La Rampa (Donostia). De pescados y eufemismos

Feb 21, 18 La Rampa (Donostia). De pescados y eufemismos

Recientemente he participado en algún concurso gastronómico en el cual se tildaban de “aceptables” propuestas a las que se otorgaba 0 ó 1 punto, una puntuación garrafal que siempre ha correspondido al Suspenso, al Insuficiente, al Muy deficiente. La jugada consistía en limitar la tabla de clasificaciones a Excelente, Notable, Bueno y Aceptable, por aquello de no herir sensibilidades. Casualmente, ojeando la web de la Asociación Vasca de Gastronomía observo que se señala La Rampa, el restaurante ubicado en el puerto de San Sebastián, como representante de la “cocina marinera”, aunque se precisa que ofrece “un producto de mercado aceptable”. Supongo que se trata de un eufemismo similar al utilizado por mis amigos del campeonato citado, porque ni el material es de presumir ni su ejecución es capaz de mejorar tal percepción. Una botella de Cepas Viejas (D.O. Bierzo) fue lo único verdaderamente positivo de una cena celebrada el pasado mes de noviembre que consistió en tres decepciones.

Restaurante junto al Aquarium de San Sebastián

Empecé con pulpo a la gallega (16,50€) desleído, de textura poco atractiva, falto de todo; reblandecido, el cefalópodo tenía incluso un gusto no excesivamente agradable. Y seguí con unas sardinas (13,20€) a las cuales, de partida, les faltaba lustre; la sardina es el mar, brilla, su coraza plateada le otorga un atractivo notable, y aquí era oscura. Además, en cuanto el camarero puso la cuchara de servir encima del género éste se hundió, quedando en evidencia su falta de firmeza. Tampoco estaban especialmente ricas, no desprendían sensación de frescor, pese a que el camarero me había adelantado que estaban “muy buenas”. Menudo prescriptor. Parecían el típico plato que a él le subrayan en el comandero para ser despachado con urgencia.

Mero a la parrilla, en La Rampa (foto: Cuchillo)

Terminé con un trozo de mero a la parrilla (26,40€) cobrado a precio de operación especial de bombero. Efectivamente, este teleósteo tampoco podía presumir de una textura apropiada; más bien blando, le faltaba firmeza como al resto de lo que pedí esa noche. Para colmo, en la fuente ocupaba mucho más espacio la guarnición a base de patata, tomate y cebolla muy poco hecha, prácticamente cruda y picante.

Pienso, luego existo

Llegué a pensar que se podía haber destinado toda esa proteína a la elaboración de procesados e incluso barajé la posibilidad de titular esta crónica “Pienso, luego existo”, alimentando un juego de palabras, pero finalmente he recordado el eufemismo y no he podido evitarlo.

Lo decía la pasada semana Juan José Millás, durante la promoción de su última novela, ‘Que nadie duerma’ (Alfaguara): “Creemos que vivimos en la realidad, pero esto que estamos viviendo no puede ser la realidad. Hay muchos escritores que buscan la puerta que conduce a lo fantástico. Yo busco la puerta que conduce a la realidad porque en lo fantástico ya estamos, en lo fantástico malo, en el delirio malo”. Yo hago propia la reflexión cuando recuerdo mi visita a La Rampa, el negocio que encabeza en Tripadvisor el listado de “restaurantes de mariscos” de Donostia. Después de sentarme en su comedor, sólo puedo atribuirlo a una confusión mental caracterizada por alucinaciones, reiteración de pensamientos absurdos e incoherencia.

(Igor Cubillo)

web de restaurante La Rampa

ver ubicación

c/ Muelle, 26-27 bajo; 20003 Donostia – San Sebastián (Gipuzkoa)

+34 943 421 652

Ración de sardinas en La Rampa (foto: Cuchillo)

Pulpo a la gallega, en La Rampa (foto: Cuchillo)

Cepas Viejas, lo mejor de la cena en La Rampa (foto:Cuchillo)

Detalle del comedor de La Rampa (foto: Cuchillo)

Fachada del restaurante La Rampa, en el puerto de San Sebastián (foto: Cuchillo)

IGOR CUBILLO

Periodista especializado en gastronomía y música. Economista. Equilibrista (aunque siempre quiso ser domador). Manager del foro BBVA Bilbao Food Capital, director de la weg Lo Que Coma Don Manuel, responsable de programación gastronómica de Mundaka Festival y responsable de Comunicación en Ja! Bilbao. Aún escribe de música en Kmon y de comida en 7 Caníbales, Gastronosfera, BiFM y Guía Repsol, y la buena gente de eldiario.es cuenta con sus textos coquinarios en distintas ediciones.

Vagabundo con cartel, se dobla pero no se rompe, hace las cosas innecesariamente bien y ha pasado la mayor parte de su existencia en el suroeste de Londres, donde hace casi 30 años empezó a teclear, en una Olivetti Studio 54 azul, artículos para El País, Ruta 66, Efe Eme, Ritmo & Blues, Harlem R&R ‘Zine, Bilbao Eskultural, Getxo A Mano (GEYC), DSS2016, Den Dena Magazine, euskadinet, ApuestasFree y alguna otra trinchera.

Como los Gallo Corneja, es de una familia con fundamento que no perdonaría la cena aunque sonaran las trompetas del juicio final, si es que no han sonado ya. Y si es por él, seguiréis teniendo noticias de este hombre al que le gusta ver llover, vestirse con traje oscuro y contar historias de comida, amor y muerte que nadie puede entender. Eso sí, dadle un coche mirando al sol, una guitarra y una canción, una cerveza y rock and roll, y no le veréis el pelo más por aquí.

Ah, tiene perfil en Facebook, en Twitter (@igorcubillo) y en Instagram (igor_cubillo), pero no hace #FollowBack ni #FF. Se le resisten ciertas palabras y acciones con efe. Él sabrá por qué…

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