No, no puedo decir que me he embarcado en el viaje antropológico por la cocina del Caribe que propone el mercado de Bazurto, en Cartagena de Indias. Por poner sólo un ejemplo. Pero, si de lo que se trata es de provocar repulsión, recuerdo una cazuela de champiñones en salsa que me sirvieron recientemente en el bar-restaurante Doctor Livingstone, en el flamante barrio donostiarra de Riberas de Loiola. Fui a parar allí al reclamo de su decoración aventurera, alabada en ciertos foros (de hecho, creo que el local se promociona como el único en Gipuzkoa con decoración colonial africana), y también porque frente a su puerta hay un parque infantil que permite dejar a las fieras a su aire.

A lo que iba: indescriptible lo que se sirvió como «txampiñones en salsa». Trocitos de hongo sumergidos en una masa viscosa y grasienta de apariencia malsana, como una mezcla de miga de pan, grasa y agua de la fregona, y ninguna virtud culinaria. Se probó y quedó en el recipiente. Carne de desagüe, de vertedero.

Tal detalle no preocupó al encargado del local, que retiró la cazuela y su contenido sin mueca de extrañeza, ni curiosidad alguna. Pasó en canoa de la clientela el cabecilla de un servicio descoordinado e irritado, en apariencia. Desbordado, quizá. A disgusto. En particular el susodicho encargado, con actitud rayana con la chulería.

Los txampis fueron quizá el mayor despropósito en una comanda que calificaría entre mala y nefasta. No volvería a comer sus patatas congeladas con una salsa de hongos que, al enfriarse, mostraba todas sus carencias; ni su hamburguesa, pues particularmente no me gustan con pan de bollo y huevo cocido (cuestión de gustos, sí); ni sus platos combinados, pues el huevo frito apenas tenía unas gotas que untar y su fondo estaba ennegrecido; ni su aparente ensalada de langostinos y txipirones, pues nuestra amable anfitriona ni siquiera se comió los cefalópodos.

Pero, ¿saben? Después de todo, eso no fue lo que más me molestó. El colmo (además de ver a 19€ las botellas de Casillero del Diablo que compro a 7€ en el súper) es que la gerencia reserva un destacado apartado de la carta a cervezas Waldhaus («naturales 100%.; sin aditivos ni conservantes, y sin pasteurizar»), que eso nos animó finalmente a ir y que deseamos ser Chicote cuando al pedir una Schwarzwald Weisse el cherif del barrio nos dijo: «de todo esto no hay nada». Menudo cachondeo.

Total, lo menos 51€ por esa ensalada, esas hamburguesas, ese plato combinado, esas patatas, ese caldo inenarrable, un pote, un agua, una Paulaner, dos cafés y un dedal de ron miel en oferta (1€, vaya precio sin competencia). Bueno, y por la experiencia narrada, claro, que no tiene precio.. Hola, buenas tardes, ¿es la Policía? Que se ponga…

(nunca probó ración peor, Cuchillo)

web de Doctor Livingstone

ver ubicación

Av. de Barcelona, 24; Donostia

943 573 158

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Periodista y gastrósofo. Heliogábalo. Economista. Equilibrista (aunque siempre quiso ser domador). Director de Suite, el único foro gastronómico sin cocineros de este país.

igorcubillo.com