Casa Gelín (Santander). Papeo tradicional cántabro

(+5 rating, 1 votes)Cargando... Tenía ganas de debutar en el Gelín, casa de comidas, hospedaje y bar de larga tradición: más de medio siglo según informa su página web. Radica a la entrada de La Pozona (como algunos llaman a Santander Capital) y está cerca de El Corte Inglés, el centro comercial donde siempre que voy compro comida, ropa y la última vez casi una moto, lo juro. Nueva Montaña es un barrio de reciente construcción con bastantes tabernas. Una de ellas es la Cervecería Hijos de Gelín, de decoración modernista, minimal y con muchos brillos. La visitamos el año pasado, pero ni fu ni fa, y por eso no escribí sobre la experiencia, aunque me llamó la atención el cuidado que tenían por los gin tonics, cuidado aprendido de la casa madre… o sea padre. El caso es que nos sentamos en un comedor del Casa Gelín durante las pasadas VIII Jornadas de los Productos Gastronómicos de Cantabria. Elegimos su competitivo menú degustación de cinco platos más bodega por 30 lereles. Paseando acudimos en persona a reservar mesa un sábado soleado y molón desde la mañana a la noche. Y en su terraza vimos a José Campos, el marido de la Bordiú, que es un habitual: dos días hemos ido al Gelín y los dos le hemos visto en el local. Tras un pote previo en un irlandés de Nueva Montaña arribamos a la hora establecida y el refectorio estaba ya mediado. Nos acomodaron en una mesa esquinada pero muy buena. Mi silla se movía hacia los lados y la cambié por la de detrás justo antes de que viniera la desconocida señora, je, je… Mientras esperábamos a que nos atendieran miré la carta basada en el producto sin alharacas (como su web, eficaz y clara), criticamos a una prepúber petarda, chillona y molesta con su smart phone, me fijé en que en cada mesa un cartelito recomendaba el vino Reserva Barón de Ley por 13 euros, me colé a fisgar en la...

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Bar – Restaurante Apikale (Bilbao). Ambiente chill out

Hace dos sábados nos reunimos un grupo de amigos para cenar en Apikale, y la verdad es que fue un descubrimiento. La velada transcurrió en el reservado existente, un espacio muy bien decorado, con sencillez y elegancia, en colores oscuros y con dibujos geométricos. La mesa era rectangular y nos sentamos en una especie de sofá muy cómodo en forma de ele; para seis personas el sitio está muy bien, aunque no sé si resultaría incómodo de haber sido más. Al cerrar la puerta no oyes prácticamente ningún ruido, lo que invita a la buena charla y a las confidencias. La cena consistió en un menú sencillo pero muy completo. Para empezar, ensalada de ventresca, jamón ibérico acompañado de pa amb tomàquet y mi- cuit de pato. Luego el plato principal, a escoger entre solomillo al queso y bacalao. El queso venía en un cuenco, no sobre el solomillo, con lo cual cada uno puede degustar la carne a su gusto. Y el bacalao al pil-pil estaba excelente. De postre, nos dieron a elegir entre crepes de chocolate caliente y sorbete de ginebra, un sorbete tipo al cava que, como su propio nombre indica, lleva ginebra; estaba muy rico y suave, prácticamente no se notaba el alcohol. Todo ello regado con un rioja Alesanco, de Bodegas Martínez Alesanco. Todo eso cenamos por 30 euros (incluido el IVA) en un ambiente chill out que, lejos de molestar, dejaba margen a hablar de todo lo humano y lo divino. De antiguos compañeros de una empresa que ya no existe, hemos pasado a ser buenos amigos y, claro, tenemos mucho de lo que hablar… Tan bien estábamos que pedimos allí mismo la copa de rigor; son especialistas en la materia y, de hecho, han participado en la final del Concurso de Gin Tonic organizado por BilbaoCentro con un combinado a base de Tanqueray Ten, escama de bergamota, escama de pomelo blanco, pomelo rojo, twist de lima y Fever Tree.  Una muy buena experiencia; merece repetir, y más...

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