Antonio bar (Donostia). Refugio para bien asesorados

Oct 14, 16 Antonio bar (Donostia). Refugio para bien asesorados

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Mucho se ha cuestionado el despliegue de cargos de confianza, familiares y más personal eventual de libre designación que rodea a Mariano Rajoy con el fin de realizar funciones expresamente calificadas como de confianza o asesoramiento especial. Que si el Ejecutivo se salta a la torera la Ley de Transparencia cuando se niega a actualizar el listado publicado en 2012 y 2013, donde se indicaba quiénes eran, dónde trabajaban y cuánto costaban al erario público. Que si los 22 de Rajoy y los 11 de Sáenz de Santamaría nos cuestan la friolera de dos millones de euros anuales. Que si 68 de los 578 declarados en 2013 no tenían ni siquiera el Graduado Escolar. Que si se aflojaron seis millones de euros en bonus de productividad durante ese mismo año… Pero hay que reconocer que el asesor en materia gastronómica, aunque no tuviera estudios, sí puede presumir de buen olfato y se gana el sueldo. De otro modo, durante su visita a Donostia en la reciente campaña electoral en disputa de los 75 escaños del Parlamento Vasco, el vilipendiado político hubiera terminado comiendo en Arzak, Akelarre o cualquier otro refectorio de postín donde la gente gusta de pavonearse y la dolorosa ronda los 300 euros, por cabeza. Calderilla para una ‘black’ en condiciones. Y no, la prensa se hizo eco de que Mariano engulló la primera gilda de su vida y dio un sorbo de txakoli de Getaria en el foodtruck de Alfonso Alonso, y luego comió de manera frugal y acelerada en el almacén del bar Antonio. Frugal, sabrosa y mucho más económica, añado por mi cuenta.

El del presidente en cuestión, o sea cuestionado, es uno de esos casos de los cuales se desprende, a diario, la importancia de contar con buenos prescriptores a la hora de comer en condiciones, allá donde uno vaya. Porque el Antonio no es especialmente atractivo en el plano estético. Aseado y recogido, sí, pero no especialmente bello, no llama la atención desde la otra acera. Incluso a un palmo es difícil percatarse de que allí sirven comidas, pues no es que todo el local esté repleto de carteles advirtiéndolo; para empezar, porque allí no hay menú del día y, además, los pintxos de cocina se anuncian sin precio, lo cual siempre es disuasorio. El sitio es pequeño, hace chaflán en la entrada a una galería y en un lateral cuenta con una estrecha escalera que sube a vete a saber dónde y baja al cuarto de baño, a un coqueto comedor, a una bodega acristalada y al referido almacén donde se guardan cajas y botellas, así como fotografías propias y merchandising de la S.D. Eibar y la Real Sociedad de Fútbol S.A.D., al tiempo que sirve de solicitado refugio al amigo y al poderoso, al empresario en tratos y al famoso discreto, al anónimo y a quien quiere pasar desapercibido. Qué morbo le da a todo pichichi comer en un sótano, entre olores propios y el correr del agua por las cañerías; cómo mola esa atmósfera entre clandestina y exclusiva.

El almacén de Antonio bar, solicitado refugio gastronómico (fotos: Cuchillo)

El almacén de Antonio bar, solicitado refugio gastronómico (fotos: Cuchillo)

Bien es cierto que lo que menos quiere uno es encontrarse allí a Mariano; si le dejan fantasear, prefiere toparse a Woody Allen, Robert de Niro o Mónica Bellucci; a Arturo Pérez-Reverte o Eduardo Mendoza; a Bruce Springsteen, Bob Dylan o Lucinda Williams. Eso sí, un breve saludo, simplemente un levantar de cejas, como si pasara duples a su pareja con aire distraído, y a la mesa, que aquí es donde más se disfruta. Yo acudí días después que Rajoy y, casualidad, el chorizo (de Joselito) fue un excelente entretenimiento mientras llegaban los platos calientes. Para empezar, pochas de Navarra con foie; gustosas, de buena textura y muy (muy) ricas.

Un dechado de delicadeza y sabrosura resultó el ravioli de cigala con salsa de Martini blanco; delicioso. Acto seguido, no decepcionó, sino todo lo contrario, la infalible unión de hongos, yema y foie; crujía la seta y agradaba sobremanera la untuosidad del huevo.

Ravioli, hongos y kokotxas, tres grandes propuestas de Antonio bar (fotos: Cuchillo)

Ravioli, hongos y kokotxas, tres grandes propuestas de Antonio bar (fotos: Cuchillo)

Por los altavoces se sucedían canciones de Chris Isaak, Oasis, The Clash, Police, Bon Jovi y Depeche Mode, en sosegada adaptación lounge, vía Anakelly y compañía, cuando llegaron a la mesa las kokotxas de merluza que sirve la tercera generación de pescadería Coro Sotero, referencia del Mercado de San Martín; confitadas, gustosas y bien finas. Como fino era el rebozado, sin harina, de una segunda tanda igualmente sápida, carnosa y de estupendo aroma. Y el de la merluza albardada. Nuevos ejemplos de una máxima de la casa: no disfrazar los ingredientes.

