Casa Brandariz (Arzúa). Salpicón de marisco y otras delicias

May 13, 14 Casa Brandariz (Arzúa). Salpicón de marisco y otras delicias

Publicado por en A Coruña, Destacado, Galicia

(+5 rating, 1 votes) Cargando…Desde el café ‘de pota’ a las filloas rellenas de crema, todo está delicioso en casa Brandariz. Y, además, las raciones son abundantes. Con todo, si tengo que elegir sólo uno de los platos, me quedo, sin lugar a dudas, con el salpicón de marisco. Uno de los más ricos y frescos que nunca haya probado. Tiene todo el norte fama de ser punto de buenos comedores y de mejores cocineros, y Brandariz, que no tendrá premios internacionales, se gana en cambio los halagos de centenares de clientes cada año. Garbanzos con callos o judías (alubias) con almejas para los hambrientos, que dispondrán para ellos de toda una cazuela de la que se podrán servir a discreción; hasta acabar, si quieren. Arroz para los más tradicionales y para mí, siempre, siempre, salpicón. En cuanto a los segundos platos, recomiendo la carne asada (si, asada le llaman en Galicia, aunque no pasa por el horno; en realidad se ‘sella’ con aceite caliente en una cazuela y luego se guisa). Los pimientos rellenos con salsa de queso, que en color se asemeja a una mayonesa, siguen sin convencerme. Por muy buena que sea la lata de pimientos (la vi sobre la mesa de la cocina, una muy grande), sigue notándose que no son de elaboración propia. Nunca habíamos probado en Brandariz el capón; esta vez lo hicimos, pero me sigo inclinando por la tradicional carne. Y aunque no soy amiga de lo dulce en semejantes comilonas, no porque no me guste sino porque termino a reventar, las opciones para rematar el festín son variadas. Tartas, lácteos industriales (lástima), fruta, queso… Pero las reinas de los postres siguen siendo las filloas rellenas de crema. Si es la primera visita, mejor dejar hueco para probarlas. Una vez que el colesterol y el azúcar comienzan a remorder las conciencias, siempre cabe la posibilidad de dar un paseíto por los alrededores. La verdad es que el local, aunque no es grande, tiene la virtud de hacerte...

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El momento de la lamprea

Mar 13, 14 El momento de la lamprea

Publicado por en Cajón desastre, Destacado, Galicia

Es la lamprea un pez con forma de culebra, sin escamas, espinas, ni mandíbula, que despide el último capítulo de su existencia sumergido en su propia sangre, para deleite del comensal. Justicia poética para un pez parásito, que vive fijado a tiburones, salmones, bacalaos y mamíferos marinos a los que chupa la sangre y otros jugos.

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Casa Comerciante (Vilamor). Un contundente y sabroso canto a la sencillez

Ago 19, 13 Casa Comerciante (Vilamor). Un contundente y sabroso canto a la sencillez

Publicado por en Destacado, Galicia, Lugo

(+77 rating, 16 votes) Cargando… La nouvelle cuisine fue un paso impresionante para el universo culinario, una (r)evolución necesaria y agradecida que removió sus cimientos y sentó las bases de su evolución actual. No obstante, la perversa asunción y malinterpretación de sus líneas maestras, muchas veces desde el desconocimiento, el snobismo o el mero interés económico, llega a ser un insulto al comensal. No todo se reduce a miniaturizar preparaciones, como hacen algunos. Ni pintar el plato del menú del día con pinceladas de vinagre de Módena te convierte en un gran chef. Por eso me encanta dar con lugares como Casa Comerciante, que rezuman campechanía, austeridad, autenticidad. Uno, cuando va a la Galicia interior (pero interior interior), no espera encontrar un McDonald’s detrás de ese bosque de carballos. Ni locales de diseño. Ni esferificaciones. Lo realmente reconfortante es dar con un lugar como Casa Comerciante, un comedor de pueblo (sin ningún matiz despectivo) donde uno espera encontrarse con cazadores y lugareños, donde se guisa como en los viejos tiempos, y aquellos productos que es natural encontrar en pleno monte. Nosotros llegamos una noche, ya cerrada, y nos costó un poco dar con el comedor. Subimos hasta la segunda planta y volvimos a bajar a la primera. Abrimos dos o tres puertas y dimos, por fin, con el refectorio, donde dos grupos numerosos ya daban cuenta de la cena. En nuestra mesa esperaban buen pan, platos y grandes bandejas de inoxidable con entrantes fijos. Y consistentes. A saber: empanada de grelos, chorizo y panceta; ensalada de tomate, lechuga y cebolleta, bien alegre por acción del vinagre; y más bandejas con chorizo, salchichón y jamón. Un canto a la sencillez. Dimos cuenta de ello con agua y varias cervezas (Estrella Galicia y Mahou), que llevaban a la mesa en latas que uno mismo abría. La oscuridad envolvía la noche, el frescor nocturno achuchaba, la lluvia no cesaba… y todo ello hacía más atractivo el listado de platos principales. Había para escoger ternera guisada, estupendo pollo (de verdad)...

