Pablo Urzay (Getxo). ¡Caracoles, es carete!

Ene 14, 14 Pablo Urzay (Getxo). ¡Caracoles, es carete!

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Austera fachada de Pablo Urzay (foto: Mr. Duck)

Austera fachada de Pablo Urzay (foto: Mr. Duck)

Abierto en 2001, el Restaurante Urzay tiene dos comedores de 25 y 30 comensales (uno en la planta superior) y se vende así: «Cocina tradicional vasca actualizada. Repostería casera de gran calidad». Pero lo que más mola es la casquería: los caracoles del Bierzo, de sabor bravo, a 18,50 + IVA, pero sólo a 8 euros si los piden como ración en el bar o para llevar a casa (los caracoles les salen tan bien en el Urzay como a mi madre, con gruesos moluscos y salsa vizcaína genuina elaborada con tropiezos y pimiento choricero; son unos caracoles mejores que los del Celler del Roser ilerdense). Los callos (para flipar, aunque a veces ahí los he probado sólo regulares, o sea sin más; no he visto los callos en la carta de su web, por eso no les indico el precio). Y las manitas de cerdo con caracoles a 17,80 + IVA (que aún no he probado en este local pero que espero catar, pues soy experto en las patas de cerdo, de ministro para algunos vulgarizantes). Por su parte, el chef del Urzay destaca entre sus especialidades la terrina de foie casera (17,45 + IVA) y las láminas de bacalao sobre cama de txangurro (16,80 + IVA). Además, asegura que «el origen de sus productos está a menos de 100 kilómetros a la redonda, y la mayoría de sus verduras y hortalizas provienen de baserritarras de Getxo».

Espárragos rellenos, de Pablo Urzay (f: La Reina)

Espárragos rellenos, Pablo Urzay (f: La Reina)

Pues bueno, pensaba titular este post como ‘Sosito, carete y ni fu ni fa’ (es chulo, ¿a que sí?), no obstante, al margen de lo de carete, siento cierta atracción soterrada hacia el local. Aparte que los caracoles están de muerte lenta y me convencieron para variar el sentido del titular. Nunca he salido flotando tras comer en él, sino siempre sopesando los peros. Y eso que he acudido en no pocas ocasiones al Pablo Urzay, barito restaurante que hace esquina en la calle María Cristina, zona de potes de Las Arenas. Siempre he evacuado reflexionando en qué faltó o qué falló. Parecía inevitable un pequeño pero, cierta falta de brillo. Sin embargo, salí supersatisfecho la última ocasión en que me senté en su comedor y zampé el menú del día de 22 euros (con crianza riojano; el mismo menú lo tienen a 19,50 con otro vino, Coto de Hayas), pero he de informar de la trampa: acudí con un bono descuento de Colectivia que rebajaba ese menú de 22 hasta los 13 euritos por barba. Una pena, pues generalmente carezco de bonos, de descuentos, de pases VIP, de barra libre…

Evocaré para ustedes esa ocasión, la mejor por relación calidad-precio de mis visitas. Era jueves y el comedor inferior de siete mesas tenía seis ocupadas y algunas se usaron por duplicado. Casi todos los comensales eran hombres y el comedor se veía entonces coqueto, sin desconchones, no como otras veces que ahí me senté. Lo peor de ese comedor es que las sillas hacen demasiado ruido al moverlas. Pero vayamos al lío: el Urzay ofrece un menú diario a un precio por encima de la media y a veces parece poco chic (morcilla, callos y tal), pero la preparación en cocina está cuidada, el servicio es educado y esmerado (te cambian los cubiertos, te pasan el recogemigas antes del postre, te descorchan la botella a la vista…), la mantelería es blanca y de tela, y el local es finolis, sí, aunque quizá se cierne sobre él cierta sensación… ¿decadente?, ¿triste?… no sé.

Revuelto, en Pablo Urzay (foto: La Reina)

Revuelto, en Pablo Urzay (foto: La Reina)

Ese jueves estuvimos hora y cuarto Carlos y yo. Tardaron algo en servirnos y nos entretuvimos con el agua y el vino (Hacienda López de Haro, un rioja de crianza nuevo con diseño a la antigua, sabor clásico, precio competitivo y muy popular ahora en Logroño), el pan (simples trozos de barra, calientes y ricos) y un aperitivo en forma de sendas croquetas de chorizo, muy apropiadas, y de bacalao o algo así, con más importancia de la bechamel. Luego llegaron los primeros. Carlos había descartado la ensalada de no sé qué y pidió alubias pintas alavesas con chorizo. La encargada no depositó el perol sobre la mesa y el tío dijo basta cuando sólo le habían servido un par de cazos, como mucho tres. Superpoco. Pero estaban riquísimas las legumbres, muy hechas, de alma caserísima, rebajadas en las grasas por mucha zanahoria y con un trocito de chorizo aparente a modo de sacramento. Eran unas alubias mucho mejores que la media de los restaurantes. A su lado colocaron un platito con guindillitas correctas, sobre todo al exprimirles los acidulantes. Yo pedí acelgas de Getxo estofadas, que era temporada según Carlos. Bastante sosas (si hoy se cocina tan soso que dejen saleros en la mesa, se me ocurre), en un plato enorme, muy ricas y genuinas, con lo verde y las pencas alternadas con unas pocas patatitas cocidas.

