El Clarete (Vitoria). Evolucionado y pegado a la tierra

Oct 07, 13 El Clarete (Vitoria). Evolucionado y pegado a la tierra

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Anchoas con pimiento, de El Clarete (foto: Cuchillo)

Anchoas con pimiento, de El Clarete (foto: Cuchillo)

El Clarete me ha conquistado, señoras y señores. Y era complicado que lo hiciera, pues siempre procuro ir a los sitios sin ideas preconcebidas, sin crearme espectativas, para ahorrarme el riesgo de no verlas satisfechas. Y en este caso el listón estaba muy alto, pues llevo más de uno, más de dos y más de tres años escuchando a Zuloko decir que es el mejor restorán de Vitoria – Gasteiz, donde se hace la ley. Pues bien, por fin acomodé mis posaderas en una de sus sillas y la sensación de placidez y satisfacción va a ser complicado describirla y transmitirla en este texto. Aunque lo intentaré.

Austera fachada de El Clarete (f: Cuchillo)

Austera fachada de El Clarete (f: Cuchillo)

De entrada, tras su austera fachada, me encontré con un espacio acogedor, grato por su sencillez, no te asalta. Elegante, sin necesidad de forrar todo en madera y cortinones. Contemporáneo, sin hacerte sentir en una especie de estación espacial. Y tranquilo, con mucho espacio entre mesas, lo que da la sensación de que ese día han abierto sólo para ti, aunque haya más comensales.

Y la bienvenida nos la dio Patxi Fernández de Retana, un profesional que merece un capítulo aparte. No obstante, me limitaré a decir que es amable, cortés y un auténtico apasionado del vino al que dio gusto escuchar cómo explicaba la historia del caldo que solicitamos, sabiendo que era de Artuke, una bodega de la cual también apreciamos su Pies negros. Admiro esa pasión por el trabajo, por el oficio, por el producto, y su capacidad y disposición a compartirla. Al escuchar su completa descripción del vino Finca de los Locos, de sus características visuales y organolépticas, y también de su etimología, parecía que uno ya saboreaba la primera copa. Un vinazo, dicho sea de paso.
Pochas, de El Clarete (foto: Cuchillo)

Pochas, de El Clarete (foto: Cuchillo)

La primera impresión fue, así, sobresaliente. Quedaba probar lo que sale de su cocina… Lo primero que hay que saber es que han retirado la carta, y ofrecen un menú degustación a 49,50 €, bodega incluida (100% garnacha, Bodegas Primicia, de Laguardia), y una fórmula más corta bautizada “A comer que son 5 días” y consistente en “un plato principal de cuchara, al estilo tradicional, con dos entrantes previos y postre”. Su precio, 22 euros, sin bodega.

Nosotros escogimos este último. Y lo primero que llegó a la mesa fue un chupito de gazpacho de melocotón. Realmente, un tercer entrante. Se ha puesto de moda servir, a modo de aperitivo, estas variantes de la ensalada líquida (de remolacha lo hemos probado en Ur-Gatza, de sandía en The Morgan Company…) y nos parece un total acierto. Es resultón, sabroso, saludable, rico… Lástima que con estas muestras siempre te quedes con ganas de más.
Peazo pan, en El Clarete (foto: Cuchillo)

Peazo pan, en El Clarete (foto: Cuchillo)

La creatividad, en cuanto a presentación y sabor, se dieron cita en una coqueta lata que contenía lomos de anchoa marinados sobre una sabrosa salsa de pimiento que rebañamos y rebañamos con el estupendo pan que, por cierto, dejaron sobre la mesa. Pan de calidad y en muuuuucha cantidad. No entiendo a los cicateros en esta materia, a aquellos que ponen dos pequeños trozos en un cestito, a la espera de facturar el consumo extra, el ‘kurrusku’ adicional que solicites.

