Restaurante Amelibia (Laguardia): ¿Un menú demasiado bueno?

Jun 06, 13 Restaurante Amelibia (Laguardia): ¿Un menú demasiado bueno?
Menestra de verdura (foto: O.C.E.)

Menestra de verdura (foto: O.C.E.)

Soy (somos) fans del restaurante Amelibia, sito extramuros de Laguardia, nuestro pueblo vasco favorito, cada día con más diferencia. Nos agrada el Amelibia por su amable servicio, por la claridad y serenidad que se respira en su comedor, por sus vistas, por sus mesas separadas, por su clientela fiel y desapercibida, por su comida, por su bodega, por su modernidad… Por su atmósfera más que ambiente. La última vez que pernoctamos en Laguardia yo deseé comer su menú del día tres jornadas seguidas, propuesta a la que mi esposa no se avino, aún ignoro el porqué. El caso es que ahí almorzamos sólo dos días y los dos ambos la gozamos (ella también). Y reflexiono ahora: ¿no es tan bueno, tan competente, el menú del Amelibia que los clientes se saben satisfechos por anticipado y debido a ello no contemplan probar el menú degustación (mi esposa me ha rechazado esta invitación siempre; son seis platos, tres entrantes, pescado, carne y postre, sin bodega) ni comer a la carta (recuerdo que el mejor cochinillo que he masticado en mi vida fue ahí, y espero repetir pronto)?

Esos dos días también la gocé. Disfruté de dos modos distintos, sin cansarme. La sucesión de los almuerzos no hizo decrecer el disfrute (la utilidad, dicho sea en términos económicos). El vino ambos días estuvo muy bien y fueron distintos cosecheros carbónicos de la zona, Rioja Alavesa, presentes en la carta porque, como informó a unos clientes Alejandra, la afable y paciente jefa de sala, al Amelibia van a comer frecuentemente numerosos bodegueros y hay que incluirlos en la carta. Sí, ahí acaban desde turistas fugaces (¡japoneses esa vez!) hasta negociantes, comerciales y empresarios locales y comarcales que paran a disfrutar de la gastronomía del Amelibia más que a nutrirse para poder completar la jornada laboral. Yo soy fan de Laguardia y devoto del Amelibia, no me importa airearlo. No en vano, es el tercer post que complacido firmo sobre este restaurante.

Pollo guisado (f: O.C.E)

Pollo guisado (f: O.C.E)

Mientras miro las fotos y escribo éstas líneas, salivo como un lobo. El menú del día, que sólo se sirve entresemana por 16,50 euros, no se destaca en la puerta del Amelibia. Te lo cantan dentro. Cuando arribamos, un miércoles, a La Txurri no le convenció. Vaya. De primero recuerdo que había caparrones y sopa de pescado (slurp), y de segundo secreto, presa, huevos al horno con patata panadera y pimientos, merluza, pimientos rellenos… No pudo ser… El segundo día, jueves, había lentejas, ensalada de cecina y queso, sopa de garbanzos, sopa de algas me parece recordar, spaghetti carbonara con pasta fresca que comió ella y lo calificó de genuino pero sosito (todo el mundo cocina soso hoy día), y yo escalibada de verduras, al horno y gratinadas, con calabacín, berenjena y rodajas de embutido casero tipo cabeza de jabalí supersápida. Mucha clase. De segundo proponían calamares en su tinta (buena pinta tenían), secreto, pimientos y lo nuestro: La Txurri disfrutó de un cabracho frito y exquisito, sápido, enorme y crujiente, con sus verduritas y todo, y yo de una ración satisfaciente de pollo de corral guisado, exquisito también, compuesta por tres trozos estupendos (ala, muslo y contramuslo), sanos y con sus verduritas… Grrr… Buenísimo. Todo esto lo ingerimos con agua y caldo carbónico tinto Gómez de la Serna, de Laguardia, apetecible. Ah, de postre había tarta de manzana (que tomé con un café con leche y que no pasó de correcta), fruta, cuajada, batido de fresa recomendable estando lleno y canutillos que nos ofrecieron fuera de carta ante los titubeos de mi inapetente esposa, que al final también fuera de la carta tomó fresas con nata. Por dos menús, más dos cafés, pagué 36 lereles y no dejé propina, no porque no lo merecieran sino porque no es mi costumbre.

