Bye American Bistró (Getxo). Lástima de precios

Feb 06, 14 Bye American Bistró (Getxo). Lástima de precios

Publicado por en Bizkaia, Destacado, Euskadi

(+30 rating, 6 votes)Cargando... ¿Vamos a la hamburguesería? La pregunta ha perdido un tanto su vigencia, pues la hamburguesa se ha difundido muchísimo, tanto que ya no es preciso acudir a locales especializados para darse el gusto de comer una. Además de en infames cadenas de comida rápida o comida basura, que la han desprestigiado a ojos de los más cortos de vista, dicho sea de paso, hoy es posible dar con ella en bares, restaurantes, puestos callejeros… Así, aunque es sencillo encontrarla con los más distintos grados de complejidad, de la sencillez más desnuda al barroquismo más absurdo y estomagante, no resulta fácil trazar una ruta fiable, realmente recomendable. Porque de noche los días son iguales, pero el pan y la carne no. En Getxo, zona Algorta, sabedor del pecado que supone no haber probado las de Alvarito’s Bar, me quedo con las de Carpanta. En el llano, en el barrio de Las Arenas y la república independiente de Romo, me gustan las del Gure Etxea; especialmente la Gure Etxea, con setas, pimiento rojo y jamón. La pega es que este bar suele estar a tope, en reconocimiento a su apuesta por la calidad, no siempre es fácil hacerse con una mesa y entonces es cuando entra en juego la agenda, el plan B, la oferta diferenciada de Bye American Bistró. A este local, adornado con imágenes en blanco y negro de animales salvajes y del skyline de esa jungla que es Manhattan, le relegan a esa condición de alternativa los precios de sus hamburguesas: entre 9 y 11 euros. Demasiado elevados a mi entender, aunque se acompañen de unas pocas patatas fritas caseras y un puñado de ensalada. Así, en mi última visita, media ración de delicias de pollo (pechuga empanada con queso parmesano, pico de gallo y salsa de mostaza), dos hamburguesas, un postre, un café solo, una caña y una copa de vino, elevaron la dolorosa a nada menos que 37,80€ (¡han cantado bingo, oigan!). Demasiado, insisto. Un auténtico pastón,...

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Cocina para vagonetas: alegría para tus pizzas

(+5 rating, 1 votes)Cargando... Esta sección se llama Cocina para vagonetas por un sencillo motivo, porque somos bastante vagonetas. Pa’ qué negarlo. Tanto es así que, puestos a reetiquetar una vieja entrada que tiene encaje en el nuevo apartado de recetas requetesencillas, hemos decidido recuperar y poner fecha de hoy a ese viejo post en el que empezábamos asegurando que al otro lado de la muga hemos comido buenas pizzas… A botepronto, recuerdo una de foie y jamón de pato que probamos en Hendaia. Muy recomendable. Pero en las pizzerias de Iparralde hay dos detalles generalizados que importaríamos sin dudar: nada más sentarte te ponen en la mesa una botella o una jarra de agua, cortesía de la casa, con lo cual la factura puede reducirse considerablemente; y en la tabla no suele faltar un recipiente con aceite picante que casa con todas las pizzas. ¿Por qué no adoptar las buenas costumbres foráneas? El agua corriente no escasea en estos lares. Y el condimento lo puedes preparar en tu casa. El menda metió en una botellita aceite de oliva, piparrak (guindillas) frescas pero bien rojas (compradas a una aldeana en Portugalete), cayena y granos de pimienta. El resultado es estupendo. Alegría garantizada para tus platos, añadido el complemento una vez han salido las pizzas del horno. Al gusto. Si te pasas con la dosis, podrás cantar a voz en grito eso de Hiiiiiiiiiiiiighwaaaaay to hell!!! Como lo hacía Bon Scott. Olvídate del foniatra. (consejo ofrecido por cuchillo) El autor: CUCHILLO Es el pequeño de los Cubillo Brothers. Nació en 1991, en el mismo Bilbao, es más de salado que de dulce y acostumbra a disociar, con lo cual cambia de apariencia física con frecuencia. Como Robert de Niro antes de rodar Toro Salvaje, pero a lo tonto, por la cara. Él es más de toro tataki. Aprendió pronto que Dow Jones no es un cantante, le incomoda la fama de criticón, pues siempre ha sentido simpatía por el débil, y una máxima guía su proceder: “más vale que...

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Pizzería La Foca Nicanora (Bilbao). No es lo que era

