El Clarete (Vitoria). Evolucionado y pegado a la tierra

Oct 07, 13 El Clarete (Vitoria). Evolucionado y pegado a la tierra

Publicado por en Araba-Álava, Destacado, Euskadi

(+25 rating, 5 votes)Cargando... El Clarete me ha conquistado, señoras y señores. Y era complicado que lo hiciera, pues siempre procuro ir a los sitios sin ideas preconcebidas, sin crearme espectativas, para ahorrarme el riesgo de no verlas satisfechas. Y en este caso el listón estaba muy alto, pues llevo más de uno, más de dos y más de tres años escuchando a Zuloko decir que es el mejor restorán de Vitoria – Gasteiz, donde se hace la ley. Pues bien, por fin acomodé mis posaderas en una de sus sillas y la sensación de placidez y satisfacción va a ser complicado describirla y transmitirla en este texto. Aunque lo intentaré. De entrada, tras su austera fachada, me encontré con un espacio acogedor, grato por su sencillez, no te asalta. Elegante, sin necesidad de forrar todo en madera y cortinones. Contemporáneo, sin hacerte sentir en una especie de estación espacial. Y tranquilo, con mucho espacio entre mesas, lo que da la sensación de que ese día han abierto sólo para ti, aunque haya más comensales. Y la bienvenida nos la dio Patxi Fernández de Retana, un profesional que merece un capítulo aparte. No obstante, me limitaré a decir que es amable, cortés y un auténtico apasionado del vino al que dio gusto escuchar cómo explicaba la historia del caldo que solicitamos, sabiendo que era de Artuke, una bodega de la cual también apreciamos su Pies negros. Admiro esa pasión por el trabajo, por el oficio, por el producto, y su capacidad y disposición a compartirla. Al escuchar su completa descripción del vino Finca de los Locos, de sus características visuales y organolépticas, y también de su etimología, parecía que uno ya saboreaba la primera copa. Un vinazo, dicho sea de paso. La primera impresión fue, así, sobresaliente. Quedaba probar lo que sale de su cocina… Lo primero que hay que saber es que han retirado la carta, y ofrecen un menú degustación a 49,50 €, bodega incluida (100% garnacha, Bodegas Primicia, de Laguardia), y...

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Restaurante The Morgan Kompany (Donostia). La sonrisa de las chicas con aparato

(+30 rating, 6 votes)Cargando... Hubo un tiempo en que Uve y Cuchillo cultivaron una bonita amistad. De pronto, amaneció nublado y el florido abecedario de LQCDM perdió una de las letras más apreciadas por redactores y lectores. Y, por añadidura, el punto de vista femenino. Doble drama. Nadie sabe a ciencia cierta el motivo de desencuentro, ni qué suerte corrió la inefable e insigne colaboradora, pero sí es de dominio público que el cubierto aprovechó las escasas pero provechosas conversaciones para llenar de anotaciones su particular libro blanco. En él, apartado “Restaurantes pendientes”, unas palabras en rojo vivo: “Donostia. Morgan Company (sic). International cuisine. Slow food. Uve”. La pasada semana paré en Donostia con mi hermana sister y mi cuñado, dispuesto a comer en el Kaskazuri del Paseo Nuevo, uno de los 20 mejores menús del día de España, según Mikel Iturriaga. Quise ir, para comprobar si estaba tan subjetivamente equivocado (a mi entender, quiero decir) como en otros ejemplos, pero tras comprobar que el local en cuestión estaba cerrado ese lunes, tuve que improvisar un plan B. ¿Qué mejor ocasión para echar mano de esa agenda repleta de recomendaciones de amigos y gastrónomos? Descartados Txubillo y La Muralla, decidí seguir las viejas indicaciones de Uve. ¿Mi gozo en un pozo? Mi gozo en The Morgan Kompany. El descubrimiento resultó deslumbrante, como la sonrisa de las chicas con aparato. El local es muy acogedor, amplio, con algún ligero motivo oriental, paredes y techos en rojo y blanco (eup!) y profusión de carteles y libros en las paredes. ¿Libros? Sí, de cubismo, Tamara Lempicka, Pollock, Basquiat, Gauguin, Van Gogh, Rothko, Monet, Picasso, Hopper… Y pósters del icónico ‘Kind of blue’ de Miles Davis, del Be Bop Bar donostiarra, de cuadros tan famosos como ‘Terraza de café por la noche’, de Vincent Van Gogh… Todo a tono con la música, eminentemente jazzística. Pese a su indisimulable austeridad, una gozada de espacio, una invitación a desconectar y conversar bajo sus lámparas negras, a disfrutar de compañía y comida....

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