De segundo pasamos del escalope con patatitas fritas (vaya, a 14,60 + IVA en carta), aunque yo dudé entre eso y los callos y morros, una especialidad de la casa. Carlos quería probarlos, así que los pedí. ¡Y la gocé! Estaban exquisitos, mejores que los que prepara mi madre. Mejores incluso que los del Casa Navarro de Pámanes, Cantabria; éstos los mejores de España según el difunto gourmet y maestro de periodistas Martín Ferrand. Levemente picantillos, los callos y morros opacaban al vino. Carlos, que está de un sano que da asco, optó por la merluza albardada con pimientos del piquillo, y eso que le advertí que le traerían una ración muy escasa. Con todo, estuvo muy rico el pescado y bien fritos los dos trocitos que conjugaban bien con los pimientos rojos: ningún ingrediente se imponía al otro. Semejante combinación merluza-pimiento rojo no me convence, pero esa no estaba mal, me hizo gracia. De postre había peras al vino, creo que arroz con leche, quizá fruta, y lo que pedimos: un flan de coco para mí que estaba mundial, supersápido y con el único adorno de avellanas; y para Carlos un sencillo y sabroso helado de vainilla, dos bolas que mojó con vino y disfrutó hasta el final. Yo salí supercontento, pensando que fue un chollo por 13 euros, pero que por los 22 oficiales me parecía un poco caro, o sea carete. «Sí, mi pescado era muy pequeño, por 22 sería demasiado caro», convino el pacífico Carlos.

Magret, en Pablo Urzay (foto: La Reina)

Magret, Pablo Urzay (f: La Reina)

Y ya he dicho que he ido varias veces al Urzay. Hace muchos años con los amigos. Al diminuto bar he ido con mi mujer. Pensando en investigar para Don Manuel he apoquinado los contes más de seis veces. La penúltima vez que me senté en el comedor, me acompañaba Amaia, La Reina de La Movida, con la que degustamos el mismo menú del día antes contado pero a su precio real, por 19,50 lereles cada uno. Entonces se veían feos desconchones en la pared. Bebimos agua y vino Cuba Vieja, de bodegas Fernández Gasco, de Logroño, 13º, con torrefactos y frutos rojos, muy bueno, vive Dios. El aperitivo fue de pimientos en tempura. De primero había lentejas estofadas que descartamos y que seguramente estuvieran de muerte, más lo que pedimos: revuelto de setas y gambas, sosito (todo es soso en este mundo; por eso el titular de sosito, carete y ni fu ni fa), con ricas gambas, buenas setas y sofisticación a la vista; y espárragos naturales rellenos de txangurro con vinagreta, finos y fríos, sabrosos y contrastando con el txangurro. Muy sano, ya ven, pero muy frío. Nos cambiaron los cubiertos y de segundo había merluza a la plancha con refrito y patata panadera, y lo nuestro: magret de pato a la sartén con salsa de foie y sésamo, y La Reina dijo entre risas (siempre se ríe) que olía a perro mojado, pero fue el mejor pato que he probado en mi vida, muy bien hecho; y yo pedí callos y morros, esa vez justicos, con poco sabor y salsa potente. De postre unas natillas ricas que me remitieron a las industriales y un arroz con leche con peras al vino o algo así de remate. En relación calidad-precio esta ocasión resultó indudablemente cara, y el vino me sorprendió positivamente.

Y aún antes había ido al Urzay con Pato, el colega perfecto. También con un bono de Colectivia, tomamos por 25 euros el menú degustación que ofrecen a 42 euros, sin vino, y que varían cada cierto tiempo. Pedimos una botella de Gran Vos, tinto reserva Somontano 2001, a 21 eurazos + IVA, justo de todo a pesar de que la decantamos; con cuerpo potente, sabor maduro y cerrado, aires de grosella y torrefactos, aroma a sotobosque y validez polipaladeable. Tras el aperitivo de sabrosas coquetas de jamón y de york, degustamos la tarrina de foie casera al moscatel y armagnac con compota de manzana, en panecillos variados, con buena compota y estupendo foie, con su pizca de pimienta. Ah, era fin de semana y recuerdo que nos sirvió una chica que estaba bastante perdida. Luego llegó la ensalada de codillo tostado con frutos secos y caramelo de vinagre balsámico, con el codillo requemado empero resultona la receta. El bacalao a la plancha con crema de hongos y patata panadera estaba saladete (uh: ¡no sosete!) y la crema de hongos tenía sabor concentrado. Las láminas de entrecot con salsa de queso de oveja carranzana cara negra (este queso lo tienen también en raciones en el bar) llegaron en presentación líquida y atropellada, olían muy bien, la carne estaba sosita pero aparente y la salsa agridulce nos remitió al arroz con leche. El postre, sopa de coco con helado de piña, estuvo también muy bien, con ácido helado y rico conjunto. Aparte del bono de 25 euros por comensal, sumamos 25,38 del vino y el agua, y salimos justitos, como el Gran Vos.

 (siempre sale justito y dubitativo del Urzay, Óscar Cubillo)

web de Pablo Urzay

ver ubicación

Reina María Cristina; 48930 Las Arenas, Getxo (Bizkaia)

94 464 98 29

DCF compatable JPEG ImgÓSCAR CUBILLO

Otro más de los licenciados en Ciencias Económicas que pueblan la nómina colaboradora de esta web. Cuando le da por ser comunicativo, manifiesta que publicó el mejor fanzine de rockabilly de España (el Good Rockin’, allá por los 80) y la mejor revista de blues de la Europa Continental (llamada ‘ritmo y blues’, editada de 1995 al 2000). Actualmente junta letras por dinero en el periódico El Correo, por comida en El Diario Vasco, por ego en Lo Que Coma Don Manuel y por contumacia en su propio blog, bautizado ‘Bilbao en Vivo’ y tratante, sobre todo, de conciertos en el Gran Bilbao, ese núcleo poblacional del que espera emigrar cuanto antes. Nunca ha hablado mucho. Hoy día, ni escucha. Hace años que ni lee. Pero de siempre lo que más le ha gustado es comer. Comer más que beber. Y también le agrada ir al cine porque piensa que ahí no hace nada y se está fresquito.

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