Restaurante Zaldiaran (Vitoria). Opina lo mismo José María Íñigo

Suelo mirar a menudo la web del Zaldiaran vitoriano, mi restaurante favorito (no he ido a muchos, no). Mantiene desde hace años la estrella Michelin y también es el favorito de mi amigo, desde hace 40 años o más, Carlos, quien saliendo de otro restaurante de postín alavés opinó un día: «Comparado con el Zaldiaran, todo me parece caro». Hace poco leí en el GPS, el suplemento de ocio del diario El Correo, tres recomendaciones hosteleras del periodista José María Íñigo. Abría con esta del Zaldiaran: «Es un restaurante elegante, moderno y con un servicio excepcional. Para mí es uno de los mejores de España. Siempre tiene productos de primerísima calidad. Además, elabora una cocina imaginativa sin excesos, rica e interesante. El menú degustación, con siete platos y dos postres, resulta delicioso». Amén. Carlos y yo lo catamos juntos por tercera vez. Fue el denominado ‘menú degustación de invierno’, cuesta 55 más IVA e incluye la bebida: agua más vino. Entre sus caldos ya no estaba el excepcional Pruno de Ribera del Duero, descartamos el Flor de Vetus de Toro y el blanco Nuviana chardonnay, y sopesamos el cava Codorníu rosé pinot noir, pero el camarero-sumiller, a toro pasado, nos comentó que habrían sido demasiadas burbujas en boca para ciertos platos. Aseguró que elegimos bien: Izadi, crianza 2007, a temperatura perfecta, con olor a fruta madura, entrada contundente y posgusto persistente y mineral. Lo degustamos en copas Riedel y estos fueron los platos servidos por tres personas en una sesión de dos horas y media, antes de la cual nos preguntaron si éramos alérgicos a algunos productos: 1º.- Crema de queso y confitura de tomate con frutos secos y anchoa del Cantábrico. Aquí se produjo un error que observamos al retirarnos el plato: se les había olvidado incluir la anchoa. Sobre una base de queso suave se posaba una ensalada con piñones, avellana, nuez macadamia y vegetales como escarola más un tomate que realzaba cada bocado cuando se mezclaba. 2º.- Coca de sardina marinada...

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Karola Etxea (Getxo). Azul relajante

En este blog dos veces se ha escrito antes sobre el coqueto restaurante Karola, sito en pleno Puerto Viejo de Getxo. La primera, recomendaba a vuelapluma el menú del día con “pescado de verdad” (sic) a 17 euros más IVA (precio que se mantiene tres años después); y la segunda criticaba la onerosa factura de una comida a la carta con rodaballo a precio de oro. Me extrañó tanto la impresión de este último post que casi mando un comentario evocando mis positivas experiencias en el local azulón y marinero. Experiencias a la carta con mis amigos celebrando algún cumpleaños o invitado por La Txurri en algún aniversario, y también gozando como un enano de algún menú ejecutivo del día, valorándolo como un lujo a precio asequible. No puedo contar más experiencias que esas tres o cuatro ocasiones, pues no pocos fines de semana he llegado a su puerta y me han dado con ella en las narices porque el local estaba completo y yo no había reservado. Y un día de depresión salí de casa con mi esposa sin ganas de nada y sin plan ni norte y acabamos en el Puerto Viejo, donde miramos el menú del Karola. A 17 más IVA me tentó, pero a La Txurri no le apeteció. Oh, esto me suena… Seguimos paseando por Algorta y miramos los menús del día ya conocidos y probados, de 10 a 14,50 euros (La Sidrería de Algorta, el Boga, el Ugartena…), y la mejor propuesta era la karolingia. Así que volvimos sobre nuestros pasos y subimos a su primer piso. Las maderas del suelo crujían con nuestras pisadas. Nos acomodaron en una mesa para dos y vi que había bastantes parejas ocupando otras. La Txurri notó que la música de ambiente sonaba a muy bajo volumen (a alto volumen ahuyenta a la clientela) y yo sentado me dejé invadir por la atmósfera de serenidad, cual burbujita aislada, del Karola Etxea con su techo de vigas, sus adornos marineros, sus paredes azuladas, sus cortinones…...

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