Casa Poli (Puertas de Vidiago). ¡Esta casa es una cuadra!

Jun 20, 13 Casa Poli (Puertas de Vidiago). ¡Esta casa es una cuadra!

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Así luce el patio de Casa Poli (foto: Susana)

Así luce el patio de Casa Poli (foto: Susana)

Cuando se publicó el molón post de la sidrería El Bodegón, esa tan exitosa y populosa de Llanes, recibí un mail del amigo Jonbi recomendando: «Si estás por ahí no dudes en ir a Puertas de Vidiago, pegando a Llanes, a cuatro kilómetros, y comer en Casa Poli». En cuanto lo recordé le hice caso, claro, y visitamos Casa Poli a la ida y a la vuelta de nuestra última incursión llanisca. Cuando se c oncluya ese tramo de autovía no sabemos qué sucederá con la empresa restauradora, pues ahora está pegada a la carretera general, de obligado tránsito, tras un paso a nivel y en el centro del pueblo. Parece que todo el pueblo le pertenece, con su parking privado incluido. Tiene también una página web mala. La parroquia acude al Casa Poli en procesión, más los fines de semana y no digamos cuando hace buen tiempo. El edificio es una antigua cuadra remozada y ahora acoge un bar, cuatro comedores rústicos y en verano el patio hace las veces de quinto figón. Y me gusta ir a sus ‘retretes’, pues me recuerdan a los de los bares que poblaron mi infancia rural.

La pega es que en Casa Poli no reservan. Es un negocio similar (barra, comedores, venta de productos locales) al no lejano en la distancia Casa Cofiño. Bueno, ellos no reservan y yo no dejo propina. (Al escribir estas líneas telefoneé y me dijeron que sólo reservan para la 1.30, y que entre semana no suele haber problema.) El caso es que fuimos a Casa Poli un domingo, a la ida hacia Poniente, y el encargado nos advirtió que no reservaban y que nos diéramos prisa si queríamos ver la aldea pues sólo tenía una ‘mesina’ libre para dos. Je, je… Así que nos quedamos sin rechistar y acabamos tan a gusto del ágape que decidimos repetir comida dos días después, a la vuelta hacia Levante.

Casa Poli se define como preservadora de la cocina asturiana y no lo dudamos. En la pizarra del patio ese domingo se recomendaba paletilla de cordero (16 euros), rape (a 20) y quesos locales. En el patio, además, una nota certifica que los pescados de Casa Poli se adquieren en la lonja de Llanes. Había ambiente en la cuadra ese domingo. Mucha gente joven y muchas pandillas de amigos, lo que llevó a La Txurri a aseverar: «Si vienen tantas cuadrillas de chicos es que aquí se come muy bien».Detrás de nosotros unos deportistas/motoristas comieron la encomiada fabada (8,25), la regaron con agua y no hablaron a gritos.

Detalle del comedor de Casa Poli (foto: Susana)

Detalle del comedor de Casa Poli (foto: Susana)

Nosotros el primer día, tras acomodarnos en la mesita esquinada, viendo aparadores, muros de piedra y maderas y yo moviéndome debido a la mala calidad de mi silla, pedimos a la camarera ración y media de entrantes, cazuelita de fabada (4,70) y sopa de hígado (2,70); y al cantarle los segundos, la chica de fin de semana nos respondió que no, que era demasiada comida. En fin, esto pedimos al final, pagando aparte 90 céntimos por cada servicio de pan, unas vienas muy pobres, y bebiendo cerveza sin alcohol (1,70) más un par de botellas de sidra sin etiquetar y no demasiado fresca yo (2,70). De entrantes, media ración de anchoas de Llanes (4,40), media docena con pimiento rojo potente, aceitunas negras agradecidas y anchoas de buen sabor; bonito en escabeche (7.30), un capricho mío presentado al lado de una ensalada, un taco suave y blandito seguramente de lata por la presentación circular, escudado por una generosa ración de estupendísima mahonesa casera que no unté hasta acabar para no llenar la tripa de grasa. Me fijé en que la gente venía en grupos y pedía patatas al alioli o bravas (3,25 cada una), calamares fritos (7,90) jamón serrano (5,15; lo hay ibérico a 15,40) y raciones similares económicas para compartir.

