Bienvenidos a Ajuria Taberna (Getxo)

Abr 24, 13 Bienvenidos a Ajuria Taberna (Getxo)

Publicado por en Bienvenidos, Bizkaia, Euskadi

Cuando uno pasea por Algorta, no extraña encontrarse en la pared de Ajuria Taberna un mural, firmado por Bengoetxea (el 2 de julio de 2003), que reproduce una escena portuaria. No choca, porque una de las rutas para llevan al bar transita entre las casas blancas del muy marinero Puerto Viejo para, una vez arriba, torcer a la izquierda en la calle Andrés Cortina, segunda perpendicular. Eso sí, quizá porque acudimos un lunes, pero uno entra dentro y da la impresión de que el Kadagua (así se llama el barco del mural) no descarga en Ajuria, pues en su barra no hay rastro de pescado, sólo fina tortilla de champiñón dispuesta sobre rodajas de pan, bocadillitos de chorizo vela o “de bocadillo”, sandwiches mixtos, una pequeña tortilla de patata y gruesas cuñas de queso curado. Poco sugerente. Y muy rústico, como el medio utilizado para asegurar el botellón de 5 litros de Piérola sobre la barra: ¡¡cinta adhesiva!! Tras el tablón, un chorizo, un queso empezado y productos de pretéritas revoluciones industriales: una máquina registradora, una cafetera Bravo y un par de grandes molinillos. En las paredes, su escudo del Athletic, su lauburu, una trompeta o corneta (no las distingo, la música militar nunca supo levantar), su reloj de Guinness… Todo viejuno. Ciertamente enfrentado a cualquier corriente contemporánea de diseño. Ése es su encanto. No se me moleste nadie. (cuchillo) * Lo Que Coma Don Manuel destaca en la sección Bienvenidos aquellos ornatos, muñecos, carteles, dibujos y otras decoraciones singulares que, con cierta gracia, nos dan la bienvenida a restaurantes, bares, bistrós, tabernas, chigres, sidrerías, tascas y demás locales hosteleros que tanto nos gusta visitar * Don...

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Karola Etxea (Getxo). Azul relajante

En este blog dos veces se ha escrito antes sobre el coqueto restaurante Karola, sito en pleno Puerto Viejo de Getxo. La primera, recomendaba a vuelapluma el menú del día con “pescado de verdad” (sic) a 17 euros más IVA (precio que se mantiene tres años después); y la segunda criticaba la onerosa factura de una comida a la carta con rodaballo a precio de oro. Me extrañó tanto la impresión de este último post que casi mando un comentario evocando mis positivas experiencias en el local azulón y marinero. Experiencias a la carta con mis amigos celebrando algún cumpleaños o invitado por La Txurri en algún aniversario, y también gozando como un enano de algún menú ejecutivo del día, valorándolo como un lujo a precio asequible. No puedo contar más experiencias que esas tres o cuatro ocasiones, pues no pocos fines de semana he llegado a su puerta y me han dado con ella en las narices porque el local estaba completo y yo no había reservado. Y un día de depresión salí de casa con mi esposa sin ganas de nada y sin plan ni norte y acabamos en el Puerto Viejo, donde miramos el menú del Karola. A 17 más IVA me tentó, pero a La Txurri no le apeteció. Oh, esto me suena… Seguimos paseando por Algorta y miramos los menús del día ya conocidos y probados, de 10 a 14,50 euros (La Sidrería de Algorta, el Boga, el Ugartena…), y la mejor propuesta era la karolingia. Así que volvimos sobre nuestros pasos y subimos a su primer piso. Las maderas del suelo crujían con nuestras pisadas. Nos acomodaron en una mesa para dos y vi que había bastantes parejas ocupando otras. La Txurri notó que la música de ambiente sonaba a muy bajo volumen (a alto volumen ahuyenta a la clientela) y yo sentado me dejé invadir por la atmósfera de serenidad, cual burbujita aislada, del Karola Etxea con su techo de vigas, sus adornos marineros, sus paredes azuladas, sus cortinones…...

