Por comentar: Loreto, los desayunos de Porto do Son

Ya se ha contado, Porto do Son es un contenedor de gratos recuerdos para el que esto suscribe. Un cofre rebosante de evocaciones rebozadas en sentimientos, aromas y sabores. Amistad con mayúsculas, el mar, esa costa fascinante, mesas repletas de comida, carcajadas y una hospitalidad desmedida, sin cortapisas, sin medias tintas: la de la familia Camino. En el apartado gastronómico, junto a las suculentas chuletas de buey de El Hórreo o las navajas y rabudas comparadas a los propios mariscadores a pie de barra, ocupan un lugar de privilegio los desayunos a deshoras (claro) en el bar Loreto. Y un protagonista estelar: el bocadillo de jamón. Vaya y pídalo con tomate, finamente loncheado, y en versión crocante; se lo servirán en un pan enorme, aunque caliente y quebradizo, levemente untado en aceite. Siéntese en su terraza, en plena Plaza de España, alterne bocados con tragos de café y, si tiene la suerte de que ese día caliente el sol, no envidiará en nada al mismísimo Amancio Ortega. Olvidará la resaca, la mala mar, que olvidó encargar la empanada de zamburiñas en La Padronesa, que le despertó la megafonía con que se trasmite la misa para todo el pueblo, que no vio ningún delfín brincar por la desembocadura de la ría de Muros e Noia, y otra serie de desgracias que no alcanzan a mitigar ni siquiera sus enormes tostadas. No es el bar más barato del lugar, pero Loreto no acostumbra a defraudar. Ya me dirán: bocata de campeonato, 3,90 euros; tostada con mantequilla y mermelada, 1,40; el café doble, a 1,20. Un lujo a su alcance. (Igor Cubillo / @igorcubillo) Don...

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Restaurante Marisquería Hórreo (Porto do Son). La importancia de llamarse Ernesto, del tamaño del percebe y del punto de la carne

La familia Camino, con una década de hospitalidad, nos ha convertido en enamorados de Porto do Son. Allí, un pequeño puerto asomado a la desembocadura de la ría de Muros y Noia, hemos reído, pescado, nadado, cantado, mariscado, cocinado… Hemos jugado a la petanca con el mueble bar a cuestas… Hemos encallado en una playa…  Hemos sido vecinos veraniegos de ZP… Y allí habíamos comido una sabrosa chuleta de buey de 700 gramos, acompañada de patatas fritas y tres docenas de pimientos de Padrón, por 17 euros. ¿¡Mandé!? En el restaurante El Hórreo. Hace un lustro. El tiempo ha pasado y las cosas han cambiado. A peor. Nuestro regreso al Son tuvo mucho de mágico. Nada más llegar, avistamos delfines junto a La Sagrada, nuestra roca preferida. También comprobamos que la arena de su playa tiene ahora un look caribeño: blanca y salpicada de una especie de brillantina. Espectacular. Y no faltaron ricos irlandeses en el bar Acuario, otro santuario. Pero el regreso a El Hórreo tuvo mucho de decepción. Después de comer media de pulpo, óptima (es un pecado no preparar bien el cefalópodo en la costa gallega), nos sorprendió el reducido tamaño del medio kilo de percebes que solicitamos (a 40 €/Kg). Templados, humeantes y canijos; una pena. Como comer pipas. Y el arroz con bogavante (a 25 €/pax; un 50% más caro que en Santiago) tampoco logró excitarnos. La cazuela para dos personas salió rebosante, como para alimentar a seis, pero el arroz resultó pasado de punto. Y de tinte. Nos costó lo suyo desprender el color amarillo de nuestros dedos, después de empuñar los trozos del descuartizado crustáceo. Corriente y moliente. La botella de Condes de Albarei vino a ratificar que no es el mejor albariño (preferimos Fillaboa, Bouza do Rei…), y en el apartado carnes se derrumbó definitivamente el mito con un chuletón de ternera  (15 €, con patatas fritas y tres tristes pimientos del piquillo -o similares-; el de buey ya cuesta 25€) muy hecho, tirando a seco,...

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