Me suele pasar los marte lo mismo que a ti y cuando voy al Bibi, no es lo mismo, pero me gusta la comida, que no la bebida.
    Mañana iré al boga de Algorta que es impecable (con reserva) .

  4. Descarao… para que luego digan que faltan vocaciones. ¿Dejaron propina en esta ocasión?

  5. Mr. Duck /

    menuda parroquia!!!

  6. Perro labrador /

    “daría de hostias…”

    “pinta de lesbiana…”

    este blog se precipita sin freno hacia lo políticamente incorrecto (y me encanta)

    probablemente vais camino de ser el primer blog punki sobre gastronomía, enhorabuena

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  1. Café Suizo (Santander). Como un barco del Misisipí « LO QUE COMA DON MANUEL - [...] sirvieron en raciones enormes: yo reparadora paella mixta con langostinos cimeros (mejor que la del Bibi, por ejemplo), y…
  2. LQCDM: Restaurante Bibi (Plentzia). Atmósfera unamuniana « bilbaoenvivo - [...] Bibi (Plentzia). Atmósfera unamuniana PINCHAR: http://loquecomadonmanuel.wordpress.com/2012/03/01/restaurante-bibi-plentzia-atmosfera-unamuniana/ y lo firmo así: (venció sus…

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