Borne (Bilbao). Un (casi) vegetariano en Bilbao La Vieja que se merece una oportunidad

Siempre que veo a alguien meterse con los débiles mi lado justiciero estalla. Y por eso muchas veces, puesto en la situación, me corto de la crítica o el comentario acerado. Pienso ¿y si lo que hago o critico en me convierte en el abusón que tanto desprecio?

A mi memoria viene la anécdota, cierta, de un caso de bullying que se dio en el colegio en el que yo estudiaba. Estamos hablando de los tempranos 80 del pasado siglo. Época en la que además de los cardados y las hombreras se llevaba el abuso, ya fuera por parte de algunos curas sobones, que te los tenías que despegar (nunca mejor dicho) a hostias, o de los alumnos que no se andaban con medias tintas. En ese tiempo llegó a nuestro colegio un chaval rebotado de otras escuelas más pijas, y claro, eso era Baraka, y la peña la tomó con el nuevo. Entonces no se llamaba bullying, pero lo era.

Al nuevo, que encima trataba de ir de gracioso, le caían leches por todas las esquinas. Y el que más más pegaba era una especie de Grendel gigante, con un apodo que sólo pronunciarlo daba pavor a todo el colegio. Un día, harto de tanta violencia con el indefenso compañero, mi cable se cruzó y sin pensarlo respondí con la misma moneda. Le empecé a golpear al gigante,  con ganas y sin pausa, una serie ininterrumpida de  tsukis. Toda la gama de ages, yokos, ushiro, kirame, tate, ura, kizamis. No pase a los geris porque no hizo falta. Se quedó arrinconado, hecho un ovillo, para pasmo general y susto propio y suplicó que le dejara de dar lana. Ni siquiera se defendió. Nunca nadie le había pegado, ni jamás por su cabeza se había pasado que alguien pudiera hacerlo.

Rissotto, arroz meloso

Rissotto, arroz meloso

Ese día un chaval abusado se libro de acudir al sicólogo toda la vida. Otro abusador descubrió que los tipos flacos y cabreados pueden tener un repertorio de golpes inimaginables y que por muy grande y poderoso que seas siempre hay límites en la vida y que es doloroso descubrirlos. Y todos quedamos  tan contentos (y después tan amigos).

Por eso no quiero abusar. Podría decir que en Bilbao la Vieja estuvimos cuatro amigos, muy rockers de corazón, muy guapos de apariencia,  comiendo en un coqueto restaurante (casi) vegetariano y que la experiencia no fue todo lo satisfactoria que deseamos. Pero lo diré de otra manera.

Es enero de 2013,  Año Mariano de Nuestro Señor Estupefacto e Inane. Nuestras últimas visitas a locales de restauración han sido descorazonadoras. Lugares medio vacíos, dueños desanimados. Un buen amigo, Pope de la restauración vasca, me contaba en confidencia hace unos meses, que todas las semanas pasaban por su local colegas ofreciéndole a precios de ganga sus negocios.

Es un momento de cambio de modelo. Posiblemente la restauración que conozcamos dentro de unos años no tendrá nada que ver con la actual. Se acabarán, presumo, los oropeles y las tonterías. Se recuperará el producto, lo cercano y, ojalá, vuelva la cortesía y la atención cercana y dedicada al cliente. Ni los negocios ni los clientes volveremos a  ser iguales.

Y tras este largo rodeo, diré que en  Borne, un local encantador sito, en la para mi muy apreciada Bilbao La Vieja, estuvimos un jueves al mediodía, solos. Le pregunté a la camarera si eso era normal y me dijo que el año había comenzado con atonía entre la clientela. Es lo que ya decía; el dinero y el consumidor, ahora, tienen miedo. Probablemente si esta crónica se lee dentro de uno o dos años el escenario haya cambiado, ojalá que sea para mejor, y esta pesadilla haya acabado en un feliz despertar macroeconómico.

