Sidrería El Bodegón (Llanes). Una tasca casta

Imagen tomada de serdellanes.es

Imagen de la Plaza de la Magdalena tomada de serdellanes.es

Llanes mola tanto que pienso seriamente irme a vivir ahí. Le falta una playa larga y en condiciones de fácil acceso, pero todo lo demás me seduce: el paisaje verde del fondo, cierta sensación de aislamiento, los vericuetos urbanos que nunca dejan de sorprenderte, los diferentes ambientes (marinero, medieval, modernuqui… y el paseo San Pedro), los paisanos y hasta las manadas de turistas invasivas en el estío. No me hace gracia la peatonalización que resta personalidad a la villa asturiana, pero sí las nuevas vinotecas que desagradan a mi hermano Igor. Me gustan porque la oferta de líquidos se amplía y no te limitas a las sidrerías.

Para papear, en Llanes prima el menú del día, el pienso turístico. El de mejor recuerdo lo degusté un invierno, en el Hotel Sablón. La mayoría suelen ser de batalla, con vinos indignantes. Otra opción culinaria es la de las raciones de las sidrerías, siempre más caras. Raciones hemos picado en muchos locales, desde el entrañable y avejentado Matute hasta el macarril y en semisótano Galeón. Pero nuestra sidrería favorita ahora es El Bodegón, garito estrecho con dos entradas, una a la calle Mayor y otra a la plaza de la Magdalena, ésta generalmente atestada de gente contenta y con mucho visitante madrileño.

Sus camareros andan prestos, el suelo tiene serrín, las columnas son de madera y las paredes de piedra y están adornadas con yugos de bueyes y demás. En tal tasca casta hemos abrevado a menudo con sidra a raudales y reforzado el estómago con raciones diversas. En barra hemos flipado con la calidad, frescura y buena fritura de sus raciones de parrochas (sardinas pequeñas) y bocartes (anchoas; ahora las ofrecen a 7,5 en la carta), exquisitas y para chuparte los dedos pues se comen con las manos; el chorizo a la sidra también está por encima de la media de Llanes (jugoso, contundente y sabroso, a 3 euros); y el cabrales es para quitarse el sombrero (6,5).

Adolescentes nerviosas
La última vez que gozamos de la vida ahí los parroquianos eran los de siempre: parejas pijas, familias enteras (¡una italiana!), cuadrillas de señores y señoras, algún indígena observando en derredor y adolescentes nerviosas, por ejemplo. Nos sentamos por primera vez en El Bodegón (siempre hemos papeado acodados en la barra o de pie en la plaza) y nos dimos un pequeño homenaje en tres tandas regadas con solo dos botellas de sidra Cortina, de Villaviciosa, dulzona y de seis grados, 2,3 euros de nada cada una.

Empezamos con una de sus especialidadades: pixín rebozado (11 euros), o sea rape, ocho medalloncitos albardados, exquisitos, auténticos y una tanto escasos. Nos los sirvieron a la vez que la tortilla de gambas (3,6; también las hay de jamón), ésta increíblemente pimpante, exultante… Disfrutábamos ambos con los dos manjares y oíamos chillar en la barra «¡¡una de rabas!!», que es otro de los platos estrella del Bodegón (7 euros).

La segunda tanda fue más contundente: el consabido chorizo a la sidra (3, ya se ha dicho), una pieza servida en su cazuelita de barro, menos  conseguida que en ocasiones anteriores, y media ración de anchoíllas de Llanes (4 euros; la entera cuesta 8,5), cinco filetitos justitos y perjudicados por el burdo aceite y adornados con una minipilita de pimientos rojos de rechupete.

Y de postre rematamos con dos medias raciones de queso (3,5). En El Bodegón solo lo tienen de cinco tipos, a 6,5 la ración: cabrales, manchego, Peñamellera, Vidiago y fresco. Como el Vidiago ya nos lo llevábamos a casa, solicitamos Peñamellera, de vaca y curado, correcto nada más (el camarero nos lo recomendó sobre el Vidiago), y el clásico cabrales, picante, de sabor larguísimo y tan hondo que te prende la boca y se adhiere al paladar. Por las seis raciones de manduca y las dos botellinas de sidra pagué 34,4 (el pan, a 1,2) y dejé propinilla, no solo obligado porque La Txurri hubiera roto un vaso, sino porque el camarero era un profesional veinteañero empático y gordito y mal afeitado.

Me quedé con ganas de comer los chipirones pequeñuelos (7,5) y la ensalada de bogavante (9), pero habrá más días (aunque ni en jueves ni en octubre, que cierran el local). También en El Bodegón tienen pulpo a la vinagreta (11) que no me llamó la atención, pescados como xáragu, rey y bonito, y carnes para niños entre las que no contamos los callos (8).

