Restaurante Kai Eder (Plentzia). No les quedan bien los postres

No sé por qué voy tanto al Kai Eder. Quizá se deba a la tranquilidad del local (sobre todo entre semana), a la amplitud de su comedor, a sus ventanales con vistas a la ría y a la playa, o a los precios de sus menús. Sí, menús, porque acabo de telefonear para preguntar si se puede comer a la carta y me han respondido que no, que sólo menú. En su web los del Kai Eder se definen «especialistas en cocina tradicional» y asegura Susana, mi esposa, la del paladar fino, que ahí hay que pedir siempre verduras y carnes, que les quedan muy bien. Así, a botepronto, yo resumiría que en el Kai Eder los primeros platos les quedan bastante bien cuando no pretenden rizar el rizo, que con las carnes se lucen (entrecotes, lengua, manitas de cerdo…), que son más irregulares con los pescados, que los postres parecen peor que hoteleros, aunque presuman de caseros (yo paso de sus tartas y pido lo básico: natillas, arroz con leche, queso…), y que los vinos los suelen servir a temperatura ambiente (¡y a menudo esperan abiertos en la mesa!). En su web venden: «Contamos con una ubicación estratégica en la localidad que le asegura una buena vista. Le garantizamos un ambiente tranquilo, una cocina diferente y deliciosa, así como una excelente relación calidad-precio». El caso es que vamos a menudo al Kai Eder. De hecho, en noviembre de 2010 ya se publicó en Don Manuel un post sobre un menú especial del local, cuyo precio se mantiene, por cierto. Y ahora ampliamos y refrescamos la impresión contando los cinco tipos de menús básicos que ofrecen. Menú del día (10 €) Antaño yo recomendaba encarecidamente este menú, porque el vino era cosechero de Rioja. Ahora te suministran un morapio en botella rellenada que se puede beber, sin más. El Kai Eder entresemana suele estar semidesierto, o sea que por diez euros no está nada mal. «Se valora la tranquilidad», opina mi esposa. Además, te...

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Asador El Abra (Portugalete). Competentes menús especiales

Uno de mis bares favoritos de Portugalete es El Abra, cercano al Puente Colgante. Ahí tomo tinto o blanco, a veces te convidan a caldito rico, y no suelo resistir la tentación de probar alguna de sus banderillas. Me siento en un taburete junto a la barra y me siento sereno. Sobre su cocina los dueños presumen de elaboración casera y tradicional y destacan los pescados. Varias veces he comido en su comedor menús cerrados y siempre he salido contento. Debuté con La Txurri el 16 de abril de 2005 (de la fecha se acuerda ella), con un menú de fin de semana muy competente al que de mi memoria borraría la escandalera, el ruido de fondo de los comensales que llenaban el refectorio. Repetí en las bodas de oro de los Zabalo, unos tíos de La Txurri (quien recuerda la fecha también: 29 de diciembre de 2009) con otro menú concertado suculento y satisfaciente, desde el jamón al solomillo, supongo. Y un día compré un cupón de descuento de Colectivia, una oferta verosímil pues ya conocía el local. Prometía una rebaja del 51 %, desde 40 aurelios hasta sólo 19,5 para cinco platos, bodega incluida. Compré sólo dos cupones, pero debería haber pillado más. Los consumí con mi amiga La Reina, a pesar del peligro de atragantarte por la risa si vas a comer con ella. Mi único temor era que las raciones fueran demasiado escuetas, pero no se cumplió. Nos trataron con deferencia y sin excesos de confianza, nos cambiaron los cubiertos en cada plato como el rigor manda, y antes de empezar aclaramos el paladar con agua y catamos el vino, de Laguardia, Rioja Alavesa, pueblo donde me iría a vivir ahora. El caldo era marca Marqués de Navarrete, cosecha 2008, y le encantó a mi acompañante: a La Reina el aroma le recordó a brandy, y a mentolado también; a mí el aroma a cuero y su sabor a cacao. Y esto degustamos: Surtido de ibéricos: Un platito aromático en la...

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