De segundo yo comí merluza la sidra (15,20 euros), una cazuela de barro que llegó muy caliente, una merluza sabrosa aunque un tanto sosa en dos piezas hundidas en una piscina donde había langostinos buenísimos al ajillo, huevo cocido… Un festín donde unté más pan. Susana pidió escalopines al cabrales (9,90), ricos y tan ricos que se me tiró todo el viaje evocándolos e insistiendo que hacía tiempo que no comía tan a gusto. Con el postre ya comprobamos que el comedor se había llenado por segunda vez y acertamos al solicitar sólo media ración de quesos de la zona (7,40; la tabla entera cuesta 11,40), media docena de tipos, con cabrales (fino, untuoso, picantín), porrua (riquísimo, cremoso), ahumado de Liébana (aromático, terroso), cabra (sabroso), peñamellera (incisivo) y de Pría (adusto). Por esto, más un café para la conductora (a 1,20; «este café solo sabe a leche», objetó), pagué 54,30. Salimos, vimos el pueblín, con un hotelito y todo, y seguimos carretera adelante.

Casa Poli es un clásico de la zona. En este blog hay otra visión sobre este restaurante, escrita por otro de nuestros comentaristas habituales, Dicky. Casa Poli no entró en el celebrado post sobre los diez restaurantes imperdibles del Oriente Asturiano pero no fue por falta de méritos sino por falta de sitio.

Dos días después, el martes, de camino a Levante, a Suances (¡viva!), paramos de nuevo en Casa Poli. Nos reconoció el distante encargado (nos gusta que no se tomen confianzas) y sabedores de que en Casa Poli no ponen menú del día (ni falta que hace, con sus platos combinados con un par de huevos, patatas cojonudas y un tercer complemento contundente carnívoro), almorzamos más de baratillo, pero es que La Txurri no quiso que pidiera ni gambas a la plancha (10,40), ni gambas al ajillo (10,40), ni croquetas que tanto le gustan (de cabrales o de jamón, a 5,40 la ración), ni pulpo a la gallega (11,70), ni, por supuesto, embutidos (una tabla a 10,20, media a 6,80). Aparte, yo me quedé con ganas de zampar pollo guisado como el de unos caballeros sentados a la entrada; «lo han reservado», informó la camarera. Tras acomodarnos en un comedor menos poblado que la vez anterior (el único que estaba abierto entresemana y que se llenó con parejas de novios o de amigos, cuadrillas de amigos y familias no tan amistosas entre sí), tras yo localizar al tercer intento una silla equilibrada que no se moviera (con lo gordo que estoy igual mi peso la quiebra y me desnuco, qué tragedia, qué papelón, qué muerte ridícula que dirían Def Con Dos), pues pedimos lo que sigue en una elección personal francamente mejorable, pero también satisfactoria. Abrimos boca con una ración de boquerones en escabeche (6,50), a los que nunca dice no mi esposa, y estos nos gustaron mucho y se trataba de una decena (de diez) bien escabechados, alegres y sabrosos; más un chorizo a la sidra (2,50; si van a Casa Poli, no se lo pierdan), una pieza en cazuela, de gran tamaño, aromática («jo, qué bien huele», dijo ella al trocearlo yo) y sápida (coincidimos en que estaba muy bueno). Esto lo tragamos con cerveza sin alcohol para ella, pues es la que me conduce, y yo con la consabida sidra sin etiquetar, también un par de grados más caliente de lo que debería.

