Restaurante Rincón de Diego (Cambrils). Nivelón en la Costa Dorada

Vista del comedor inferior del Rincón de Diego.

Hace meses comenté en LQCDM el Can Bosch, uno de los dos restaurantes con estrella Michelin de Cambrils. Y hoy por fin llega el turno de narrar las bondades del otro, el Rincón de Diego, estrellado desde 2006 y que preferimos sobre su cordial competencia del Can Bosch debido a numerosas razones: precio, cantidad, calidad y local. ¿Se puede pedir más? Aparte, el Rincón de Diego se ajusta más a los bolsillos de los potenciales clientes porque oferta diversos menús, hasta media docena: maridado con cava o Moët & Chandon, uno por 36 euros sin bodega, etcétera. Cuando estuve de vacaciones por esa Costa Dorada le invité a La Txurri a este local, lo rechazó, y hala, acudí solo a probar el menú degustación, de 60 euros más IVA y sin bodega

Rincón de Diego se halla cerca del puerto, donde se alinean tantos restaurantes más populares con sus terrazas cubiertas preparadas. Tiene dos plantas (el comedor de arriba parece menos chic), un pequeño lobby con revistas y al menos un baño al que se entra pulsando un botón (lo que me costó encontrar el botón para salir del baño cuando ya iba por la segunda botella). A mí me acomodaron en la sala de la planta baja. Era idílica, posmoderna, algo egiptóloga quizá por los mármoles, las fuentes y el naturalismo despejado. En tal entorno cálido y acogedor, con una fuente fluyendo todo el rato a mis espaldas, me atendieron como a un faraón al menos tres damas: sumiller (al final resultó ser de Las Arenas, cerca de casa), camarera y encargada. Yo usaba cubiertos de plata y ellas pasaban el recogemigas tras cada plato y me preguntaban con donaire si me había gustado y yo respondía cada vez más arrobado. Me escanciaban atentas y sin parar agua y vino, y la sumiller se disculpó cuando le requerí cambiar de caldo aunque la culpa fue mía: elegí mal por saltarme mis prejuicios negativos hacia el blanco de Rioja. Recuerdo que mi comida más cara la aboné días antes en el vecino Can Bosch, por 90,99 euros, y en el Rincón de Diego, por haber pedido otra botella, batí mi récord y llegué a los 93,47 euros (más propinilla, pues a pesar de mis esfuerzos sinceros sólo me cobraron media botella de la primera solicitada).

Oda blanc.

Disfruté en mi debut en solitario, entre semana y con pocos clientes más: un caballero que marchó pronto y una pareja que eligió uno de los menús y le sirvieron con protocolo y atención. Yo regué la comida con agua Aquabona Santolín (2,5 en la factura) y con dos botellas de blanco: Viña Albina en barrica, blanco riojano que recomendaban en la carta del día a 10 euros la botella (me cobraron solo cinco), de uva malvasía, pálido y en absoluto complejo, como indicaba la etiqueta. O sea la nada. Cuando pensé que el vino me estaba jodiendo el momento, lo cambié por otro, este estupendísimo: Oda blanc (17 euros la botella… me sobraron unos dedos y me la traje a casa en una bolsita y aún estaba rico al de varios días), un blanco con crianza de color amarillo, con 13’5 poderosos grados de alcohol, más frutal y con más cuerpo, de la bodega Castell del Remei, que conozco y recomiendo.Por casualidad, el día que entré en el Rincón de Diego acababan de renovar el menú degustación de 60 lereles. Como lo había visto en Internet, iba con idea de probar el anterior, y no tuvieron problema en preparármelo. Así que esto papeé:

1.- Snacks. Pequeñas tapitas de aperitivo. No había empezado y ya parecía un maharajá rodeado de bocaditos de todo tipo, panecillos, sales exóticas y aceites que las delicadas trabajadoras me presentaban susurrantes al dejarlos sobre el mantel. Ahí tenía todo extendido. Parsimonioso untaba pan con el aceite floral de una cooperativa local y bebía vino riojano y nada, no sabía a nada. Y cataba las sales, de volcanes de Hawai–gomosilla-, sal del Himalaya… Y varios tipos de snacks: chips saladas para beber vino, tallarines al pesto, crujiente de parmesano, filopizza de tomate (una golosina del futuro según Adriá, imagino), crujiente de arroz con curri que parecía una corteza… Y más aperitivos, estos mejores, como la crema de alcachofas suave y sabrosa, y el mejillón al romesco y su gelee genial de sabor, y el bonito en escabeche fino, sápido y suave a pesar del ajo, y el salpicón de pulpo alegre, trabajado y colorista. Desbordado estuve durante los prolegómenos, sí.

2.- Ensalada de bogavante con guacamole, tomate raf y calçots. Ensalada alegre y exótica con el verde del guacamole y la teja roja de la yuca integrada, con el bogavante muy rico destacando en el batiburrillo y el raf inadvertido en la esquina. En este plato ya me quedé solo en el comedor.

Fachada del Rincón de Diego.

3.- Vieiras con puré de tapinambo, trufa Perigod y transparencia de ibéricos. Vieras ricas y gruesas, con la trufa pisando fuerte al principio. Me inquirió la caramera, creo que del Este: ‘¿Le ha sorprendido al señor?’. ‘Sí’, le respondí. Y aquí ya cambié de vino y me pasé al Oda y el goce fue redondo.4.- Pulpitos salteados con habitas frescas. El aroma fuerte, la cebolla tierna, los minicefalópodos tiernísimos, las habitas turgentes, el ajo fuerte… Un conjunto saladito y alegre.

5.- Lubina con marisco, salsa celeri, coco y cítricos. Un logro, aunque al principio el lomo con el pellejo me pareció saladito, pero es que sobre la piel reposaban la sal. Ingería los langostinos y cerraba los ojos de placer. Me sentí sobrepasado una vez más. Y los humildes mejillones de la guarnición estaban igual de ricos que los mejores que he probado en mi vida, esos al vapor en Foz, Galicia. Me derretía. La lubina blanca, dura, sápida… Acabé, pasaron el recogemigas, me preguntaron: ‘¿Qué tal el menú?’ Qué decir: ‘Estupendo…’.

6.- Mandarina en texturas. Siete texturas en un plato visual, ácido y feliz al que le aplicamos la recurrente metáfora de la sinfonía de sabores.

7.- Torrija de crema quemada y helado de leche merengada. Gruesa torrija tamaño XXL, rotunda y rica, como el helado.

8.- Petit fours. Bollito, fruta de la pasión, almendra garrapiñada… Los acompañé con un café rico abonado aparte y que sorbí para estar despierto esa tarde (2.05 en la factura).

Y lo dicho, cuando regrese a la zona de Salou y Cambrils iré de cabeza al Rincón de Diego y le invitaré a La Txurri a un competitivo y sabroso menú. Seguro que esta vez no lo desprecia.

(se sentía igual que un maharajá, Óscar Cubillo)

web del restaurante

ver ubicación

Carrer de les Drassanes, 7; 43850 Cambrils Puerto (Tarragona)

977 36 13 07

cierra los lunes

1 Comentario

  1. Perro labrador /

    OMG no tengo palabras, me lo apunto en el “debe de irse”

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