El Pañol (Avilés). Aquí no hay dragones

Dic 13, 20 El Pañol (Avilés). Aquí no hay dragones

Cómo se ha devaluado el término “gastrobar”, convendrán, hoy manido y maltratado, malinterpretado. Leer la palabra en la fachada de un local de hostelería empieza a ser, de hecho, un elemento disuasorio; mucho cuidado. Aquí hay dragones, escribirían los cartógrafos del Renacimiento, acostumbrados como estaban a garabatear criaturas mitológicas subrayadas con la leyenda “Hic sunt dracones” cuando señalaban en sus mapas un espacio jamás pisado por el hombre y, por tanto, seguramente peligroso… Que lo escuché en el podcast de la Ser. Por tanto, a lo que iba, no es descartable que yo, en modo visitante solitario, presa del escepticismo, hubiera pasado de largo frente a la puerta del “gastrobar” El Pañol (Avilés). Afortunadamente me acompañaba mi anfitrión, David Fernández Prada (Gustatio), director del Famous Wine Festival, y traspasamos el referido umbral con paso decidido y dispuestos a disfrutar con el vino y el picoteo con fundamento de un establecimiento de distribución circular, complicada y estrecha en tres plantas.

Ello le da mayor sensación de recogimiento, ensalzará alguno. Más encanto, reforzará alguien más. Y seguramente no les faltará razón, lo cual sumado a las atenciones del diligente servicio predispone a disfrutar la cuidada selección de vinos y una oferta gastronómica tan sencilla como sabrosa y tentadora. Enamorado como estoy del marco de Jerez, saludé educadamente, tomé asiento, ojeé la carta, rompí el hielo con manzanilla pasada y escuché al joven encargado. “Trabajamos una dinámica de compartir, las raciones son abundantes”, advirtió el veinteañero, sobrino del jefe, Gerardo González, convaleciente ese día. Eficiente, locuaz y preparado, ofreció la posibilidad de comer pan de cristal con tomate, aceite y jamón ibérico o sardina de Avilés marinada; nos decantamos por el pescado que ensalzó justamente Julio Camba, quien invitaba a disfrutarlo con la amiga golfa y escandalosa.

Sardina de Avilés y pan de cristal en El Pañol (foto: Cuchillo)

Yo me conformé con la compañía y conversación de David y, movido por mi convicción de que uno debe beber siempre vinos de la tierra que visita, con una copa de Oro Dibias, blanco asturiano servido en cristalería mejorable (vaya, la “copa premium” que se anuncia en la web hace alusión a los combinados que sirven). “Se puede beber y muy bien”, enfatizó el camarero ante mi temor de toparme con esa vieja acidez afilada. Y prosiguió: “Se elabora fuera de la Denominación de Origen, a partir de unos viñedos de blanco verdín cerca del río Ibias que se cosechan a mano, debido a la fuerte pendiente del terreno, y a los que en época estival les pega bastante el sol, por eso conseguimos un tono más doradito y la acidez representativa de esta viticultura heroica”.

El referido blanco, parido por Viña Cuedo en la zona más soleada (y calurosa) de Asturias, fue atinada compañía para “el entrante emblemático de esta casa”, el corazón de alcachofa relleno de foie y jamón ibérico, picado y pasado por la sartén, coronado con fundente lámina de papada ibérica y confitura de manzana reineta. Y el sumiller decidió agasajarme con una copa de 42 by Eneko Atxa, el txakoli vizcaíno (como yo) nombrado mejor vino blanco internacional en un Concurso Mundial celebrado en Bruselas. Buena compañía, pardiez, para “el plato estrella” del lugar, la merluza de pincho cubierta con una mayonesa de trufa y acompañada de ricas patatas fritas que comí con ansiedad.

Merluza con mahonesa de trufa (foto: Cuchillo)

Aun oculta bajo la emulsión, levemente gratinada tras el paso por el horno, el lomo de “merlucina” conservaba felizmente el protagonismo de la preparación, que necesitaba un pelín de sal adicional. Salan “un poco” el pescado y otro “poco” la mayonesa, una suma de escaseces que esta vez no fue suficiente.

Quedaba un último pase salado, en principio caracoles “estilo un poco riojano, con tomate y su jamoncito”, pero a última hora lo cambiamos por unas correctas patas (aka manitas) de cerdo en salsa, sabiendo que harían buenas migas con el vino escogido, La Catalina 1914. El Pañol fue durante el FMF sede exclusiva de este estupendo tinto a base de garnacha negra, de elevado grado alcohólico (unos intimidantes 16 grados), tonos violetas, acidez controlada y el carácter fuerte característico del Priorat. Un capricho del cantautor Lluis Llach, en su día estandarte de la nova cançó catalana, que celebré beber y aprecié en mayor medida que los Diamond Red Blend de Francis Coppola catados escasas horas antes.

Dos de los vinos disfrutados en El Pañol (fotos: Cuchillo)

No soy yo de postres pero fui conminado a pedir la “torrija de la casa”, que “no tiene nada que ver una tradicional”, se avisó, y llega escoltada por “heladín” de vainilla de Veracruz. La torrija, de textura extravagante, sí es prescindible y no es la mejor del mundo, aunque tampoco presumen de ello.

En suma, un entrañable acierto este Pañol, aunque solo sea para zambullirse en su amplia oferta “para chatear”, una agradable sorpresa que más de uno pasará de largo, en una esquina de la Plaza del Carbayo, si no media la debida advertencia. Y qué preciosidad Avilés, cuya leyenda fabril predispone al prejuicio e impide a muchos descubrir la belleza de un pueblo sembrado de soportales (¡más de tres kilómetros!), balconadas, plazas, parques y palacios.

web de El Pañol

ver ubicación

Plaza del Carbayo, 1; 33451 Avilés (Asturias)

+34 687 545 676

La barra de El Pañol (foto: Cuchillo)
Alcachofas rellenas en El Pañol (foto: Cuchillo)
Encargado de El Pañol (foto: Cuchillo)
Manitas de cerdo en salsa, en El Pañol (Cuchillo)
Oferta de vinos en El Pañol (foto: Cuchillo)
Torrija de la casa, en El Pañol (foto: Cuchillo)
Comedor de El Pañol (foto: Cuchillo)
Cartas de El Pañol (foto: Cuchillo)
En la esquina, El Pañol (foto: Cuchillo)

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