(Siempre pide otra ración Óscar Cubillo)

ver ubicación

Calle Mayor, 14; Llanes (Asturias)
985 400 185
* Cerrado por vacaciones en octubre; por descanso los jueves *

6 Comentarios

  1. Me parece fátal qué e seáis peña del atlético de madrid que estemos aquí una familia de atletistas y se televise un partido el día 20 de agosto y nos digan en la puerta antes de abril r que si ponen el partido y entremos y nos digan que no ponen el partido es vergonzoso y indignante

  2. BELEN /

    Llevamos desde 2008 como clientes. Hemos recorrido Llanes gastronómico a conciencia, y para nosotros es el mejor, seguido de la Casona. Buen producto, el servicio amable y rápido aunque esté hasta la bandera. En esa terraza he vivido noches mágicas y momento muy agradables a la hora aperitivo comida. Siempre vuelvo contenta a LLanes, porque volver al Bodegón es un placer.

  3. Flames /

    Te he enlazado en mi blog porque quería poner algo de el Bodegón.

    http://johnflamesdrawings.blogspot.com.es/

    Respecto al local…. no soy neutral. Hay sitios donde te atienden en el turno en el que llegas, hay sitios donde atienden primero al último que llega, y otros…. donde ni siquiera te miran. En el Bodegón es el único sitio de el Mundo donde me atienden a la primera, nada más llegar y aunque haya gente esperando ¿No es eso el sueño de cualquiera? Pues déjenme disfrutar de el único sitio donde me pasa. A lo mejor el truco es ser del Atlético de Madrid.

  4. Lorenzo /

    Debió estar bien.
    A juzgar por la cantidad de lugareños y forasteros que comparten sus abarrotadas mesas en el mes de julio. Pero tengo la impresión de que el lugar ha muerto de éxito.
    La materia prima de calidad y bien cocinada pero las raciones escasas. 10 boqueroncitos fritos (7,5), media tabla de quesos (8€), 8 medallones de rape (11€) y un plato con cecina ahumada (muy rica) a 7 euros la ración. El postre una tarta de manzana y almendra y un milhojas (muy ricos (los dos 7€) una de sidra y dos cafés (50€).
    La sensación al irse es triste, porque el camarero no hizo ni amago de tirarnos un culín, porque parecían querer despacharnos rápido para que llegaran los siguientes, porque hay demasiado bullicio, porque me fastidia, por hablar bien, que me cobren por cuatro mendrugos de pan el precio de dos barras (1,5 €) y sobretodo porque si algo me molesta es que en la facturita te claven cosas que no has pedido, en este caso una de sidra Cortina (2,3€). Como tengo más educación que ellos se cobraron de ahí la propina.
    Como no se reservan mesas fueras la jauría molesta: aún no había venido el postre y ya tenía una parejita inquieta mirando la mesa con ojos de buitre.. y al hacer amago de levantarnos se quedaron otras dos peleando por el sitio. Conclusión en El Bodegón no me ven más, al menos en verano, en el Almacén ya repetimos ayer.

    • maría /

      Ayer mismo cené con un grupo de amigos en El Bodegón. Y bueno….es la primera vez en mi vida que me siento super engañada..tanto es así que también fue la primera vez en mi vida que pedí las hojas de reclamaciones en un local.
      Es un local de picoteo, y pedimos cuatro cosas, tabla de quesos, antxoas de Llanes, ensalada de bogavante y tortilla de jamón.
      Empezamos mal, primero sacan la tortilla, es decir, lo caliente, pero bueno,…nuestra sorpresa mayúscula fue cuando sacaron la ensalada de bogavante: no era bogavante, sino sucedaneo de cangrejo, chaka, con un poco de ensalada, cebolleta y salsa rosa…..terrible. La ensalada no estaba mala, pero claro, no es lo que nos esperabamos, y mucho menos lo que habíamos pedido. La explicación del encargado fue que mezclan el bogavante con la chaka, y mira que casualidad que en nuestra ensalada no había ni una mínima partícula de bogavante. No hay derecho. Además la queja no la gestionaron nada bien los empleados ni el encargado. Basta ya de locales que se aprovechan de los turistas, no es nada profesional.
      Yo soy cocinera,,, y jamás he engañado a nadie. No pongo jamón ibérico en una carta si es de recebo,… ni queso parmesano si es grana padano, por muy bueno que sea. A cada cosa por su nombre,y un poco de profesionalidad y buen hacer…y sobre todo honestidad.

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