Restaurante Baita-Gaminiz (Bilbao). Fama bacaladera y carnes superiores

El amigo Pato guardaba unos cheques restaurante Sodexo que le caducaban y me invitó a comer en este restorán de copetín bilbaíno. Pato disponía de 90 euros en cupones, pero rebasó el presupuesto y gastó 120 euros (yo ya le avisé que no pensaba aportar ni un euro). Tomamos dos menús degustación (40 + IVA), una botella de Pruno (19,10 + IVA), otra de agua (3,50 + IVA, lo único que le disgustó pagar al anfitrión), más dos copas de tinto aparte (6 + IVA), pues liquidamos la botella de Pruno con sorprendente velocidad. Estuvo bien el almuerzo, pero Pato apoquinó lo mismo por lo que en el Zaldiaran te servirían varias propuestas más. Al salir me acordé de lo que suele decir Carlos: «Comparado con el Zaldiaran, todo me parece caro». El Baita Gaminiz mola por la amplitud de su salón-comedor enmoquetado y en verano dispone de una privilegiada y solicitada terraza con vistas sobre la ría. Su dueño, el chef Aitor Elizegi, goza de fama en bacalaos y en la web del local se escribe de su cocina que, “sustentada en las tradiciones y en una soberana materia prima, nos propone maravillosos matrimonios». Cuando fuimos nosotros, entresemana, había 12 clientes: una mesa con cinco altos bancarios agasajados por el Banco de Sabadell, otra con cinco miembros de una familia burguesa, seguramente de celebración, y la nuestra. Nos atendieron dos camareras y, en hora y media pasadita, comimos de menos a más y bebimos de más a menos. De la carta de vinos a Pato le recomendé el Pruno y le encantó en cuanto lo probó. Aroma a frutos rojos y sabor a tabaco, se me ocurrió. Yo pedí pan de trigo, de rebanada crujiente, y Pato de maíz, amarillo y con apariencia de bizcocho. Y esto comimos: 0.- Croqueta de ibérico: aperitivo de la casa. Una canica pequeñita, asaz crujiente por el blindaje del rebozado. Rica y agradecida y, ejem, escasa. 1.- Ensalada de gildas y bonito ahumado con pimientos de cristal asados...

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