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Cafetería Praia Fluvial de San Clodio (Ribas de Sil). La sorpresa, la sopa de pescado

Una vez hemos parado en la cafetería Praia Fluvial de San Clodio, chiringuito de interior, plantado junto al río Sil, rodeado de montes y alguna vid, en la misma playa fluvial. Y esa ocasión ha sido suficiente para acumular experiencias y extraer alguna conclusión. A saber, siempre atendiendo a lo sucedido durante la referida visita: las navajas a la plancha (5,90 euros) van cargadas de arena; los langostinos que despachan a 4,80 euros la ración son de chiste (gambas tipo peladas y congeladas, de sobre, tamaño mediano), y el pilpil de las mismas no es tal (es aceite hirviendo con pimentón, ajo y cayena); el parrillero no controla el punto de la carne (que goza de buena fama, al ser de un ganadero local); y la selección de vinos, con énfasis en el producto local, es paupérrima, minúscula y carente de calidad. Pero, paradójicamente, a 150 kilómetros del mar, la sopa de pescado y marisco está buenísima. Densa, sabrosa y coronada por una rebanada de pan tostada de efecto saciante.Yo volvería, preguntaría por los atractivos y las posibilidades de la Ribeira Sacra (la cafetería hace las veces de punto de información turística), tomaría mi plato de sopa con una Estrella Galicia de tercio (1,50€) y seguiría mi camino tan tranquilo, con el estómago caliente. (consejo ofrecido por Cuchillo) web del restaurante ver ubicación Paseo Praia Fluvial; 27310 San Clodio – Ribas de Sil (Lugo) 982 105...

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Restaurante Acio (Santiago). Iago Castrillón, una auténtica revelación

Galicia también tiene un sabor especial, único. Vaya si lo tiene. Pero su oferta no se limita al contundente caldo tradicional y el universal pulpo a feira. Su cocina está viva, se transforma, funde y evoluciona gracias a la inquietud de sus cocineros y a una despensa espléndida. Así, teníamos dos objetivos claros en nuestra reciente visita a Santiago de Compostela. Uno, probar las tapas gallegas y japonesas que cimientan la reinvención informal de Casa Marcelo, tras su sonado entierro del menú degustación. Misión imposible: Marcelo Tejedor no había reabierto aún su emblemático local. Dos, ponernos en manos del chef Iago Castrillón, cocinero revelación en Madrid Fusión 2013, del que teníamos excelentes referencias, vía Mikel López Iturriaga, desde que el bloguero Jorge Guitián le señaló como buen candidato a estrella Michelin a medio plazo. La segunda meta sí pudimos alcanzarla. Tras una fatigosa carrera por conseguir las licencias que nos permitirían pescar en los ríos de O Courel, pasamos de largo El Quijote, donde hubiéramos comido lamprea, en plena temporada, y llegamos media hora larga tarde al restaurante Acio. A eso de las 15:15 horas. Ni una pega. Nos acomodaron al fondo del local, junto a un ventanal con vistas a la catedral y a las huertas que se esconden tras ella. Entre ellas, las del propio Acio (Racimo, en gallego), castigada por los temporales. Y nos pidieron que ojeáramos la carta del local, por si había algún plato que no nos gustara o algún ingrediente que no toleráramos. Todo en orden, no tenemos nada en contra de las habas verdinas con callos de bacalao, navajas y menta (13 euros), ni de las alcachofas con panceta y capuchino de huevo (14 euros), ni del royal de lamprea con peras al albariño y trufa negra (25 euros), ni de la vaca gallega con patata, sardina ahumada y mostazas (22 euros).¡Qué vamos a tener!! No obstante, nada de eso formó parte de un menú degustación de 43€ (incluidos IVA, agua y pan de trigo y centeno “hecho en...

