Bar Restaurante Buenavista (Donostia). De bravas, calamares y otros misterios

(+6 rating, 2 votes)Cargando... Tenía un compañero de clase que era único asignando motes. Cualquier excusa, parecidos razonables, dotes o actitudes, todo valía para empaquetar un alias que, confieso, tenía su gracia. Desde Ventosillos a C3PO, pasando por Betty Missiego, Holakaixo y demás… Son sólo algunos de los que recuerdo, y la verdad es que nunca me confesó si a mi me había caído renombre similar. Sólo me decía que “lo hacía desde el cariño”. Mejor no saber. Y esto viene a cuento porque hace un par de semanas, descubrí el significado de un alias que llevaba años escuchando y utilizando, pero sin conocer realmente a qué respondía. Sucedió cuando acudimos al Buenavista, un bar-restaurante ubicado en la subida al barrio de Igueldo, en Donostia-San Sebastián, a disfrutar del aperitivo en su agradable terraza con vistas al Cantábrico. Es éste, desde siempre, uno de mis lugares favoritos para dejarse caer en las mañanas de domingo. Y tampoco es que tenga nada especial. Bueno, sí, su agradable terraza tipo patio, que se llena en cuanto sale el sol. Visitado por todo tipo de generaciones, lo recuerdo especialmente cuando, saliendo de un examen mañanero, nos citábamos alrededor de sus mesas para ahogar las penas; que con sidra todo se ve de otra manera. Como manda la tradición, acompañábamos el líquido elemento con unas raciones de bravas y rabas. Volviendo al domingo en cuestión, llegamos y en la barra, Angelito (a punto de jubilarse y todavía le llaman así) y El Paisa. Extrañamente simpáticos y excesivamente amables para lo que me tienen acostumbrados, saludaron con cierta efusividad. ¿Es a mi? Va a ser que no. Nos acompañaba mi padre, y él, asiduo de este lugar, era el motivo de las amplias sonrisas. Ciertamente, no se dirigían al resto de los presentes, ni pretendían agradar con cucamonas a las niñas. En la misma barra demandamos dos de txakoli (escanciado, muy guipuzcoano), un crianza “del más vendido”, una de agua, Kas de naranja, batido de chocolate y una ración...

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Sidrería Calonge (San Sebastián). Una habitación con vistas

(+15 rating, 3 votes)Cargando... No somos demasiados en la familia, pero celebramos todo lo celebrable. Y esta vez se me ocurrió convocar a los once en la Sidrería Calonge, en el monte Igueldo. Y es que Igueldo es la niña de mis ojos. Quizás porque lo conozco como la palma de mi mano o, más bien, porque es donde viví gran parte de la infancia. Lugar de moda durante mi adolescencia, permanecen los mismos locales a los que acudía habitualmente, con algún que otro cambio en la propiedad y caras nuevas detrás de la barra, pero sin apenas modificaciones en su decoración. Paredes que guardan recuerdos de primeros amores (y llorados desamores), y tardes de discoteca en KU, intentando aparentar una edad que no tenía para evitar la mirada inquisidora de aquel odioso portero… Discoteca por entonces de moda y venida a menos hasta su cierre definitivo, que tantos dolores de cabeza supuso para el Akelarre, y que hoy pretende olvidar con el proyecto de un hotel de lujo, el sueño de Pedro Subijana. Haciendo un pequeño recuento, subiendo la retorcida carretera sale a nuestro encuentro el Buenavista; afamado por sus rabas, los precios han sufrido un crecimiento exponencial que no se ha visto reflejado, ni de lejos, en el tamaño de las mini-bandejas donde presentan la comanda. Ni tampoco en la simpatía de sus camareros, para qué engañarnos. Avanzando un poco más, y girando a la derecha, bajamos dirección a las rocas y llegamos a Perus, con una terraza importante, numerosas mesas y preciosas vistas. Llegando al mismo barrio nos topamos con Mendizorrotz, donde las mesas del bar se inundan de huevos fritos con patatas y chorizo cocido. Y si tomamos dirección a Orio, más adelante aparecen Etxe Nagusi, Nicolás y Ekaitz (antiguo Polipaso). Vaya, un sinfín de opciones donde elegir… Pero retomo el motivo de mi relato. Fin de sentimentalismos y al grano. Nuestro destino es Calonge, sidrería regentada por una familia de larga tradición sidrera, elaboradores de marca propia. Calonge fue...

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