Combinación de Casa Poli (foto: Susana)

Combinación de Casa Poli (foto: Susana)

De segundo yo pedí callos de la casa (7,60), aparentes, muy líquidos por su salsa (tanto, que por primera vez en mi vida los comí con cuchara), en trocitos enanos, bastante picantes, con demasiado chorizo que aportaba un picor acaramelado. Un plato no vulgar, pero sin personalidad, que no me mató aunque congestionó mi rostro según la ingestión. Unté mucho pan, que ese martes estaba mejor que la viena del domingo. Tendría que haber pedido bacalao (16,50) o solomillo (17,50), pues si se come carne en esta sidrería tienen una carta de vinos curiosa. Susana pidió huevos con patatas y lomo, y eso fue una bendición. Aprovecho para pegar esta cita de Nacho Goberna, ex 21 Japonesas La Dama Se Esconde, refiriéndose él a algún disco, supongo: «Un huracán de sensaciones, movimientos sísmicos en toda mi arquitectura emocional que me ha hecho tambalearme en cada una de las cuatro direcciones, y mucho más que no sé explicar». Pues eso: las patatas eran caseras, de verdad, gozosas, ideales más que geniales, los dos huevos estaban bien fritos y el lomo llegó en tres rodajas gruesas y plancheadas. Yo comí un poco al final y sostiene Susana que se me cambió la cara y expresó una felicidad que no mostré con los callos malayos.

La comida no estuvo mal, pero la rematamos eligiendo mal el postre. Como yo no quería pedir otra botella de sidra (si vale 2,70 y no la acabo, pues la dejo ahí, que yo soy de Bilbao, no como la mayoría de los que presumen de ello), no pedí repetir queso a modo de postre (hay varias variedades regionales, a 4,90 cada ración, me parece recordar, que es lo que tenía que haber solicitado), así que me decanté por un helado casero de fresa (3,20), un copón enorme con varias bolas, demasiado congelado y más domesticado que casero, y que me hartó al final. Pero bueno, que me sirva de lección: en el Casa Poli hay que pedir quesos con sidra siempre de postre. Por esta segunda sentada aboné 32,90, parecido a un menú del día pero con más libertad, y seguimos el camino sabiendo que volveremos, esté o no esté acabada la autovía.

(economiza zampando con sidra, Óscar Cubillo)

No debes perderte por la zona:

– El ídolo de Peña Tu, un dibujo neolítico con bellas vistas a la Sierra Plana de la Borbolla.

– Los bufones de Vidiago.

– El nacimiento del Río Purón.

– El valle Oscuru.

web de Casa Poli

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C/ Puertas, s/n; 33597 Puertas de Vidiago (Asturias)
985 41 12 17

cierra miércoles noche

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Otro más de los licenciados en Ciencias Económicas que pueblan la nómina colaboradora de esta web. Cuando le da por ser comunicativo, manifiesta que publicó el mejor fanzine de rockabilly de España (el Good Rockin’, allá por los 80) y la mejor revista de blues de la Europa Continental (llamada ‘ritmo y blues’, editada de 1995 al 2000). Actualmente junta letras por dinero en el periódico El Correo, por comida en El Diario Vasco, por ego en Lo Que Coma Don Manuel y por contumacia en su propio blog, bautizado Bilbao en Vivo y tratante, sobre todo, de conciertos en el Gran Bilbao, ese núcleo poblacional del que espera emigrar cuanto antes. Nunca ha hablado mucho. Hoy día, ni escucha. Hace años que ni lee. Pero de siempre lo que más le ha gustado es comer. Comer más que beber. Y también le agrada ir al cine porque piensa que ahí no hace nada y se está fresquito.

3 Comentarios

  1. Gracias por tu bienvenida y rápida rectificación, Víctor. Ha sido un lapsus mío. En realidad es un error recurrente de mi subconsciente, quizá debido a que 21 Japonesas y La Dama Se Esconde eran grupos modernos donostiarras. No obstante, tengo bastante escuchada a La Dama y apenas a las niponas. Y además Nacho Goberna me suele mandar mails profesionales con sus últimas andanzas en la música. Probablemente me vuelva a suceder el mismo error/lapsus, y espero que sea corregido al menos así de rápido. Gracias otra vez.

  2. Víctor /

    Perdona por la rectificación pero creo que Nacho Goberna no era de 21Japonesas sino de La dama se esconde. Si estoy equivocado disculpa. A parte de esto felicidades por el blog que es una auténtica delicia.

  3. Mikel /

    Uno de mis favoritos of all times en los paseos hacia los barrios situados al poniente de Bilbao. No se le puede pedir mucho más por lo que cuesta y por lo curioso del sitio.

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