  Sábado tarde, acudimos al Museo Guggenheim Bilbao. La familia. Los críos se fotografían con Puppy, el perrito de Jeff Koons, y, ya dentro, se lo pasan en grande simulando que se zambullen en el agua cuando los diodos luminosos de Jenny Holzer emiten su luz azul y corriendo emocionados entre las esculturas transitables de Richard Serra que integran ‘La materia del tiempo’. El resto no les divierte tanto. Es hora de explicarles que aquí, más que el contenido, lo que mola es el continente, la obra maestra arquitectónica que Frank Gehry recubrió con escamas de titanio. Son las ocho. Salimos, con Mandi, Rmrls y su descendencia, y tomamos un Viña Real (1,60 euros) en el Abando Y Barra. Nos gusta ese bar; aguantas un poco y te ponen algo, una pequeña tapa a base de frutos secos o encurtidos. Puede parecer poco, pero eso en Bilbao es mucho. También cae una Amstel Oro en la taberna Museo Artean. Nos gusta esa cerveza. Repetimos en Abando Y Barra y enfilamos hacia la Foca Nicanora, “American Pizza House”. Aunque está en juego el Madrid – Barça, y se podría pensar que todo el mundo está frente a un televisor, ha habido que esperar 15 minutos antes de sentarse. Les contaré la experiencia. La Foca Nicanora estuvo considerada durante años una buena pizzería. Superior. Muy superior a franquicias como Telepizza, Pizza Hut y Domino’s, por supuesto. Incluso las suyas fueron señaladas con frecuencia como las mejores pizzas de la villa. Ahora no sé qué fama le acompaña, pero me temo que no es lo que era. En sus servilletas se anuncia como despacho de nachos y pizzas, éstas son sus especialidades, de hecho prácticamente su única oferta (al margen de “ensaladillas” de cangrejo, de pasta y rusas), y probamos ambas cosas. ¿Regadas con cerveza, agua y Coca-Cola? “Sólo hay Pepsi“, nos dijo el camarero. Mal empezamos… En este sitio el pedido se coloca directamente sobre el cristal, nada de tapetes o manteles. Tras la bebida (cañas y...

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Le Petit Chalet (Biarritz). Monotonía en la casita de muñecas

Le Petit Chalet no es el típico local que uno espera encontrar en una ciudad de Iparralde asomada al mar, frecuentada por surfistas y emparentada con la alta sociedad. Es más bien el capricho o la acertada solución estética de un hostelero que se vio en la tesitura de hacer acogedor un local sin ventanas. Y lo ha logrado forrándolo de arriba a abajo con madera y decoración montañesa; como una casita de cuento en la que no falta su gran chimenea. Ni peluches. Ni banderines. En nuestra reciente visita fantaseamos con lo agradable que podría ser refugiarnos allí una fría tarde de invierno, de las muchas azotadas por la ventisca en Biarritz, pero pronto nos dimos de bruces con la realidad francesa: a partir de las 14.00 horas olvídate de la carta. Sólo pizzas y, si preguntas, alguna ensalada. Enredado en plena operación bikini, escogí una pirenaica compuesta de lechuga, tomate, bastoncillos de bacon y queso de cabra a la plancha dispuesto sobre tosta, a modo de pintxo, y suavizado con miel. No estaba mal. La decepción llegó con unas pizzas monótonas y escasas de ingredientes que al enfriarse adquirían una textura ‘gomosa’.  La de queso y miel (parece que estaba de antojo, oiga) y la de crema fresca con patata, olivas negras y una pizca de bacon mal repartida. Nuestros niños se merecen otra cosa, aunque ellos no protestaran (la verdad sea dicha) por la que se comieron de champiñones. Por muy bonita que sea la casa de muñecas, en otra ocasión pasaremos de largo. A no ser que sea invierno y nos ofrezcan un chocolate con churros. Si lo ofertan, y lo sirven rico, parece un lugar estupendo para refugiarse. (igor cubillo) ver ubicación 5 Rue Gardères; 64200 Biarritz (Francia) 05 59 22 50 65 Igor CubilloPeriodista y gastrónomo. Economista. Equilibrista (aunque siempre quiso ser domador). Tras firmar durante 15 años en el diario El País, entre 1997 y el ERE de 2012, Igor Cubillo ha logrado reinventarse y en la...

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Fresc Co (Barakaldo). Eso lo dirán ellos

(No Ratings Yet)Cargando... Durante un tiempo se convirtió en mi lugar habitual de comida de fin de semana el Fresc Co, ya que al pequeño de la casa le gustan mucho las pizzas que allí preparan y, como lo de las ensaladas es bastante sano, decidimos volver una vez más. Tengo que decir que la impresión general siempre había sido muy correcta, pero esta vez la nota general iba a ser de suspenso. Llegamos a la franquicia ubicada en el Max Ocio de Barakaldo las cinco personas que componíamos el grupo de comida y, tras servirnos las ensaladas una amable señorita, nos dirigió a una mesa. La amabilidad pronto se convirtió en impertinencia, pues cuando le comentamos la posibilidad de sentarnos en una mesa redonda que le gustaba bastante mas al pequeño, frunció el ceño y pronunció un rotundo, “Os he dicho que en aquella”. Mal empezaba el asunto y todavía no habíamos probado bocado. Malhumorados nos sentamos en la mesa indicada y algunos se dirigieron a la nueva zona de plancha donde esperaban degustar comida ciertamente fresca, y cual fue su sorpresa al ver que lo que allí se exhibía eran restos de lo que días antes  serian entrecot, pizzas duras y recalentadas, langostinos deslavados y pasta que distaba mucho de estar al dente. Continuamos intentándolo con una especie de lasaña de verduras que tenía bastante buena pinta, pero que se quedó en apariencia ya que su textura y sabor fueron para olvidar. Guardaba buen recuerdo del helado de yogur que te puedes servir de postre, también hay de chocolate, pero esta vez todo estaba en nuestra contra; incluso esto estaba malo. Del café desistimos, por si acaso. No se si fue la “amabilidad” que nos brindó la camarera al principio lo que nos guió a lo largo de toda la comida, pero esta vez el Fresc Co fue un Fias Co. Por lo menos fue barato: 13,95 € por comensal. (no le agradan las camareras impertinentes a Iván)  web de Fresc Co ver ubicación...

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