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Por comentar: Loreto, los desayunos de Porto do Son

Ya se ha contado, Porto do Son es un contenedor de gratos recuerdos para el que esto suscribe. Un cofre rebosante de evocaciones rebozadas en sentimientos, aromas y sabores. Amistad con mayúsculas, el mar, esa costa fascinante, mesas repletas de comida, carcajadas y una hospitalidad desmedida, sin cortapisas, sin medias tintas: la de la familia Camino. En el apartado gastronómico, junto a las suculentas chuletas de buey de El Hórreo o las navajas y rabudas comparadas a los propios mariscadores a pie de barra, ocupan un lugar de privilegio los desayunos a deshoras (claro) en el bar Loreto. Y un protagonista estelar: el bocadillo de jamón. Vaya y pídalo con tomate, finamente loncheado, y en versión crocante; se lo servirán en un pan enorme, aunque caliente y quebradizo, levemente untado en aceite. Siéntese en su terraza, en plena Plaza de España, alterne bocados con tragos de café y, si tiene la suerte de que ese día caliente el sol, no envidiará en nada al mismísimo Amancio Ortega. Olvidará la resaca, la mala mar, que olvidó encargar la empanada de zamburiñas en La Padronesa, que le despertó la megafonía con que se trasmite la misa para todo el pueblo, que no vio ningún delfín brincar por la desembocadura de la ría de Muros e Noia, y otra serie de desgracias que no alcanzan a mitigar ni siquiera sus enormes tostadas. No es el bar más barato del lugar, pero Loreto no acostumbra a defraudar. Ya me dirán: bocata de campeonato, 3,90 euros; tostada con mantequilla y mermelada, 1,40; el café doble, a 1,20. Un lujo a su alcance. (Igor Cubillo /...

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El irlandés del Acuario. Un clásico de Porto do Son

(+10 rating, 2 votes) Cargando… No me gusta especialmente el café irlandés. Podría pasar mi vida entera sin tomar uno de esos combinados cuyo origen se atribuye al chef Joe Sheridan, quien lo prepararía hace ya 70 años, en el puerto de Foynes, para que entraran en calor los pasajeros de una larga y accidentada travesía. Y se dice que posteriormente lo introdujo en América, en 1952, desde la barra del Buena Vista Cafe de San Francisco. No obstante, si paro en Porto do Son (A Coruña), invitado por la espléndida familia Camino, no puedo pasar sin tomarme al menos uno en el Café Bar Acuario. La ceremonia es siempre la misma: entro al local, saludo al camarero con toda la efusividad que permite mi agrio carácter y hago una pregunta a Fran, el jefe de todo: “¿Me pones un escocés?”. No preparamos, responde él. Venga, pues ponme un irlandés. Entonces se da la vuelta, flambea whisky, echa el café y rellena la copa con nata. Con nata que monta la propia Manuela, su pareja y public relations del local. “Ésa es la diferencia”, señala ella. Por eso está tan rico el irlandés del Acuario. Por eso me lo tomo a cualquier hora. Noche incluida. “Eres muy cafetero”, me dijo la ultima vez Fran. Sé diferenciar un buen blue mountain jamaicano del soluble de Dia, sí, pero he de decir que algo de mérito también tiene él. (Igor Cubillo) Avenida Galicia, 18; 15970 Porto do Son (A Coruña) 981 767 216 IGOR CUBILLO Periodista especializado en música, ocio y cultura. Economista. Equilibrista (aunque siempre quiso ser domador). En el medio de la vía, en el medio de la vida, si hay suerte, tal vez. Ha pasado la mayor parte de su existencia en el suroeste de Londres, donde hace más de 20 años empezó a teclear, en una Olivetti Studio 54 azul, artículos para Harlem R&R ‘Zine, Ruta 66, El País, Bilbao Eskultural, Ritmo & Blues, Getxo A Mano (GEYC), Efe Eme, Den Dena...