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Por Comentar: Restaurante Boga (Getxo); en sus salsas

Ene 08, 13 Por Comentar: Restaurante Boga (Getxo); en sus salsas

Publicado por en Bizkaia, Euskadi

Hace no mucho me ilusionaba mirar siempre en Internet lo que ponían en el menú del día del restaurante algorteño Tellagorri. Ahora ese boyante negocio está cerrado por disputas con el alquiler de la casona, y durante este ínterin ya he ido un par de veces a comer el menú del día al próximo restaurante Boga, cuya barra frecuento (tortillas, gildas, cañas y vinos es lo que más pido) aunque no tanto su comedor, del que Don Manuel ya publicó un texto. El Boga quizá está un tanto más italianizado, pero tiene bastantes similitudes con el clausurado Tellagorri: bonito caserón, terraza, decoración clásica y acogedora, escaleras subiendo al comedor, y gusto por las salsas y por los nombres extensos de sus platos. Hace no mucho acudí con La Txurri a comer el menú del día, el local estaba lleno y no acabé a disgusto. Después, esta Navidad, fui con dos amigos a comer el mismo menú cotidiano y salimos encantados. Y por eso lo cuento, aunque le pongo tres pegas al Boga: si cobran 14,5 lereles por un menú podrían ofrecer un vino mejor, aunque fuese navarro; además podrían cambiar los cubiertos con el segundo plato; y resulta a todas luces insuficiente que haya solo un baño para la clientela de la terraza, la calle, la barra y los dos comedores (uno por planta). Yo intenté entrar dos veces ese miércoles y el baño estaba ocupado. En esta ocasión en que me senté en el Boga había seis primeros platos y descartamos la ensalada de pollo braseado (ya la había probado, es sabrosa y saciante), los raviolis de pasta (que pedían los niños ese día) y la penca rellena de serrano y queso (ya la había probado y es muy competente también). Comimos esto: Gerar, ‘hojaldre relleno de espinacas, bacón y queso de cabra sobre crema de foie’ (suave, con el hojaldre en su punto, cierto picantillo en el relleno y queso de cabra convincente); Carlos, ‘creppe a la paisana con piperrada mixta y...

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Restaurante Adega Paço do Conde (Coimbra). La importancia del orden en la mesa.

Una tía mía acostumbraba a decir “El estómago no tiene baldas” para justificar el desorden en la ingestión de alimentos. Si el dulce es lo que más me apetece en este momento, por qué no empezar por esa tarta que me mira con ojos golosos, antes de comer el entrecote y la sopa, ¿eh? Había que darle la razón y ver cómo se relamía entre cremas y hojaldres, gozosa, mientras tú soplabas y soplabas, resignado, esperando a que el caldo se enfriara un tanto. Nadie debe extrañarse por ello, pues la máxima de los estantes debe guiar hoy también a muchos hosteleros que desatienden la tan necesaria lógica a la hora de servir las mesas y atender a sus clientes. Una desatención que, lamentablemente, ya no se circunscribe al sindios de los restaurantes chinos, donde el reducido precio justifica que nos sirvan al tiempo rollito de primavera, salsa soja, agridulce y picante, fideos de arroz, chopsuey, flan chino, cerveza, café, copa, puro y licor de rosas. Como muestra, sirvan estos botones de este mismo verano: María, lectora de LQCDM y cocinera, se olvidó del corporativismo cuando le sirvieron los platos calientes en primer lugar a su paso por la sidrería El Bodegón de Llanes, donde, por lo visto, llaman bogavante al surimi; Jgar, otro lector del blog, todavía andará mosqueado después de que “la dueña” del restaurante Boga, en Algorta, le dijera “enfurecida” que “allí se comía como ella decía”. Todo por pedir que llevaran “más despacio los platos, porque no había más sitio en la mesa”. Y yo mismo he padecido recientemente el desdén de cocineros y meseros a mi paso por Coimbra. Lo padecí, y el recuerdo de tamaño desaguisado ensombrece cualquier otro recuerdo de mi escala en la ciudad surcada por el río Mondego, el más largo entre cuantos nacen y desembocan en Portugal. Orgullo nacional. Excepción hecha de las angostas cuestas que conducen a la vieja universidad, el parque Portugal de los Pequeñines y los cafés a 70 céntimos. Si...

