[ratings]Un donut graso, con una manteca que, después de estar en el bolsillo, se empezaba a disolver y lo comes con fruición en el recreo de la escuela nacional y te raspa la garganta con su astringencia; cerdo agridulce en el primer chino que se instaló en el País Vasco, colas en la entrada, un camarero dipsómano que bebía los restos de las botellas y un dueño que decía “amigos, familia»; un perrito caliente del salchichauto, a la salida del Coliseo Albia, con mucho ketchup; un primer beso, clandestino, en un parque de Portugalete, a escondidas y caliente y húmedo, enseñándome ella porque yo no sabía, y muy raro de encontrar esa lengua y luego no parar; un bocadillo de bacon crujiente por la mañana, casi al punto de estar quemado y que haga crunch al morder; el agua fría después de entrenar; un café muy negro a la mañana en las épocas de exámenes; las chuletillas de cordero al sarmiento que eran pocas y había que chupar el hueso; la sopa de ajo de mi abuela; el pollo guisado con mucha cebolla pochada; la primera cerveza; la primera cerveza negra: el primer trago de vino peleón; el primer trago de vino bueno cuando aprendí a beberlo; el primer trago de un vino excelente y saber que, después de eso, nada te sabría igual; la tortilla de patatas poco pochada con ese lúbrico juguillo del huevo deslizándose por la boca; el sabor a picante de una alegría riojana, llorando y anestesiándote la boca; los besos en el Puerto de Plentzia de una pelirroja a la que la boca le sabía a fresa, y no exagero; los besos de una morena una noche y despertar junto a su cama, sin saber qué hacía allí, con una sensación de irrealidad; el sabor a la pérdida cuando perdí lo que más quería y lloré, amargo sabor que no pasaba y se quedaba en la garganta; el agrio sabor del vómito y la enfermedad y la medicina; una pizza en Roma; un croissant en París; una hamburguesa en Londres; una espicha con sidra bien golpeada en Asturias; el marisco  y el pulpo en Galicia; un txuletón en una sidrería de Astigarraga con varios ertzainas de paisano protegiendo, en los tiempos de plomo, a un compañero periodista amenazado de muerte, las miradas, el vacío, txotx; el mejor bonito a la parrilla en los altos de Mondragón, en un caserío donde invitaba rumbosa la Corporación a los Plumillas; la fabada y la ostra de Casa Gerardo; el bacalao al pilpil del maestro Elizegi; una costilla de cerdo ibérico con miel en la parrilla; darte la vuelta, en el coche, y la amiga de la amiga a la que ibas a dejar en casa te descubre el sabor de su boca y alguno más; ese sabor áspero del humo y toses; el sabor de la pérdida y la muerte que se te queda en la boca y nunca se va; el sabor de la victoria y el éxito, tan efímero que según lo saboreas ya se ha ido; la fruta tropical en una playa blanca, muy blanca, que casi cegaba; un roncito para que baje el calor, y funciona el remedio; el tomate orlando (dios lo bendiga); el wasabi y toses y te pica la nariz; el chile habanero; el pimentón picante; la sopa de pescado que hago yo; el helado de stracciatella en el Vaticano, ora pro nobis; el sabor de la normalidad y de la felicidad tranquila que da tenerte a mi lado, siempre.

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dicky del hoyo 2014Dicky del Hoyo Periodista, multitarea, en red desde bastante antes de Internet. Le ha dado y le sigue dando a todos los palos del periodismo: cultura, política, nuevas tecnologías, prensa, radio, televisión e Internet. Trabaja para diversos Medios y también realiza labores de asesor para empresas y entidades. Aunque es del mismo centro de Bilbao es un poco Zelig por los afectos y se mimetiza perfectamente, allá por donde va, con el paisaje y el paisanaje. Cree que a este mundo hemos venido para disfrutar y en eso se empeña, sólo o en compañía. Estar en @lqcdm y la comunicación gastronómica es sólo una excusa para pasárselo bien y dárselas de connosieur.

@zuloko en twitter

dicky@delhoyo.com . [/box]

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Periodista y gastrósofo. Heliogábalo. Economista. Equilibrista (aunque siempre quiso ser domador). Director de Suite, el único foro gastronómico sin cocineros de este país.

igorcubillo.com