Riquísimo estaba el pulpo con crema de patata trufada, una combinación que ya hemos visto, similares y con otras presentaciones, en lugares como The Grill House (Marbella). Aquí el cefalópodo llegó sumergido en un puré aromático (esa trufa…), bien meloso, y la combinación resultó excelente. La imagen que ilustra este texto no le hace justicia, en absoluto.
Tiramisú, en El Clarete (foto: Cuchillo)

Tiramisú, en El Clarete (foto: Cuchillo)

El plato de cuchara fue lo más flojo del menú, aunque hay que decir, en su descargo, que fue comparado con los pucheros que preparan nuestras amas en casa. Dura competencia para unas pochas viudas que llegaron en cantidad suficiente y acompañadas de cuatro guindillas bien finas. No estaban mal, no nos malinterpreten, pero este tipo de plato es parte de nuestra tradición gastronómica, en general, y también de la trayectoria vital de cada cual, en particular, de sus recuerdos y vivencias. Y así es duro acertar en pleno centro de la diana.

El postre llegó en un vasito, sobre plancha de pizarra. Fue presentado como tiramisú, pero no tenía nada que ver con el arquetipo: capas superpuestas, queso mascarpone a cascoporro, gusto a café… Lo degustado se nos antoja más próximo a la concepción original de este moderno postre italiano, que algunos ubican en los burdeles de Treviso. Para que me entiendan, sin necesidad de recurrir a peras y manzanas, como haría Any Bottle, se parecía más bien a un flan o natilla (de textura intermedia) coronado con tierra de sutil cacao. Un final ligero y adecuado, lejos de preparaciones que provocan empacho y/o aburren con su dulzor. Otro acierto.
El café solicitado se acompañó de pequeños cuadrados de bizcocho, y la sensación final fue de satisfacción plena. Yo también defiendo ahora las muchas bondades de El Clarete, y sitúo en mi top gasteiztarra su cocina evolucionada, creativa, pero pegada a la tierra con su apuesta por ingredientes familiares (en ocasiones, casi austeros) que humanizan su propuesta: anchoa, pulpo, pochas… Una gozada. Un gusto. Un placer. Complicado trasmitir las sensaciones. Ya se ha dicho.
Dicen sus responsables no tener grandes pretensiones. “Sólo queremos que los comensales disfrutéis de vuestro momento… comiendo y bebiendo. Tan sencillo. Tan difícil”. Objetivo cumplido, amigos. Tan sencillo. Tan complicado.
(gozó plenamente en El Clarete, Igor Cubillo)
Calle Cercas Bajas, 18; 01001 Vitoria-Gasteiz (Araba-Álava)
945 26 38 74

Perfil Igor CubilloIGOR CUBILLO

Periodista especializado en música, ocio y cultura. Economista. Equilibrista (aunque siempre quiso ser domador). En el medio de la vía, en el medio de la vida, si hay suerte, tal vez. Ha pasado la mayor parte de su existencia en el suroeste de Londres, donde hace más de 20 años empezó a teclear, en una Olivetti Studio 54 azul, artículos para Harlem R&R ‘Zine, Ruta 66, El País, Bilbao Eskultural, Ritmo & Blues, Getxo A Mano (GEYC), Efe Eme, Den Dena Magazine, Kmon, euskadinet y alguna otra trinchera. Prefiere los caracoles a las ostras. Qué tío. Anda que…

Ah, tiene perfil en Facebook y en Twitter (@igorcubillo), pero no hace #FollowBack ni #FF. Se le resisten ciertas palabras y acciones con efe. Él sabrá por qué…

2 Comentarios

  1. Zuloko /

    #selodije #hoyga 😉

    Y pro cierto, miren esta maravilla de vídeo que ilustra perfectamente la filosofía de El Clarete

    http://vimeo.com/54668203

  2. Que maravilla. Debemos cuidar estos grandes restaurantes, no dejar que se pierdan y además, intentar que no pierdan su esencia. Gran post!

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