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Restaurante Karola Etxea (Getxo). Reflexiones sobre una cuenta abultada

El Karola nunca ha figurado entre nuestros restaurantes preferidos. A la hora de los homenajes siempre hemos preferido el Zabala, el vecino asador El Puerto. No obstante, en más de una ocasión hemos sacado partido a su menú del día. A eso íbamos cuando, cegado por el amor, me iluminé y dije “me apetece comer un pescado rico”. Tenemos sapito, lenguado, almeja gallega, gamba de Huelva, un centollo, un bogavante de kilo… Sí, sí, todo eso está muy bien, pero saque rodaballo para dos. Compartiremos también una ensalada templada de atún rojo y una botella de Itsasmendi 7. ¿La cuenta, por favor? 98,28 euros. A saber. 1. 2 x Pan y cubierto: 4.32 euros. ¿Creen ustedes que nos comimos más de cuatro euros de pan? Basta mirarnos las posaderas a mi (insultantemente) atractiva esposa y a mí para darse cuenta de que no fue así. Primero creí leer “Pan y servicio”, y me mostré tolerante y comprensivo, por aquello de que había hecho uso del excusado; luego comprobé que era “Pan y cubierto”… en cuanto llegue a casa comprobaré que mi chica no se metió ninguno al bolsillo. Aunque más bien creo que se cobran la propina por adelantado. Feo. Muy feo, de hecho, porque a quienes van a menú no les inflingen esa ‘mordida’. ¿Por qué se penaliza a quien realiza mayor gasto? No lo entenderé jamás. 2. 1 x Ensalada de atún rojo: 19,98 euros. Resultó consistente, sí, pero por la contribución de los ingredientes que no figuran en su nombre. En suma, pocos tacos de atún y muy especiada. Además de cara. 3. 2 x Rodaballo: 56,16 euros. Esperábamos una pieza, o una buena porción a la brasa. Por ese precio, casi un kilo de pescado. Y no, llegaron porciones de tamaño moderado, tal vez demasiado hechas, sobre patata panadera (¡más madera!) y típico refrito a la bilbaína, con ajo y guindilla. Rico, indudablemente, pero desmesurado en su coste. Que había mucha más tubérculo, limón, tomate y verde que pescado, oiga....

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Restaurante Tellagorri (Getxo). Pequeños lujos cotidianos

Muy bonito es el restaurante Tellagorri, sito en el cogollito del poteo de Algorta, cerca de los bares y también restoranes Piper’s, Ugartena y Boga, éste último muy influido por el Tellagorri. Ubicado en un antañón caserón de piedra, el Tellagorri ofrece molona y solicitada terracita (atestada en estío, sí), bar bien puesto, servido y provisto (vinos anunciados en una pizarrita, pinchos variados, raciones de anchoas y champiñones, un caldo que un día me resucitó de una resaca mortal, etc.) y comedor subiendo la escalera. Un comedor tan precioso como revelan sin trampa ni cartón las fotos de su cuidada web. Un comedor coqueto con vigas y techo de madera, piedras en la pared, bonitas ventanas, espacios pintados en rojo, agradable mantelería, buena disposición de las mesas, clientela educada que no habla alto y a menudo muy mayor, y ninguna música de fondo, lo cual contribuye a la serenidad general del ambiente. Algunos cocineros recomiendan encarecida y públicamente los pescados del Tellagorri (a menudo en piezas de kilo para dos raciones) y no pocos clientes avalan su chuletón. Los del Tellagorri en su web escriben que hacen cocina tradicional con toques actuales, pero no sé, yo diría que su éxito se halla en el producto, diversos exotismos en los platos y la cuidada elaboración, todo al servicio de un papeo clásico pero puesto al día. Hacía mucho que no íbamos a comer ahí. En Carnaval nos animamos a su menú del día: 14 lereles, IVA incluido, con vino riojano y propuesta culinaria de luengos bautismos en los platos pero hondos sabores. Era miércoles y el comedor se llenó y muchas mesas doblaron su utilidad. Las atendía un chico dicharachero, raudo y cómplice, de afabilidad descarada y echada p’alante, un tipo charlatán y suelto infectado por el síndrome Mario Vaquerizo y que a La Txurri le cayó muy bien. Ese miércoles había cuatro entrantes en el menú: ensalada con lascas de idiazábal, piquillos y vinagreta de nuez y más cosas que ni recuerdo ni apunté...

