Cervecería Etxeberria (Donostia). Hedonismo, birra y campechanía

Ago 15, 19 Cervecería Etxeberria (Donostia). Hedonismo, birra y campechanía

Hedonismo, cerveza y algo de desorden, que nunca viene mal. Simpatía, autenticidad y mucho oficio. Quien prueba, repite. La personalidad magnética y arrolladora de Juan José Cano, los bocados tan sencillos como exquisitos que despacha, su campechanía, su honestidad y el carrusel de birras que hace girar cada vez que un “¡elegante!» se enrola en bar Etxeberria, la irrepetible bodega de un barco pirata, me tienen enamoradito, como tus piernas y esos ojos del color de la co. Lo frecuento, eso sí, menos de lo que mi sed, mi apetito, mi conversación y mi carcajada desearían. Lástima no vivir en plena parte vieja de San Sebastián, para celebrar la vida, lamer sus heridas y tentar cada día a la suerte en esta guarida que abrió sus puertas en 1983.

Parte de la magia reside allí en que uno sabe cuándo entra e intuye cómo va a salir, satisfecho, sonriente, quizá achispado y reconciliado con la hostelería de ese barrio, aunque no aparezca en guías de pacotilla. De muestra, un botón: en mi antepenúltima visita, sabedor de que beber es un acto que realizan las razas de linaje antiguo, caté indian y american pale ales, Mattinada, Daura Marzen (primera doble malta sin gluten), Super Bock Abadía… Cervezas artesanas e industriales, que ambas hacen bien. Comí, por supuesto, embutido, queso y montaditos fríos y calientes, pero también libé fino de Montilla Moriles, graneles del Sur, vino de Chiclana… Jo, qué noche.

24 cañeros y muchos tentempiés

Y es que todo eso, y más, se puede disfrutar en un establecimiento que cuenta con 24 cañeros para armonizar cervezas con distintos tentempiés, principalmente tostas variadas (ojo a las de ventresca y anchoa ahumada) y muy buenos montaditos, bocadillitos recién hechos que atrapan en pan tierno y caliente atún, guindilla, anchoa, queso, chorizo cocido, pimiento… Bocados breves y sabrosos que casan con el referido amplio surtido de birras, incluidas las «fifty fifty» que Juanjo mezcla allí mismo, para martirio de puristas, y también con esos vinos andaluces que tanto gustan al tabernero. Cuando faltan los hijos, Jon y Maialen, normalmente los lunes, toca conformarse con «servicios mínimos», marisco de pocilga y queso.

Das un sorbo y, si estás solo, te puedes entretener ante la ausencia de interiorismo como harías frente a la fachada de la catedral de Salamanca; en sus paredes y repletos estantes, entre incontables afiches, botellas y retratos, no hay (creo) ningún astronauta, pero sí alguna ristra de ajos, brujas, dinosaurios, escobas, pelucas, un unicornio, una plancha, una moto, una bola de discoteca, una lámpara elaborada con duelas, un pequeño ataúd y hasta una botella con el escudo del Athletic Club, ésta para los más perspicaces.

Y en fin de semana toca pedir “elegantini”, aperitivo de la casa a base de Carpano Punt e Mes, Cynar, Picon, ginebra con guindilla y el toque distintivo del ‘brummel’. Repetiré visita a Etxeberria mientras siga encontrando allí no solo tragos y bocados, también frases ocurrentes, un saludo a voces, humanidad y clientela selecta, mayormente local, recibida al grito de “¿qué pasa, elegantes?” Regresaré mientras siga al frente Juanjo, un torrente de personalidad, conversador infatigable, que una de estas tarde-noches incluso me ha señalado la grandeza de Montilla Moriles. Volveré a acodarme en su barra porque allí me siento entre bien y de maravilla.

 (Igor Cubillo)

web de Cervecería Etxeberria

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c/ Iñigo, 8; 20003 Donostia – San Sebastián (Gipuzkoa)

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