Geralds Bar (Donostia). Seguiré intentándolo

Abr 24, 22 Geralds Bar (Donostia). Seguiré intentándolo

«El mundo pende de un hilo. De un hilo pende el mundo. Solo el amor que me has dado no muere conmigo». Me alegra ver estas palabras del añorado Rafa Berrio, cliente habitual de la casa, colgadas discretamente en una pared de Geralds Bar, ese recogido y acristalado restaurante del barrio de Gros (Donostia) donde se apiñan mesas y clientes y del que tan bien se habla. Lo conocí cuando allí cocinaba Lorenzo Herrero, de quien recuerdo un estupendo steak tartar preparado con solomillo cortado a cuchillo, como mandan los cánones, y una buena tortilla de patata, con cebolla gustosa. Tras su marcha sufrí una honda decepción al pedir nuevamente steak y un rodaballo que resultó tener la cabeza bien surtida de arena (!!!). Y ahora me empeño en dejarme seducir por la alabada propuesta «de temporada» de la inglesa Bella Bowring, curtida en Londres hasta aterrizar definitivamente en San Sebastián allá por 2015.

Tendrá que ser una noche, a la carta, pues el menú diario no deslumbra, pese a ser ciertamente diferente, tan exótico que ciertas propuestas llegan a hacerte sentir que estás fuera de Donostia, y más al contar la parroquia con bastantes angloparlantes, algo lógico conociendo el origen aussie del negocio. De hecho, el establecimiento cuenta con un ‘hermano’ en Carlton North, suburbio de Melbourne. Pero aquí, en Euskadi, dos espárragos blancos con medio huevo se antoja poca cantidad para un primer plato, más cuando las dos posibilidades anunciadas son un plato por 14€ o dos (entrante + segundo, o segundo + postre) por 17€, en ambos casos con bebida aparte.

Me gustaron más los puerros a la parrilla, acompañados de manzana y una base con notas agrias y lácticas, especie de yogur que aportaba otro grato e interesante contraste. Las anchoas estaban más hechas de lo pertinente y no vi gracia a su asociación con remolacha, aunque me consta que la alianza la han explorado antes profesionales como Pepe Rodríguez, de El Bohío (anchoa con remolacha y queso manchego), Karlos Arguiñano (anchoas con carpaccio de remolacha) y Fernando Canales, de Etxanobe (remolacha rellena de queso y anchoas). Y el delgado roast beef hubiera sido más satisfactorio sin bordes un pelín duros y con un acompañamiento mínimamente picante, pues se anunciaba como harissa.

Más de 100 vinos en Geralds Bar

Cabe decir que manejan casi una treintena de vinos por copa o jarra, así como un centenar por botellas. Y hay que insistir en que, lo dicho, volveré a intentarlo, tiraré nuevamente de su peculiar hilo vegetal, esta vez a la carta, porque es evidente que la oferta gastronómica del barrio ganó enteros con la transformación del bar Bolívar en Geralds. Su propuesta entre semana se divide en el referido menú del día, a la hora del almuerzo, y la pendiente carta, para cenar. Y supongo que siempre puedes tentar los pasatiempos destinados a su larga barra, que incluyen aceitunas marinadas, almendras especiadas, anchoas de Olasagasti, ventresca de atún, boquerones, chorizo y lomo de cerdo euskal txerri. Quizá resulte que la opción buena sea taburete y tentempié. Quién sabe.

PD: “Y las hojas muertas caen, caen, caen. Las hojas muertas caen de su peso. Solo el amor que me has dado no muere conmigo” (Rafa Berrio, ‘El mundo pende de un hilo’).

web de Geralds Bar

ver ubicación

Iparragirre, 13; 20001 Donostia – San Sebastián 

+34 943 083 001

Las palabras de Rafael Berrio decoran un rincón de Geralds Bar (foto: Cuchillo)

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