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Bienvenidos a Bar Boca do Río (Porto do Son)

Este singular robot construido con piezas de automóvil, entre otros elementos, recibe a cuantos se acercan al bar Boca do Río, ubicado junto a la playa coruñesa de Río Sieira, una de nuestras preferidas. * Lo Que Coma Don Manuel coloca en la sección Bienvenidos aquellos muñecos, carteles y dibujos que, con cierta gracia, nos dan la bienvenida a restaurantes, bares, bistrós, chigres, sidrerías y demás locales hosteleros que tanto nos gusta visitar. Esperamos sus aportaciones, queridos lectores *...

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Casa Villaronta (Ribadeo). El mejor pulpo mundial no se llama Paul

Sé que estoy alimentando a un monstruo, pero no puedo evitar hacerlo. Cuando este post se publique y alquien ponga en su busqueda de google “el mejor pulpo del mundo”, es muy posible que nuestras despiadadas y maquiavélicas técnicas SEO hagan que lo primero que se lea sea esta crítica. Y entraremos en un bucle. Querremos disfrutar de un pulpo a feira fantástico en lugar pequeño, de no más de 30 comensales, y encima pretenderemos que no haya que esperar colas kilométricas y armarse de paciencia. Y no hija,  no. Nueve de cada diez habitantes de Ribadeo y un asturiano de Castropol nos juraron que el mejor pulpo del mundo se sirve en Casa Villaronta. Y nos avisaron: tened paciencia, hay que esperar, mucho. Así que nos decidimos por el plan B y acudimos a cenar a las ocho de una tarde espectacular de un septiembre inusual (por el buen tiempo). Nuestro horario centroeuropeo se vio recompensado con la última mesa libre de la noche y desde una privilegiada ubicación pudimos contemplar el trasiego de bandejas de pulpo. Y, claro, pedimos pulpo en abundancia y no sabría decirles si el octopátido era el mejor, el amigo del mejor, o su cuñado, pero estaba en la liga de los grandes pulpos que han jugado a ese juego. Perfecto de carne, templado que no caliente, espartamente aliñado, de una manera minimalista, sabia, como diciendo “Señores, aquí se viene a comer pulpo y no a untarse el gaznate con pimentones”. Los cachelos, que en otros establecimientos acompañan de serie al pulpo, aquí hay que pedirlos como extra y eso nos refuerza en nuestra impresión de que lo que cuenta es el pulpo y nada más que el pulpo. Y así, disfrutando, con una lágrima de emoción que desbordó nuestra mejilla y cayó en el cuenco de porcelana blanca en la que nos fue servido un Ribeiro de la casa que quitaba el sentido, fue pasando la noche. Estábamos en racha y pedimos también calamares, de los que nos...

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O Gato Negro (Santiago de Compostela). Una tasca de cabecera

Santiago es mucho más que estudiantes, tunos y peregrinos. Su catedral no refulgiría de igual manera sin las numerosas casas de comida y bebida que la rodean, concentradas principalmente en la zona del Franco. Y entre todas ellas destaca una: O Gato Negro. Este lugar austero, que no parece haber experimentado reforma arquitectónica ni estética, con sus pequeñas mesas y taburetes, conserva la esencia del lugar. Lo que una vez fue todo el barrio. Rodeada de locales de diseño donde no sirven Estrella Galicia pero sí mejillones pigmeos, modernas vinotecas y restaurantes donde el marisco languidece en peceras retratadas a diario por los turistas, O Gato Negro no precisa de grandes campañas publicitarias para concentrar a la clientela local, a la gente de Santiago, aquella que no decide según indicaciones de guías turísticas. A ésta le atrae el regusto tradicional de las tazas donde antaño se servia el Ribeiro pero, sobre todo, se rinde ante  el infalible reclamo del producto de temporada, y del marisco recién llegado de las rías y de la costa gallega. Llámese nécora o centolla. Berberecho o pimiento de Padrón. Si la modernidad no es tu preferencia, y no te asustan las apreturas, deberías visitar O Gato Negro. (esto ha escrito Cuchillo siguiendo las sabias indicaciones de Xose Camino) ver ubicación Rua Raíña, S/N; 15702 Santiago de Compostela (A Coruña) 981 583...