Hamburguesa vegetariana, nada que ver con Ronald mcDonald

Hamburguesa vegetariana, nada que ver con Ronald mcDonald

En cuanto a la comida diremos que nos satisfizo, pero con peros. La relación calidad precio fue intachable. La atención más que correcta (vuelvo a repetir que el restaurante abrió sólo para nosotros). Peeero. Hubo platos que llegaron, como el risotto, de calor templado casi frío. Eso, en un restaurante con cientos de comandas simultáneas se puede disculpar, no en un local vacío. El arroz nos dio la impresión que se trabajó previamente con lo que el grano, pese a estaba en risotto, tenía una textura ligeramente apelmazada y el sabor reclamaba algo más que le diera ese punto que no nos acabó de llegar.

La hamburguesa vegetariana que caté, realmente buena. Sus componentes secretos, su salsa y el pan hecho a medida nos satisfizo. Sólo eché de menos un punto de más calor, que  supongo se perdió entre la preparación y el paso a mesa.

Y el postre, lo mejor. Pedimos, todos en confidencia, una pista y la camarera nos chivó que la tarta de manzana era casera. Una tarta conseguida en masa y sabor, y pese a que a mi me gusta esa tarta templada, robada del alfeizar, como si fuera Dennis the Menace, tampoco me importó comerla fría, que eso sí es lo suyo y a lo que estamos acostumbardos.

Les deseo mucha suerte a los esforzados dueños de Borne para pasar esta difícil parte de su travesía. Llevan nueve años en la brecha y les deseo nueve multiplicado por nueve más. Su negocio me mola, merecen toda la suerte, ya que  en mi ciudad no abundan precisamente los restaurantes chiquitos bonitos y casi vegetarianos. Y digo casi, porque en la carta, supongo que para encontrar más clientes, sirven también hamburguesas de las de toda la vida (para mis gusto carnívoro, mejores que las de mijo y otras verduras, muy recomendables). De las que coges una vaca, la picas, y la pones entre pan y pan. También tienen el menú clásicos populares como los filetes de carne y de pollo, con patatas.

Espero no haber abusado en esta crítica y que las sugerencias hayan sido constructivas. Suerte, nos vemos.

Dicky, in his his mad youth, took a walk on the wild side; nowadays, he’s a peacekeeper

Borne

General castillo 3

48003 Bilbao

Tfno. 679 62 37 41

4 Comentarios

  1. Gaztela /

    Pues se podían esforzar más con el menu, y los alimentos que utilizan para cocinarlo, porque la pasta que me comí de primer plato era algo muy simple, que se parece a lo que yo me cocino cuando estoy de resaca,
    Y la lasaña de segundo, por favor, estaba recalentada!!!! Parte de la lasaña aún guardaba el frio de la nevera y otra parte estaba caliente. El tomate de tetra brick que le habían echado por encima sin comentarios ….
    Y la tarta de manzana, por favor, fria de congelador …
    Vamos, que una sablada de 11 euros por comer mal, muy mal …

  2. I was there. Diré que no era el más guapo de la mesa, pero seguramente sí el más rocker. Y que mi plato de pasta, fusilli con salsa al curry, bien podría haberlo cocinado mi hija de siete años. No tenía nada de chispa. Ni ingenio.
    Algo mejor estaba el quiche de puerro y, realmente, no me convenció la tarta. Para qué negarlo.
    Eso sí, la compañía excelente. Keep on rockin’.

  3. Ay, lo que me he reído con la primera parte del post. Menos mal que estoy sola en el despacho, que sino mis compañeros me (vuelven) a llamar loca.

    No conozco este local, pero oye, es cuestion de que se pongan las pilas con esos pequeños detalles, y seguro que poco a poco empieza a ir más clientela.

    UN besazo!

    B.

    • Me alegro que te divierta. Coincido contigo my dear. La atención personalizada y la profesionalidad tienen que ser recompensada, al menos eso me dijeron que pasaba. Y no hay que desanimarse, siempre que llovió luego escampó.

      abrazo fuerte tipo teletubbie morado

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