Comer en Camden Town (Londres)

Abr 02, 14 Comer en  Camden Town (Londres)

Publicado por en Destacado, Inglaterra

Lugares para comer en el mercado de Camdem Town de Londres. Puestos de comida callejera, pubs y rutas y pistas parar descubrir el mayor mercado al aire libre de Londres.

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‘The trip’. Una película gastronómica y muy inglesa

Ene 22, 14 ‘The trip’. Una película gastronómica y muy inglesa

Publicado por en Destacado, Gastrocine, Inglaterra

(+40 rating, 8 votes) Cargando…Hacía mucho tiempo que no hacíamos un reseña de gastro-cine en esta WEG. En concreto, desde el verano pasado. Pero es que el cine gastro, o sobre la comida, o relacionado con la gastronomía, que hemos visto en los últimos meses era un paquete del tamaño de una catedral. Y uno empieza a estar un poco mayor para hablar de lo que no le gusta. En la vida, en la comida, en el cine y así, por extensión, en lo general. Así que cuando en el New York Times leímos, antes de Navidad, una reseña sobre el film “The trip“, y advertimos que la película estaba dirigida por Michael Winterbottom y protagonizada por los actores británicos Steve Coogan y Rob Brydon, se encendió nuestro deseo cinéfilo. Esperamos a que llegara en DVD a nuestro “Almazón” de Internet y nos dispusimos a su visionado. Desde su comienzo la película nos recuerda a la que protagonizara Coogan, un gran cómico casi desconocido fuera de Gran Bretaña: “Tristram Shandy: A Cock and Bull Story“. Un ejercicio de estilo chocante ya que los actores se interpretan a si mismos pero, al tiempo, sus personajes no son ellos, sino un rol de ellos. Una película dentro de una película. Un poco lío, pero en cuanto se le pilla el truco divierte por la ironía. En el film un mujeriego Coogan, actor de relativo éxito, es fichado por el diario londinense The Observer para hacer un reportaje sobre seis restaurantes ingleses. Esta es la escusa [sic] perfecta para realizar un viaje pagado con el que pretende reconciliarse con su novia norteamericana. Desgraciadamente, su novia, también actriz, tiene un compromiso inaplazable, lo que le obligará a buscar un sustituto de última hora. Su amigo lejano y cómico de segunda, y humorista imitador de voces, Rob Brydon. La película se convierte en una road movie, en la que los dos cómicos presumirán de su conocimiento enciclopédico sobre la literatura británica, interpretarán escenas épicas en las que se pelearán por...

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Restaurante Nobu (Londres). Grandes esperanzas

Circunstancias de la vida me llevaron hace un par de semanas de viaje relámpago a la lluviosa Londres. Viaje que casi se queda en intento por culpa de un ordenador de abordo que ese día no tenía muchas ganas de currar. Pero al final el pájaro despegó, hicimos aquello para lo que tuvimos que viajar hasta la ciudad del Támesis y, tras una pinta en Covent Garden, a cenar que nos fuimos. Cuando a una servidora le preguntaron si le gustaba el japonés y qué le parecía ir al Nobu, casi se le saltan las lágrimas de la emoción. ¿El Nobu? ¿En serio? ¿El de Robert de Niro? Y yo con estos pelos y este modelito tan poco trendy… ¡hay que ver! (esto no lo dije en voz alta, pero en mi cabeza yo lo oía a grito pelao). Al entrar, una señorita nos recibió como si fuéramos jeques árabes y nos llevó hasta nuestra mesa en la planta de arriba. Según subíamos por las escaleras yo aluciné con la poca luz que había (de ahí la pobre calidad de las fotos y que las haya tenido que tunear un poco) y con el ruido que metían todos los señoritos londinenses de traje, corbata y peluco que en su mayoría poblaban la sala. ¿No se supone que somos los mediterráneos los que más escándalo armamos? Será que con copas de por medio el nivel de griterío por países se iguala. Siguiente sorpresa de la noche: ¿¿¡sin mantel?? ¿Ni siquiera un triste mantelito de papel individual? Y… ¿palillos de usar y tirar, de los que tienes que romper para separarlos? Qué menos que un sitio así ofrezca palillos de los buenos (de esos que se resbalan aún más que los malos y con los que haces mucho más el ridículo) que puedas mangar para llevártelos a casa de recuerdo. Digo yo. Pedimos menús degustación para todos (cuidadín con pedir “degustation menu”, que hacemos el paleto como nosotros… se dice “set menu”) y un shiraz australiano...