Ensalada de cecina y queso de cabra (f: O.C.E.)

Ensalada de cecina y queso de cabra (f: O.C.E.)

Y el viernes repetimos aunque me costó convencer a la contraria (a ver cuándo viajo a Laguardia con Carlos, que no pone pegas a nada). De aperitivo nos pusieron un pincho de tortilla de patata que nos encantó (el día anterior me parece que también) y de primero ponían lentejas, cardo con piñones, o lo nuestro, ensalada de cecina y queso de cabra (la primera estupenda e incisiva, el segundo braseado y sabroso, con frutos secos, lechuga que matrimoniaba y cherry enanito cautivador; una ensalada parecida en la carta la ofrecen a 14 euros), más una menestra de verduras excelsa, de campeonato, con vainas, zanahorias, trigueros, etc. Todo de sabor superlativo. De segundo había secreto, rabo de buey (lo tenía que haber probado, pensé al acabar lo mío), pero nos decantamos por lo marino: yo calamares en su tinta en trozos pequeños, tiernos y suculentos, con buena salsa y patatas fritas en cachitos que no maridaban, y Susana su merluza al hornocon pimientos, una cola muy sabrosa, con piel y todo. De postre había requesón con fresón, potente tiramisú que probó La Txurri y la puso por las nubes, y yo canutillos rellenos de crema pastelera, especialidad de la casa, tres canutines deliciosos aunque menos que otras veces (este postre lo exponen a 6 euros en la carta). Todo estuvo regado con agua y con un agradecido Viña Diezmo MC (maceración carbónica), de Casa Primicia (¡el edificio más antiguo de Laguardia!), 13,5º. Por los dos menús pagué 33 y tan campante. No me queda sino añadir esto: ¡Viva Laguardia! ¡Viva el Amelibia!

(palía su licantropía en el Amelibia, Óscar Cubillo)

web de Amelibia

ver ubicación

Barbacana, 14; 01300 Laguardia (Araba-Álava)
945 621 207
* Cierra los martes *

3 Comentarios

  1. En todo 2014 no pude ir a Laguardia. Impaciente estoy, angustiado casi. Espero pasar en febrero. Entresemana. Para sentarme en el Amelibia. Crucemos los dedos…

  2. he comido hoy en Laguardia y cuando vuelvo a casa me habla del Amelibia una amiga… ! mierda!

  3. Haciendo escala hacia un bolo de Roy Loney en Logroño pudimos comer otra vez en el Amelibia el que suscribe y su amigo desde hace 40 años Carlos. Teníamos presupuesto alto, pero nos decantamos por el menú del día gozoso y satisfaciente sólo de imaginarlo. En el comedor claro con mesas separadas y clientela educada que habla bajo en el Amelibia esto degustamos tras sendas croquetitas de aperitivo: de primero yo menestra de verduras enorme, variada, sápida, verde, con qué vainas y alcachofas, y Carlos ensalada de cabracho con buenísimo pescado en crema, lechugas y frutas tropicales (piña, kaki, mango, bolitas de granada); de segundo él confit de pato crujiente por fuera y tierno por dentro, escoltado por papas con piel y peras, y yo albóndigas, cinco pelotas contundentes y clásicas a la jardinera. De postre, Carlos un superfresco sorbete de limón y yo un arroz con leche para llorar… de emoción. Todo regado con agua y un tinto de una bodega de Laguardia, Gómez de Segura, tan estupendo que elogió Carlos: «Es carbónico, pero sólo lo parece al olfato. Al beberlo tiene consistencia de crianza». La vida es bella.

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