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Restaurante Marisquería Hórreo (Porto do Son). La importancia de llamarse Ernesto, del tamaño del percebe y del punto de la carne

La familia Camino, con una década de hospitalidad, nos ha convertido en enamorados de Porto do Son. Allí, un pequeño puerto asomado a la desembocadura de la ría de Muros y Noia, hemos reído, pescado, nadado, cantado, mariscado, cocinado… Hemos jugado a la petanca con el mueble bar a cuestas… Hemos encallado en una playa…  Hemos sido vecinos veraniegos de ZP… Y allí habíamos comido una sabrosa chuleta de buey de 700 gramos, acompañada de patatas fritas y tres docenas de pimientos de Padrón, por 17 euros. ¿¡Mandé!? En el restaurante El Hórreo. Hace un lustro. El tiempo ha pasado y las cosas han cambiado. A peor. Nuestro regreso al Son tuvo mucho de mágico. Nada más llegar, avistamos delfines junto a La Sagrada, nuestra roca preferida. También comprobamos que la arena de su playa tiene ahora un look caribeño: blanca y salpicada de una especie de brillantina. Espectacular. Y no faltaron ricos irlandeses en el bar Acuario, otro santuario. Pero el regreso a El Hórreo tuvo mucho de decepción. Después de comer media de pulpo, óptima (es un pecado no preparar bien el cefalópodo en la costa gallega), nos sorprendió el reducido tamaño del medio kilo de percebes que solicitamos (a 40 €/Kg). Templados, humeantes y canijos; una pena. Como comer pipas. Y el arroz con bogavante (a 25 €/pax; un 50% más caro que en Santiago) tampoco logró excitarnos. La cazuela para dos personas salió rebosante, como para alimentar a seis, pero el arroz resultó pasado de punto. Y de tinte. Nos costó lo suyo desprender el color amarillo de nuestros dedos, después de empuñar los trozos del descuartizado crustáceo. Corriente y moliente. La botella de Condes de Albarei vino a ratificar que no es el mejor albariño (preferimos Fillaboa, Bouza do Rei…), y en el apartado carnes se derrumbó definitivamente el mito con un chuletón de ternera  (15 €, con patatas fritas y tres tristes pimientos del piquillo -o similares-; el de buey ya cuesta 25€) muy hecho, tirando a seco,...

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Restaurante O Salgadoiro (Portonovo). Raciones generosas, precios irrisorios

loquecomadonmanuel, todo junto, sin espacios de espera entre plato y plato, se plantó el otro día en Portonovo. Cuando juegas fuera, lo lógico es dejar la iniciativa al equipo de casa, asi que me dejé llevar por  dos primeros espadas, reincidentes del local, al restaurante O Salgadoiro. Lo primero que me llamó la atención fue que en la tierra del marisco se apueste por un local de corte tan moderno, donde los negros y naranjas predominan muy acertadamente. y que, no obstante, no llama a los turistas que buscan el rico manjar marino. La carta toca todos los palos : el marisco-obligado en esta tierra-, carne, pescado, revueltos, raciones varias… Como mis amigos eran mano, dejé que hablaran ellos y optaron por un variado picoteo: tostas de jamon y salmón, un mas que bien presentado revuelto de grelos y erizo, unos frescos chipirones encebollados que hicieron las delicias de los amantes de los untasalsas por fina y sabrosa, y un tapado que se convirtió en el plato estrella, la zorza. En todos estos años en Galicia nunca me gustó, ya que repite mas que los programas del corazón, estando esta suave y muy apetecible. Gran descubrimiento. Las cantidades en los platos, mas bien generosas, y los precios, propios de El Club de la Comedia, por irrisorios dada la calidad. Por todo ello, llegamos a los postres vencidos pero con una sonrisa en los labios, gracias en parte a una rubia alemana de grifo. La próxima vez caerá la brocheta de carnes que desfiló ante nuestros ojos con aires de pasarela para posarse en la mesa contigua. Al final llegaron las ofrendas, declinamos un ofrecimiento de chupito y yo les obsequié con un Manolito bien merecido. (Desde Galicia para loquecomadonmanuel, les narró Arturo Mendoza, el reportero que pierde memoria y gana...

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