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The Piper’s Irish Pub (Getxo). Deportes y papeos populares

El Piper’s, más conocido como El Irlandés, es un pub muy conocido en Algorta. Expende cervezas de barril, pinchos variopintos, bocatas y vinos del gusto local, y mantiene un aplicado seguimiento deportivo a través de la televisión. Se trata de un bar amplio, está decorado con profusión de maderas, lo delimitan algunas barandillas, las columnas molan y cuenta con un par de comedores recogidos, aunque suele acudir tanta gente a comer su menú del día (10,5 €, IVA incluido) y del fin de semana (16 €, IVA incluido), que las mesas se desparraman hasta las postrimerías de la barra. Hubo una temporada que comía a menudo ahí, incluso fui con amigos, pero creo que acabé aburriéndome. Aunque, contradictoriamente, al leer su menú escrito a mano y pegado en la calle a veces me entraban el hambre y las ganas de entrar. Y un día, un domingo, La Txurri se animó a ir y a pagar ella. Llamamos por teléfono, nos cantaron el menú y preventivamente reservamos mesa para dos, pues no es raro que el Piper’s se llene, siendo esta otra de las razones por las que no almorzábamos ahí hacía años. Recuperamos la costumbre el día que Nadal perdió la final de Open de Australia en un partido épico y luengo contra Djokovic, nos sentamos en una mesa expuesta preparada con servilletas y mantelitos de papel, Susana pidió que cerraran la puerta del local pues se creaba corriente (y además fumadores maleducados entraban pitillo en mano para ver a Nadal), y pronto nos sirvieron el agua y el vino; éste Entari, rioja de año, de las bodegas Ramírez de la Piscina, con olor a mora y fresas, sabor mineral, amplio en boca y con el paso del tiempo demasiado carbónico. De primero preterimos el salpicón de marisco (apetecía, ¿eh?, y más sabiendo que el clarete era navarro y el blanco me parece que de Rueda), yo casi pido pisto (pero cambié de opinión cuando supe que el vino era de cosecha, no de mesa),...

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Restaurante Boga (Getxo). Menús con encanto y nivel

Dic 26, 10 Restaurante Boga (Getxo). Menús con encanto y nivel

Publicado por en Bizkaia

Un fin de semana fui con los colegas al Restaurante Boga de Algorta, edificio de 1859 remozado, con bar en la planta baja, una terraza recogida al fondo, un comedor oscuro en la primera y otro claro en la segunda. Tenía ganas de ir y la buena onda no se vio decepcionada. Nos plantamos en el local un domingo del puente de la Constitución/Inmaculada y nos decantamos por el menú especial (32 euros, IVA incluido), con dos entrantes para compartir y una larga lista de segundos: cinco de pescado (bacalaos, merluzas…; además, fuera de lo previsto, también ofrecían sapito de ración) y tres de carne (entrecot, magret de pato…). Y de vino, crianza… de Ribera de Duero: Viña El Portalón 2005, de Burgos, 12 meses en barrica, con cuerpo de caldo castellano pero frutal y sin picar por el exceso de especias. Maridaba con las ensaladas, los hojaldres, el pescado… El local estaba lleno y mientras sonaba Vivaldi, en el comedor superior, el precioso y blanco, con piedra, madera en las vigas y claraboyas en el techo donde salpicaba muda la lluvia, sentados en mullidas sillas de cuero blanco y atendidos por diligentes camareros vestidos de negro, atacamos la ensalada de ventresca grasa y suave con pimientos de piquillo y otros verdes, anchoas grandes, tomate deshidratado airoso, cebolla pochada, oliva virgen y vinagre de Módena. Se trataba de una fuente extraordinariamente generosa en cantidad, equilibrada y presentada con canónigos en la cima. Carlos la sirvió con maestría profesional (cuchara y tenedor asidos con una mano) y repetimos varias veces, pues costaba consumirla por completo. Luego llegaron los pastelitos de hojaldre sobre crema de boletus: tres tartitas calientes que olían a hondos, con las verduritas disimuladas y el foie elegante, empastado. Muy rico, oigan, y eso que no soy de hojaldres. Los camareros eficientes le repusieron el pan al amigo Topo sin que este lo pidiera y le trajeron escalando la escalera sus cañas de Voll-Damm, muy bien servidas y con espuma. De segundo los...

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