Ametza (Bilbao) Los sueños no siempre tienen que ser modernos o raros

La melancolía no es un estado de ánimo. Es una virtud necesaria en caso de necesidad. Es el paso previo a una explosión controlada de creatividad, de ira justa, hibris o de simplemente deseo de tiempos pasados que no tuvieron que ser mejores.

Estoy melancólico por muchas razones. Entre ellas por los momentos que viví siendo un churumbel con mi aita, que se me llevó a los restaurantes más añejos de un Bilbao de los años setenta. Hagan cuentas.

Así que cuando otra figura de autoridad, del mismo nombre que dieran lustre y esplendor mi padre y mi, también huido hacia el éter, hermano, decidió invitarnos al Ametza, entré en una caída en barrena sentimental. Un memento poco dado a casar con mi cinismo e impostura de desapego.

El Ametza, en Henao, en el Bilbao ajeno a los turistas, que se lo pierden, allá ellos, oye. Un bar chiquito y bonito. Como aquellos en los yo disfruté siendo chinurri en el Casco Viejo, esos Ambotos y Rios Ojas. En los que mi padre decía, cuando no nos veía mi madre: “toma un poco más de vino con gaseosa”. Entonces tenía cuatro años y, claro, eso explica muchas de las cosas de ahora.

El Ametza, donde comimos con el señor del mismo nombre, y con compañeros de tres años y mucho pico de fatigas. Nos lo merecíamos, ¡qué cojones!, y como un día es un día y una pareja de días dos, decidimos darnos al menú.

kokotxas (de merluza, sin faltar)

kokotxas (de merluza, sin faltar)

El restaurador nos acomodó en un pequeño palomar, con capacidad para cinco o seis mesas. Nos atendió de lujo y comimos de la misma manera. Cinco platos, o seis. Con Lechezuelas, litiruelas rebozadas. Lechecillas. Las mollejas de algunos animales jóvenes como la ternera, el cabrito o el cordero. Lo que le gustaba a Hannibal Lecter pero no precisamente de esos animales. Con ensaladilla rusa, plena de sabor, untuosa. Croquetas de una bechamel sápida (si, lo dije). Con tigres al estilo clásico, un tomate y su cebollita crujiente, croic, croc. Con kokotxas de merluza, de las buenas, al pilpil; amo esa esa salsa. Y con un final con redoble y circo de tres pistas: chuleta bien cortada, bien asada y sangrienta, como la matanza del día de San Valentín. Acabamos con callos, aunque parezca raro, ya que cada uno se toma el postre que quiere y para bajarlo un poco unas peras al vino.

Chuletón Sangriento, St. Valentines Day Massacre

Chuletón Sangriento, St. Valentines Day Massacre

Proust para volver a la infancia tuvo que morder una magdalena. Como ven, en nuestro caso el superego, el inconsciente y lo de más allá, se activa un poco más contudentemente. El amigo Silverman, que sabe mucho de eso, llamó a este tipo de establecimientos Tascas 1.0. Estoy de acuerdo, no siempre lo nuevo es lo bueno. Hay momentos para ir a lo clásico que, como es clásico, nunca pasa de moda.

Si me preguntan por el precio diré que es maleducado preguntar a quién te invita por el precio de su generosidad, pero, si les sirve de orientación, más tarde, otro día, fuimos al menú y por una experiencia similar, aunque menos premium, pagamos 14 euritos de nada por cada cabezón. Y en el centro de Bilbao que es como decir en el puro centro del puto Universo. Me apetecía decir puto sin venir a cuento; ya lo he dicho. Así que, para compensar el exabrupto, acabaré con verso de Baudelaire. Ese que dice que “el hombre que sólo bebe agua esconde algún secreto a los demás”. Como ven, este que lo escribe, si tiene algún secreto no será por beber agua.

zuloko o la melancolía

Calle Henao 25.
Bilbao.
Teléfono: 685 729 891/625 257 925

1 Comentario

  1. El restaurante es pequeño puede pasar,la atencion deja mucho que desear, lo del tlf
    para reservas ya es de lo peor y la cocina con tantos cambios de personal no es la
    correcta y por ultimo el local huele mucho a comidas. En definitiva tiene un suspenso`
    ne mi opinion que para eso son…… saludos

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