Héctor Oribe Jatetxea (Páganos). Para perderse entre viñedos

Nov 08, 12 Héctor Oribe Jatetxea (Páganos). Para perderse entre viñedos

Publicado por en Araba-Álava, Euskadi

No tenemos ni la pasta de Brad Pitt, ni los carnosos y sensuales labios de Angelina Jolie, así que pese a que nuestro plan del día era conocer las bodegas del marqués del Riscal, decidimos comer en un lugar más asequible que el restaurante que alberga el edificio de Frank Ghery. Brangelina se pueden permitir pagar 500 euros por un menú y además dejar mil de propina, pero seguro que no comieron ni la mitad de a gusto que nosotros y además pagando la centésima parte. Es que estos pop-stars no saben que lo ecosostenible es pagar justiprecios. Por eso nosotros completamos la excursión enológica-arquitectónica del día acercándonos hasta el restaurante que Héctor Oribe posee en la diminuta localidad de la Rioja Alavesa de Páganos. Allí, en un otero, con la vista a la Toscana riojana y a sus cepas teñidas del color sangre del otoño nos decidimos por su imbatible menú del día de 18 euros, vino incluido. Les aseguro que por mucho que viajen y por mucho que coman en sitios de postín será complicado que coman mejor en la relación entre calidad y precio. Allí, en ese largo comedor  con hechuras de almacén agrícola, uno se siente reconfortado y reconciliado con la hostería y la restauración. Si hay alguna vía para que este sector se salve y tenga futuro Héctor Oribe tiene las claves. Así que mucha atención a ese lugar de comidas y a su propietario. Resulta increíble, inefable, casi inaprensible,  comer por 18 euros un menú que integra entre sus delicadezas un primer plato de penca rellena de bacalao con pil-pil de boletus. Uno de los mejores pilpiles de nuestra larga experiencia en la salsa ligada, con una acelga que podría haber pasado por espárrago cojonudo, un bacalao jugoso cocinado con atención y los boletus escondidos pero presentes. Un si es no es del boleto, no se si me entiende. Diez al plato. De segundo unos chipirones encebollados diminutos en tamaño, plenos en sabores, yodados acompañados de un rebozo que, ciertamente, no llenó de alborozo. El tercero un...

leer más

Restaurante Amelibia (Laguardia). Extramuros pero imbatible

Hacía más de un año que no visitábamos mi pueblo vasco favorito: Laguardia. Aprovechamos para comer otra vez en el Amelibia, el mejor restaurante de la localidad, ajeno a manadas de turistas, y nos dio tiempo a hacer más cosas: caminamos por sus lagunas, circundamos las murallas por sus paseos detenidos en el tiempo y bajo sus arboles donde saltan las ardillas, oteamos Páganos, la Sierra Cantabria y el reflejo del hotel Marqués de Riscal en Elciego, y callejeando seguimos disfrutando y descubriendo nuevos sitios para tomar algo, caso del Hiruko (desayunos a tres euros con café, zumo natural y pinchos enormes y estupendos como los de tortilla; aperitivos con cerveza Keler y pinchitos de huevo de codorniz y anchoa; meriendas con estupendo vino de año a 60 céntimos para regar pinchos de calabacín relleno o de chorizo criollo…), el Velar (cutre y antañón, pero concurrido, con variedad de pinchos rebozados -mi favorito, el de oreja de cerdo, claro-, bastantes cazuelitas -de caracoles, de patas de cordero, de manos de cerdo…- y algunos tintos competentes), el Mahasti (ya de noche cae algún mojito bien preparado y servido; ah, aquí cuelgan un cuadro del jugador del Athletic Óscar de Marcos, nacido en Laguardia en 1989), la Hospedería de Los Parajes (es cara su barra, pero lees el periódico y estiras la estancia), o nuestro último refugio, la chocolatería Como Vino Para Chocolate, que también suministra tes, batidos, helados… ¿Vinotecas en Laguardia? Muy caras, cada vez más; yo el vino lo compro en Haro, de camino de regreso a casa. Pero enfoquemos al imbatible Amelibia, establecido en 2005. Aunque es el mejor negocio restaurador de Laguardia, como se halla extramuros, al margen del cogollito turístico-hostelero-comercial, a veces se llena y a veces está semivacío. Acuden bastantes parejas de viajeros jóvenes despistados que suelen papear a la carta y numerosos comensales habituales que se suelen decantar por un menú del día estupendo que, al loro, no anuncian nunca los del Amelibia en el menú de la entrada,...

leer más

Restaurante Héctor Oribe (Páganos). Más tradicional que actual

(+19 rating, 5 votes)Cargando... El pequeño, pijotero y recio pueblo de Páganos está cerca de Laguardia y rodeado de viñedos. Ahí se alza la bodega Torre de Oña. Sus habitantes son educados y te suelen saludar cuando te los cruzas en su ámbito. Ahí también radica el restaurante de Héctor Oribe (Vitoria, 1973), cocinero fogueado en el Ikea, el Karlos Arguiñano o el Arzak. Le conocimos al leer una recomendación suya en el suplemento GPS de El Correo alabando el cochinillo confitado de nuestro querido restaurante Amelibia de Laguardia. Acertó de pleno y se ganó nuestro respeto. Teníamos muchas ganas de ir a su restaurante, abierto en 2000. Según su escasita web, su propuesta es «una cocina actual, de temporada, pero sin dejar de lado la cocina tradicional». Una opción fácil y económica para conocerla es la de su menú degustación: cinco platos más postre, sin vino, por 35 euros más IVA. No está mal, ¿verdad? Acudí con La Txurri, que es la del coche y la del paladar y la de las pegas: ella quería comer a la carta y yo prefería el menú degustación. A la carta habríamos compartido canutillos de morcilla y quizá una ensalada de queso; de segundo ella habría comido ciervo y yo patas de cerdo; y el precio habría salido parecido. Pero la pude convencer y probamos el menú degustación en un comedor amplio (para 50 personas), luminoso, rústico pero funcional y también un tanto desvaído. Se veía ocupado casi en pleno y lo servían dos mujeres cercanas a los comensales. Una de las camareras contó a una clienta-amiga que la cosa está paradita excepto los viernes y sábados, sobre todo para las cenas, y que entre semana en el Héctor Oribe sirven un menú cerrado por 18 euros; «venid, que os va a gustar», les aseguró. Yo fui al baño para lavarme las manos y al volver a sentarme pensé que era el más guapo del local. Había otro tío guapo, pero como ése tenía pinta de...

leer más