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Qué llevarse a la boca mañana en Londres

Ni la romántica Venecia, ni la artística Praga, ni la señorial Lisboa. Los españoles apuestan por lo más clásico y han elegido Londres como la ciudad ideal para una escapada coincidiendo con el Día de los Enamorados. Al menos así lo muestra el portal de búsqueda de viajes www.skyscanner.es… Para comenzar el día puede hacerse un paseo junto al Támesis, o incluso en el propio río y sus canales en alguna de las embarcaciones turísticas y acercarse a algunos de los parques londinenses, como Hyde Park, o disfrutar del magnífico espectáculo de invierno en Kew Gardens. Para los que prefieran una ruta más urbana, existe la posibilidad de explorar los aspectos más llamativos y culturales de Bloomsbury o las boutiques de Covent Garden. El momento más romántico puede estar presenciando una de las mejores vistas de Londres, en el London Eye de Merlin Entertainment, que el 14 de febrero incluye champán y bombones y se puede reservar una cabina privada. O ir a la Tower Bridge Exhibition, en la que las pasarelas superiores del puente se transformarán en una plataforma panorámica para el romance el día de San Valentín. Otro punto de gran atractivo e inmejorables vistas de Londres es Altitude 360 en Millbank Tower, donde se puede reservar una comida de San Valentín adaptada al gusto, o tomar un vino y comer en Vinopolis, con una visita exclusiva de San Valentín y con actuaciones en vivo. En el Royal Observatory de Greenwich Park, el día 14 de febrero ofrecen un especial San Valentín: “Una noche con las estrellas”. El programa incluye la posibilidad de utilizar el telescopio refractor de 28 pulgadas para ver la luna, y telescopios más pequeños para observar las estrellas, y pasar un tiempo en el meridiano bajo las estrellas… además de una copa de champán para cada uno y una rosa para cada pareja. Para rematar la jornada, nada como una buena cena. Conscientes de la mala fama que suele tener la gastronomía británica, la Oficina de Turismo de Gran...

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Four Seasons (Chinatown, Londres). El pato laqueado legendario que citan todas las guías turísticas

(+5 rating, 1 votes) Cargando… Estos días los miles de millones de chinos de todo el mundo celebran el año nuevo. Para todos los que estéis por la capital del Reino Unido, puede ser una buena oportunidad para conocer el barrio chino, situado en el Soho, en el cogollo de la ciudad, detrás  de Le¡cester Square, Picadilly y el turisteo. Ésa es una zona tranquila, en principio, pero a determinadas horas puede ser un poco canalla, por lo que os recomiendo, en cualquier caso, precaución. Chinatown es una parte integral de la historia de Londres: ha sido lugar de acogida de comunidades de inmigrantes, desde hugonotes a malteses, y ahora forma el vibrante barrio chino (en el sentido de que acoge a chinos, no lo que en España se conoce como barrio chino). La creciente comunidad china propietaria de restaurantes y negocios ha estado allí desde la década de 1950. Resulta de lo más complicado elegir un restaurante chino en la calle Gerrard o alrededores. Un arco lleno de dragones marca la entrada y a partir de ahí, en 500  metros, podremos elegir entre más de 30 restaurantes. Nosotros somos asiduos al barrio y procuramos, cada vez, elegir un nuevo restaurante. Así que esta vez  nos dejamos aconsejar por residentes y nos sentamos en el Four Seasons. Nos dijeron que pidieramos dim sums y así lo hicimos. Los probamos flotantes en una sopa de mijo y tiernos en solitario. Dim Sum es un término cantonés que puede traducirse como “ordenar hasta satisfacer al corazón”, o “tocar el corazón”, o “corazón a lunares”, o “bocado”. Son unos bollitos al vapor rellenos de gran variedad de ingredientes. Suele pasar que la primera vez que se prueba una comida te deja marcado y en nuestro caso siempre recordaremos el dim sum que nos ofreció el catering del restaurante cantonés  Tse  Yang  del Hotel Villamagna de Madrid en la inauguración de la exposición ‘China 5.000 años’ en el Museo Guggenheim Bilbao. Era el 1998, un tiempo de abundancia y entonces los after de las fiestas oficiales eran puro lujo,...

