Casa Pili (Castro Urdiales). Hace falta un milagro

Feb 03, 17 Casa Pili (Castro Urdiales). Hace falta un milagro

Jamás hubiera entrado en Casa Pili. No puedes juzgar un libro sólo por su portada, lo sé, y me consta que hay tascas capaces de sorprender, lugares donde es posible levitar unos centímetros con alguna de sus propuestas, pese a su disuasorio aspecto abandonado. Sin embargo, en otros es tan franca esta cutrez que sabes de antemano que allí no habrá nada que rascar. El caso que nos ocupa pertenece a este segundo grupo, así que siempre hubiera pasado de largo, aunque necesitara acudir a un WC o estuviera al borde de la inanición. Trataría de resistir. ¿Por qué traspasé su umbral, entonces? Porque quise comprobar qué resultado había dado el paso de Alberto Chicote por los dominios de Pili, allá por julio de 2016.

Chicote en Casa Pili

La primera huella es evidente, pues el negocio luce ahora una fachada chillona cual chaquetilla del chef madrileño, pero de manifiesto aspecto low cost acrecentado por el desinterés de la gerencia, que tapa de mala manera el diseño de Piñero, empresa especializada en bares temáticos, con folios que recogen su oferta actual. Te reciben con colores rojo y blanco, un marco visualmente estridente que lleva a considerar que antes estaba mucho mejor integrado en el entorno. Ya dentro, la cosa no mejora mucho y la zona de barra está presidida por dos ilustraciones alusivas al despiece de la vaca y al del cerdo, y dos leyendas: “La vaca grande y el caballo que ande”; “Del cerdo hasta los andares”.

Fachada y más detalles de la remozada Casa Pili (fotos: Cuchillo)

Fachada y más detalles de la remozada Casa Pili (fotos: Cuchillo)

Casa Pili anuncia “tapas con corazón”, caracoles en salsa, botillo del Bierzo, callos caseros, oreja de cerdo adobada a la plancha, manitas de cordero en salsa vizcaína, mollejas de cordero al ajillo… Sin embargo, me acomodé cerca de una estantería de Ikea con servilletas, platos, cajas, palillos y sal, y decidí probar su menú del día (12 euros), que es lo más normal durante un almuerzo entresemana. Esa jornada había garbanzos con callos, espaguetis carbonara, menestra de verdura, arroz con mejillones, ensaladilla rusa, entrecot, chuleta de ternera a la plancha, hamburguesa con patatas, chuletillas de cordero, pimientos rellenos de bacalao, flan, tarta de queso con arándanos, fruta. ¿Mi elección? Garbanzos, chuletillas y flan.

Llegó el primer plato con caldo poco ligado, demasiado líquido para mi gusto, y generosos trozos de casquería, y su ingesta discurría sin emoción alguna hasta que una cucharada me clavó en la garganta un sabor como a detergente. Algo así, puntual y desagradable. Quise pensar que el subconsciente me jugó una mala pasada, tras repasar los dislates contemplados en el programa televisivo (‘Pesadilla en la cocina’); quizá fuera eso. Casi estaba convencido de ello cuando otro bocado me raspó la lengua como si fuera morro peludo de cerdo. Tal vez lo mezclen con el estómago, quién sabe.

Chuletillas de cordero en el menú de Casa Pili (fotos: Cuchillo)

Chuletillas de cordero en el menú de Casa Pili (fotos: Cuchillo)

La televisión estaba puesta y, tras el noticiario, pude contemplar a la Pedroche luciendo generoso escote en el plató de Zapeando. Más apetecible que la media docena de chuletillas que arrimó el camarero, muy oscuras, muy hechas, muy poco nobles. Alguna sin más, otras correosas, con grasa y también las había con ternilla. Sed asegurada pese a la botella de Legítimo, joven cariñena. Nada que pudiera remediar un flan más industrial que todo Manchester. ¿Tanto cuesta preparar uno casero? No. Pagué y marché con idea de no regresar.

Pesadilla en la cocina en Castro Urdiales

Sabiendo que Pili hace cuentas y dice llevar “17 años aquí, luchando y trabajando”, y que el programa es lo que le dio “fuerza para seguir”, entiendo que lo único capaz de levantar ahora el espíritu y la calidad de Casa Pili sería el paso de otro programa y otro cocinero, de alguien especializado en reflotar bares y restaurantes por los que previamente ya ha pasado Chicote. Haría falta otro francotirador bien adiestrado. Qué coño, un milagro, se necesitaría una intervención sobrenatural de origen divino para alcanzar tan elevado fin.

(Igor Cubillo)

facebook de Casa Pili

ver ubicación

Ardigales, 21; Castro Urdiales (Cantabria)

Alberto y Pili, Pili y Alberto, en Casa Pili (foto: FB de Casa Pili)

Alberto y Pili, Pili y Alberto, en Casa Pili (foto: facebook de Casa Pili)

Garbanzos con callos, en Casa Pili (foto: Cuchillo)

Garbanzos con callos, en Casa Pili (foto: Cuchillo)

El flan. Se acabó la experiencia en Casa Pili (foto: Cuchillo)

El flan. Se acabó la experiencia en Casa Pili (foto: Cuchillo)

IGOR CUBILLO

Periodista especializado en música, ocio y cultura, incluida la gastronomía. Economista. Equilibrista (aunque siempre quiso ser domador). En el medio de la vía, en el medio de la vida, si hay suerte, tal vez. Hace las cosas innecesariamente bien y, puestos a hablar, colabora con Radio Euskadi (‘La Ruta Slow’), dirige Lo Que Coma Don Manuel, aún escribe de música en Kmon y de comida en Gastronosfera y Ondojan, y la buena gente de eldiario.es cuenta con sus textos coquinarios en distintas ediciones.

Vagabundo con cartel, ha pasado la mayor parte de su existencia en el suroeste de Londres, donde hace más de 20 años empezó a teclear, en una Olivetti Studio 54 azul, artículos para El País, Ruta 66, Efe Eme, Ritmo & Blues, Harlem R&R ‘Zine, Bilbao Eskultural, Getxo A Mano (GEYC), Den Dena Magazine, euskadinet, ApuestasFree y alguna otra trinchera.

Como los Gallo Corneja, es de una familia con fundamento que no perdonaría la cena aunque sonaran las trompetas del juicio final, si es que no han sonado ya.

Ah, tiene perfil en Facebook y en Twitter (@igorcubillo), pero no hace #FollowBack ni #FF. Se le resisten ciertas palabras y acciones con efe. Él sabrá por qué…

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