Recuperemos la escala humana de los congresos de gastronomía

May 25, 22 Recuperemos la escala humana de los congresos de gastronomía

Venta Moncalvillo, orgullo de Daroca de Rioja (La Rioja), acogió el lunes la segunda edición de Cocinas de Pueblo, encuentro pionero de las cocinas rurales impulsado por los hermanos Carlos e Ignacio Echapresto. Ellos son los principales responsables del restaurante y de una cita con sabrosas sabrosas certezas, independientemente de su mayor o menor carácter novedoso. Todas brotaron durante una jornada en la que tomaron la palabra una quincena de cocineros y productores de distintas procedencias cuyos testimonios vinieron a ratificar la interdependencia existente entre todos ellos. Es bien sabido, prácticamente una perogrullada, lo necesario que es el esfuerzo y buen hacer de los productores, y más ahora que se guardan en el cajón los instrumentos del sueño tecnoemocional y se vuelve a hablar con entusiasmo de “cocina de producto”. Y no hay que olvidar lo importante que resulta la inquietud y las peticiones de los chefs a la hora de estimular la creatividad de quienes les proveen lo mismo de materia prima que de vajillas imposibles.

Se puso el acento en el entorno y quedó de manifiesto la necesidad de aligerar la burocracia e incluso de crear epígrafes especiales para artesanos en el régimen de autónomos, «como en Gran Bretaña». También afloró el sempiterno desencuentro con las grandes cadenas de distribución, con sus precios, sus ideales y su modus operandi. Y se afirmó que el lujo es la frescura, la inmediatez, no el caviar, el marisco ni otro manido icono. Que el campo ha desplazado al jornalero. Y que para hacer más atractiva la vida en el campo, donde hay gente muy preparada, toca romper con la imagen de Paco Martínez Soria llegando a la ciudad como un paleto con dos maletas.

¿Facturación o intercambio de conocimiento?

No obstante, la mayor conclusión extraída por mí tras asistir con satisfacción a este escaparate concebido para dar visibilidad a los profesionales que desarrollan su actividad en el ámbito rural es la conveniencia de redimensionar los congresos, de reivindicar su escala humana. Estarás cansado como yo de la sucesión de ferias y congresos mastodónticos de gastronomía donde su propia oferta se diluye por inabarcable, donde parece más importante la facturación que la exposición de contenido y el intercambio de conocimiento. Yo prefiero gozosas excepciones como Cocinas de Pueblo (y Conversaciones Heladas), donde la programación se concentra en unas pocas horas y un solo espacio, la palabra es protagonista, la interacción una constante y los propios ponentes forman parte del público, no se refugian en salas VIP ni muestran desinterés por las intervenciones de sus colegas.

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