Casa Méndez. (Villafranca del Bierzo) La comida berciana y los pimientos anhelados

Don Manuel, cascarrabias y grosero,  me lleva varios días diciendo que las lectoras las prefieren cortas. A las entradas me refiero. Así que, para hablar del Casa Méndez, en lugar de desviarme por los cerros de las Médulas, que era donde pensaba acudir y bucear en su historia romana de ruina montium y toneladas de oro, de contar cómo recobramos el Silencio en un bello hotel leonés y de narrar el paseo  por la señorial Villafranca del Bierzo, diré sin rodeos cómo, por cuánto y cuándo allí comimos. Somos europeos de horarios cuando estamos de vacaciones. ¡Viva Europa, coño!, nos ha costado siglos construirla y ahora nos la quieren arrebatar en cuatro días por quítate allí una crisis y unos cuantos ombligos. Somos europeos, digo,  y nos gusta  la cena temprana tras poteos cortos y luego, reposo y trago largo, cama blanda, sueño largo y lo que se tercie por el camino, pero a conciencia. Y en Villafranca, la verdad es que la búsqueda de la cena  por eliminación  horaria quedó reducida a pocas opciones, por no decir a sólo  una. Nos hizo gracia el nombre de Casa Méndez. Conocemos a un tal Méndez, empresario y mentor, al que profesamos cariño desde que decidiera con sus dineros montar una emisora de radio en la que perdimos la virginidad profesional y  también algunas de las otras. Esa, amiguitos,  es otra historia (guiño, guiño). Casa Méndez es un restaurante pequeño que, por lo que adivinamos tras la rápida mirada a su comedor se surte fundamentalmente  de los alojados en el hostal aledaño. Los comensales eran cultos abuelitos solitarios centroeuropeos que cenaban lo que, presumimos,  era un menú del día (en este caso de la noche). La camarera un simpática argentina (creo) intentaba hacer comprender a los ancianos lo que eran los platos que les iban a servir. “Estee,  mirá vos, soooppa de fideo” y el abuelo miraba a la camarera como las vacas a los ferrocarriles y sin entender nada decía “eso”, lo que inevitablemente me recuerda al...

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El Amparo y el bacalao a la vizcaína, un recetario de cocina en rojiblanco.

May 25, 12 El Amparo y el bacalao a la vizcaína,  un recetario de cocina en rojiblanco.

Publicado por en Bizkaia, Euskadi

(+5 rating, 1 votes)Cargando... Todos los que nos declaramos cocinillas aficionados tenemos un libro de cabecera. En España el libro de referencia ha sido (y sigue siendo, pese a los Argiñanos, De Jorges y otros fenómenos mediáticos) el “1080 recetas de cocina” de Simone Ortega. Un manual que también nos ha sacado de algún apuro pero que, en ocasiones peca de elitista o trasnochado. Si a un libro de cocina se le puede catalogar por las manchas de grasa, diremos que este tiene unas cuantas; ha sido bien usado. Hoy sin embargo nos embarga la emoción. O nos embraga, que tanto da. Juega el Athletic su Copa en Madrid y queremos rebozarnos, salpimentarnos, enharinarnos, freírnos vuelta y vuelta en el sentimiento Athletic. Para eso nada mejor que el libro que veneramos y que, hemos pedido heredar. Una primera edición, sorprendentemente bien cuidada que atesora mi ama y que ha servido para dar un toque de bilbainía rotunda a las comidas de la infancia. Hemos de reconocer que algunas de las recetas de este libro no pasarían un control dietético y que otras probablemente acabarían atascando irremediablemente nuestras arterias, pero, amigos, creo que no hay libro más bilbaíno a la hora de hacer comidas. Vicenta, Úrsula y Sira Azcaray tuvieron el enorme privilegio, concedido a unos pocos, de nacer en Bilbao en la feliz década del 70 del 1800. Sus padres poseían un txakoli que luego se transformaría en el restaurante El Amparo. Las hermanas visitaron para aprender cocina de fuste, que diría el añorado Egillor, la Francia que era el referente cocinerista de entonces en la burguesía del Bilbao. Ese toque afrancesado que consiguieron (venga mantequilla!!!) , más las recetas de Bilbao de toda la vida, dieron como resultado una “nueva cocina vasca” avant la letre. Tuvieron tanto éxito que los clientes les pedían sus recetas y ellas se aplicaron en la tarea. Hicieron mucho sueltos manuscritos que luego, un hermano, se encargo de reunir en el libro El Amparo su hit parade que...

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