La carta también incluye kokotxas en salsa verde, a 25€ la ración, pero lo siguiente fue un cuenco de arroz meloso con gamba de Palamós, ese crustáceo rojo del Mediterráneo que obliga a quitarse el sombrero; melosa y ciertamente abracadabrante, la preparación llena la boca con sus soberbios matices y la el marisco se presenta apto para señoritos, con la cola pelada. Vaya sucesión de delicias, ¿verdad? ¿Quién es el responsable de tan buenas terminaciones? José Ramón Ezkurdia, quien fuera durante diez años jefe de cocina del añorado Urepel. Algo era ello…

Arroz con gamba, callos, morros y tarta de queso, en Antonio (fotos: Cuchillo)

Arroz con gamba, callos, morros y tarta de queso, en Antonio (fotos: Cuchillo)

En el apartado de carnes figuran solomillo de ternera (22€) y txuleta de viejo con patatas fritas (43€), pero mi elección fue callos y morros, bañados en salsa vizcaína y pertrechados por tropiezos, que bien podían presumir de intensidad y sencillez. “Escándalo”, pronuncian a mi lado. Es el previo a la tarta de queso casera, como el resto de la oferta, acompañada de helado Y frutos rojos. Momento de apurar la botella de Pruno, tinto de Finca Villacreces señalado en 2015 por Robert Parker (The Wine Advocate) como mejor vino del mundo “calidad/precio”, que siguió a la de Louro, godello de Bodega Rafael Palacios (D.O. Valdeorras).

El bar Antonio, con su honesta propuesta abrazada a la tradición y al producto de temporada, anunciada como cocina vasca con un toque creativo, viene a demostrar que no es necesario contar con caros cuadros y un gigantesco comedor versallés, ni haber visto todos los vídeos de Ferran Adrià, para procurar satisfacción al cliente. Lo más importante es comprar buen género y, como decía el gran Pedro Arregui (Elkano), no estropearlo. Dejar los barroquismos, los múltiples adornos y condimentos, y procurar que el buen gusto, en todos sus sentidos, sea el que cautive al comensal. La sencillez, bien ejecutada, es sinónimo de grandeza. Bien lo saben Humberto Segura y Ramón Elizalde, quienes regentan desde 1995 esta casa cuya persiana levantó por primera vez Antonio Royo, hace ya 46 años. Y tú estás en disposición de disfrutarlo. Ya está anotado en mi lista de favoritos de la ciudad.

(Igor Cubillo _ @igorcubillo)

web de Antonio bar

Calle Bergara, 3 (20005) Donostia – San Sebastián (Gipuzkoa)
943 429 815

info@antoniobar.com

UNA PIZARRA SIN NÚMEROS

“Pide lo que quieras, que está bueno. Sólo lo sacamos si está bueno”. Con esta explicación justifica Humberto Segura el hecho de que la pizarra que anuncia los pintxos del bar Antonio muestre únicamente letras. Habla con seguridad y parece ajeno al hecho de que la ausencia de números resulta disuasoria en barra. Incluso se antoja contraproducente, cuando el importe a pagar por cada artículo oscila entre 2,20€ y 3,50€. Ahí encajan el demandado ravioli de langostino, la tempura de chipirón, la anchoa sobre pimiento verde… Buenas opciones para acompañar el negroni en versión ligera que sirven en la misma barra.antonio-bar-_-aperitivo-y-pescado

Fachada, comedor y cava de Antonio bar (fotos: Cuchillo)

Fachada, comedor y cava de Antonio bar (fotos: Cuchillo)

IGOR CUBILLO

Periodista especializado en música, ocio y cultura, incluida la gastronomía. Economista. Equilibrista (aunque siempre quiso ser domador). En el medio de la vía, en el medio de la vida, si hay suerte, tal vez. Hace las cosas innecesariamente bien y, puestos a hablar, colabora con Radio Euskadi (‘La Ruta Slow’), dirige Lo Que Coma Don Manuel, aún escribe de música en Kmon y de comida en Ondojan, y la buena gente de eldiario.es cuenta con sus textos coquinarios en distintas ediciones.

Vagabundo con cartel, ha pasado la mayor parte de su existencia en el suroeste de Londres, donde hace más de 20 años empezó a teclear, en una Olivetti Studio 54 azul, artículos para El País, Ruta 66, Efe Eme, Ritmo & Blues, Harlem R&R ‘Zine, Bilbao Eskultural, Getxo A Mano (GEYC), Den Dena Magazine, euskadinet y alguna otra trinchera.

Como los Gallo Corneja, es de una familia con fundamento que no perdonaría la cena aunque sonaran las trompetas del juicio final, si es que no han sonado ya.

Ah, tiene perfil en Facebook y en Twitter (@igorcubillo), pero no hace #FollowBack ni #FF. Se le resisten ciertas palabras y acciones con efe. Él sabrá por qué…

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