Marea Alta (Santander). En pleno Sardinero

Abr 11, 14 Marea Alta (Santander). En pleno Sardinero

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Mi hermano brother Igor rechaza los cupones de descuento gastronómico de modo sistemático y categórico. No lo critico y le concedo parte de razón, pero a veces brotan buenas ofertas. Por ejemplo, una que disfruté con el empático Pato en el restaurante Jolastoky de Neguri, que tengo pendiente de contar. Por el contrario, también puedo contar que yo he consumido numerosos cupones de chuletones de un kilo que pesarían en realidad 600 gramos, hueso incluido. El caso es que hoy voy a evocar un cupón que no resultó ni propaganda engañosa ni timo descarado. Lo ofertó en Colectivia el restaurante Marea Alta, el del Hotel Silken Rio de Santander, el pegado a la playa de El Sardinero, cercano al Casino y tal, en una zona de ambiente paseante.

Había querido comer ahí desde que un día, paseando, of course, me fijé en su carta expuesta en la fachada y me dije que me lo podía permitir. Varias veces intenté invitar a mi esposa, pero siempre lo rechazaba. No obstante, confiado compré este cupón, con el que me ahorré unos eurillos, y lo consumí con ella sin que trascurriera mucho tiempo. La oferta prometía un “menú de temporada con postre, bebida y café incluido en el Restaurante Marea Alta por solo 29 € en lugar de 50 €”. Bien. Me lo creí y salivé anticipadamente y no me quedé decepcionado al salir. Sólo pondría una pega: la rapidez en el cambio de servicio, que en alguno de los platos fue de una velocidad pareja a la de los restoranes de menú en carretera. ¿Se debería a que reservamos mesa a las tres? No era tan tarde, ¿verdad?

Comedor de Marea Alta (foto: Silken Rio)

Comedor de Marea Alta (foto: Silken Rio)

Reservamos con hora y media de antelación, no con las 24 horas que reclama la norma habitual de estos cupones. Otro mérito del restaurante: poder atendernos in extremis… ¡un sábado! Cuando llegamos, vimos que el comedor del Marea Alta estaba casi lleno: algunas parejas, familias enteras burguesas, matrimonios vascos con niños quejicas… El comedor es muy acogedor: cristaleras amplias, metales pulidos, moqueta en tono gris, el blanco de los manteles… Las vistas reconfortantes al exterior surcan por encima la carretera que separa el hotel del paseo playero, pues la sala se halla en una entreplanta.

El caso es que entramos ese sábado a las tres, nos acomodaron en una buena mesa y almorzamos con sumo placer. También por parte de mi mujer, que suele poner pegas a todo y no le atraen los menús degustación, aunque éste lo disfrutó. Bebimos agua y un rioja estupendo y muy fresco (no por la temperatura, ¿eh?) de Entrena, Finca Los Arandinos, 2010, 14º, potente, aroma a frutos rojos, entrada astringente, largo posgusto y color oscuro. Estupendo, insisto. Y lo que sigue probamos mientras sonaba piano jazz (creo que la misma ‘cinta’, que se repitió en bucle):

Arroz cremoso de setas (foto: Silken Rio)

Arroz cremoso de setas (foto: Silken Rio)

0.- Cóctel de cava. De aperitivo sin anunciar, un zumito de naranja, como quien dice. Dulce. Sorbí los dos chupitos porque mi esposa rechazó el suyo.

1.- Láminas tibias de bacalao sobre brotes de la huerta, crema ligera de anchoas y langostino emparrillado. Una ensalada con pimientos asados genuinos, bacalao intenso más una finísima salsa de reminiscencias al allioli. El vino creció y ahora que lo pienso no recuerdo nada del langostino.

2.- Arroz cremoso de setas de temporada y nueces. Aroma hondo en la lejanía, textura cremosa según el conocimiento de mi esposa debido a la nata, hongos profundos hasta de espíritu y nuez integrada. «Ya se ve que estaba malo», comentó el maître al retirar los platos sin ningún resto. El vino seguía entrando bien.

Merluza sobre trigueros (foto: Silken Rio)

Merluza sobre trigueros (foto: Silken Rio)

3.- Merluza de anzuelo emparrillada sobre espárragos trigueros y salsa verde con berberechos. Muy rica, pero disimulada por las salsas. El agrio sabor de los trigueros recomendaba embocarlos por separado. Había tantos espárragos verdes bajo la blanca merluza que asemejaban una almadía. La piel del pescado sí la mezclé con los trigueros, y mejor estaban. Disfruté hasta los berberechos y todo muy rico, siento repetirme. Unté el pan, del que teníamos para elegir chapata, integral, de pasas y de olivas.

4.- Medallón de solomillo de vacuno relleno de foie sobre crema de patata. La carne estaba de cortar. Sápida, sí. Bien hecha: crujiente y salada por fuera, por dentro cruda. Muy bien combinada. Susana, como rechaza el foie, pidió la carne a secas, sin adornos, y muy hecha, y le gustó.

5.- Selección de postres. Helado de chocolate blanco (genial, con sus contrastes), mus de chocolate, hojaldre de chocolate (riquísimo, como una galleta Nebi deluxe)… Ya casi no podíamos con él. Dejamos un poquito de alguno de los tipos.

7.- Café: Ricos los dos que tomamos.

Seguro que vuelvo. Si repito sin cupón, sé que ofrecen un par de menús, denominados Bistró, por 19 y 24 euros, con IVA pero sin bodega. Pintan bien, pues se puede elegir (entrada, principal y postre) los platos de la larga carta. Y veo en su web que se pueden pedir vinos por copas, o sea, que muy competitivo todo.

(suele pasear y potear por el Sardinero, Óscar Cubillo)

web de Marea Alta

ver ubicación

Avenida de la Victoria, 153; 39005 Santander (Cantabria)

942 27 43 00

Elegante reservado, con cúpula, de Marea Alta (foto: Silken Rio)

Elegante reservado, con cúpula, de Marea Alta (foto: Silken Rio)

Fachada del hotel Silken Rio, que alberga el restaurante Marea Alta (foto: Silken Rio)

Fachada del hotel Silken Rio, que alberga el restaurante Marea Alta (foto: Silken Rio)

DCF compatable JPEG ImgÓSCAR CUBILLO

Otro más de los licenciados en Ciencias Económicas que pueblan la nómina colaboradora de esta web. Cuando le da por ser comunicativo, manifiesta que publicó el mejor fanzine de rockabilly de España (el Good Rockin’, allá por los 80) y la mejor revista de blues de la Europa Continental (llamada ‘ritmo y blues’, editada de 1995 al 2000). Actualmente junta letras por dinero en el periódico El Correo, por comida en El Diario Vasco, por ego en Lo Que Coma Don Manuel y por contumacia en su propio blog, bautizado Bilbao en Vivo y tratante, sobre todo, de conciertos en el Gran Bilbao, ese núcleo poblacional del que espera emigrar cuanto antes. Nunca ha hablado mucho. Hoy día, ni escucha. Hace años que ni lee. Pero de siempre lo que más le ha gustado es comer. Comer más que beber. Y también le agrada ir al cine porque piensa que ahí no hace nada y se está fresquito.

1 Comentario

  1. Tiene buena pinta…y un paseo por el sardinero no hay igual en el mundo entero…que dice la canción

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