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Hard Rock Cafe (Londres). Simply Irresistble

El Hard Rock Café de Londres es el primero de la cadena que lleva ese nombre. Allí comenzó todo en 1971, ya son años. Nuestra primera visita fue en el 89. Trato de acordarme y lo tengo en el lado de la memoria asimilado a la maravilla. Me imagino que para mi paupérrimo presupuesto de entonces supondría un esfuerzo terrible ir, pero ahorré de las propinas y finalmente pasé por la puerta del mítico local. Supongo que entones comería una hamburguesa y fliparía viendo al personal que entonces iba, creo recordar, por las tendencias post punkis y  glam ochenteros. Un universo que entonces era real y que ahora, cuando vuelves a visitar el local tiene ya un aire de naftalina que hace que las visitas se asemejen a recorrer un parque temático del rock. Por cierto que, en los clips que vomitan sus pantallas  hay cada vez menos rock y más pop. Como diría Prince  es un Sign’O’The’Times. Pero este es un blog sobre la comida, y aunque a muchos de sus escribidores les gusta mazo la música iremos al plato. En nuestra última visita a Londres,  volvimos al Hard Rock situado en la esquina de Hyde Park como medida de urgencia. Era el día de Navidad, un día en el que, aviso para el que no conozca la idiosincrasia británica, no hay nada abierto. No restaurants, no tube, no trains. Nothing at all.  Nuestra idea era almorzar en la WinterWonderland, una feria que todos los años ponen en el Hyde Park Corner al lado del Serpentine pero, para nuestro pasmo, la feria navideña estaba cerrada por ser ¡Navidad!. Manda eggs. Así que nos quedaban dos opciones. La primera pasaba por ir andando por Picadilly, llegar hasta el Eros de Circus, desviarnos a la derecha y entrar en nuestros queridos restaurantes chinos de Chinatown (el reino del pato laqueado). (Hablaremos de esa zona en próximos posts). La segunda y afortunada elección fue que nos apuntaran en la lista de espera del HRC, tomarnos un...

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Portobello Star. Notting Hill. (Londres). Porkie, pork pie, nuestro rey

(+10 rating, 2 votes) Cargando… Antes que Notting Hill se pusiera de moda por los amoríos cinematográficos de Julia  Roberts y Hugh Grant, la larga calle de Portobello ya estaba en las guías de los turistas que visitan Londres. En este mercadillo cuyo nombre completo es Portobello Road Market, se comenzó a vender fruta en puestos callejeros en el siglo XIX y luego se convirtió, a partir de los años 60 del pasado siglo, en una inmensa galería de anticuarios en la que, como se cuenta en la película mencionada,  se venden antigüedades reales y otras que no lo son tanto. Ahora la masiva popularización de la zona ha vuelto a reconvertir aquello que ya conocimos en los años 80 (¡ay!, la nostalgia, qué bella es y cómo matiza los recuerdos). Una época punkie y canalla, el territorio de nuestra juventud más desatada (que ya es decir). Ahora es una zona de venta de baratijas, collares, camisetas y fast food. No obstante, el conocedor cosmopolita (sin ir más lejos usted amigo/a lector/a) también podrá acudir a bellas galerías de arte, a contemplar en directo el trabajo de escultores en sus ateliers o a visitar emergentes boutiques en las que lo mismo uno puede comprarse un kilt escocés completo que una chistera y olisquear sitios de comidas para hacer un alto y continuar con un extenuante día de shopping. Como Portobello es un ser vivo en constante evolución, no me cabe duda que la próxima vez que acudamos será otra cosa, habrá otras tiendas o esos peculiares cockneys londinenses serán los hijos de los que ahora vocean sus mercancías. Si hablamos de comida, y por aquello de sus reminiscencias de mercado de comidas, los sábados también encontraremos  primorosos puestos de verduras, carne, quesos o incluso pescados.  Allí se pueden comer spanish churros, frankfurts especiados de tamaño XXL y otras propuestas exóticas, orgánicas, ecológicas e incluso comestibles. Y, como somos partidarios de la gente maja y profesional, entre tantas llamadas al hedonismo nos quedamos esta vez con...

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