Prêt à Porter (Larrabetzu). Nada que ver con Azurmendi

Mar 04, 15 Prêt à Porter (Larrabetzu). Nada que ver con Azurmendi

Publicado por en Bizkaia, Destacado, Euskadi

Eneko Atxa creó Prêt à Porter, donde ofrece un único menú a 41,80 euros, para acercar la alta cocina al común de los mortales, en formato “casual y dinámico”. Pero comer allí poco tiene que ver con hacerlo en su tres estrellas.

leer más

Mojo Club (Getxo). Burgers de Champions

Mar 21, 14 Mojo Club (Getxo). Burgers de Champions

Publicado por en Bizkaia, Destacado, Euskadi

(+79 rating, 18 votes)Cargando... La de cambios de decoración y de regencia que he vivido en el ahora denominado Mojo Club. Justo anteriormente se llamaba Noho y se trataba de un pub modernuqui que devastó toda la excelsa decoración del precedente Britannia, un pub inglés barroco copiado de uno isleño de verdad y que tenía una fastuosa cristalera en el techo, maderas cálidas por doquier, una luenga barra que se caga la perra y unos cómodos taburetes tipo trono (sentado en uno de ellos se durmió una noche mi amigo Gabi hablando con el camarero; Gabi, alias Cubatón, jo, jo, jo). En sus buenos tiempos, hace unos diez años, yo acudía al Britannia de mañana y tarde, y a veces de noche. Comía pinchos de bacalao al pil pil, tacos de bonito con vinagreta, bebía vino tinto en una cristalería del copón, y observaba a los burgueses, gente mayor la mayoría. Qué lujo accesible y diario. Lo malo es que ese negocio pretendía abarcar demasiado (desayunos, comidas y copas de noche, con todo lo de en medio, desde el aperitivo matutino a los cafés vespertinos) y no salió para adelante. Ahí hace una década curraban el roquero Jorge Clavo, que ahora toca la batería en Los Fastuosos de la Ribera, y la bacaladera Elisa, una beldad tipo Ava Gardner (pero mejor y más joven), que ahora sabe Dios dónde andará. Y pensando, remontándome en el tiempo, el Mojo antes se llamaba Donato. Joder, eso igual era hace un cuarto de siglo. El caso es que ahora suelo ir al nuevo Mojo Club. A tomar birras, a ver los partidos de Canal Plus (las pantallas de televisión con la nueva regencia son demasiado pequeñas, aviso) y a disfrutar sus burgers (¡sin cubiertos!). Pantalla enana y sin cubiertos, local con una decoración minimalista, esquinada e incómoda, y un horario reducido (tarde-noche; no abren los mediodías ni los findes), pero lo frecuento por la amplitud de sus espacios, la calidad de sus parroquianos (no chillan), su cerveza...

leer más

Bistró Guggenheim Bilbao. El vino, un insulto al talento del chef

El Museo Guggenheim Bilbao está de moda, en el plano gastronómico, porque al restaurante que regenta Josean Alija bajo su piel de titanio (Nerua) le ha sido concedida la primera estrella Michelin. Enhorabuena, pues, a un cocinero que no logró seducirnos en los dos o tres cócteles donde hemos probado sus creaciones. Quizá por eso optamos por cenar el menú degustación del Bistró Guggenheim, que ubica sus mesas al fondo de la cafetería, asomadas a la ria. Allí nos dirigimos y encontramos, a modo de bienvenida, una gran sonrisa. De aperitivo, aceitunas corrientes. Para empezar a beber, una copa de cava con frutos rojos que había que empeñarse en la tarea para acabarla. La terrina de txangurro estaba rica, cierto es. Igual que el arroz cremoso de chipirón con queso Idiazabal. Y a mitad de cordero asado y deshuesado (preparación rica y original) ya nos dimos cuenta de que es un menú contundente, saciante. De postre, una torrija caramelizada en la sartén que pecaba de sequedad y a la que hacía flaco favor el helado de café. Todo ello por 32 euros + IVA, un precio más que asequible, vive Dios, si no fuera porque el vino del menú, de ese convenido por casi 6.000 de las antiguas pesetas (era una moneda, por si alguno no la conoció, que lo cierto es que el tiempo corre que es una barbaridad), era un desastre. Un insulto al cliente. E incluso al talento del chef. Sabedores de ello, supongo, lo primero que ofrece la casa es la opción “maridaje” que, pagando 9,50 euros (+ IVA) más (cada uno), da opción a acompañar cada plato con una copa de cuatro vinos diferentes: txakoli Itsasmendi, Baigorri crianza, Aura verdejo y uno dulce que no recuerdo. A casi tres euros el chupito, oiga.  ¿Qué les cuesta cobrar dos euros más, si es preciso, y servir un vino decente en vez del Palaciego de año? Uno de esos crianzas que despachan a 6 euros en el súper sería más que suficiente. La primera preocupación del hostelero debería ser que el vino que sirve ‘de serie’ maridase...

leer más

Restaurante La Cuchara de Euskalduna (Bilbao). Lo de siempre, pero mejor

Contentos debutamos en el restorán La Cuchara, de propuesta tradicionalista pero actualizada con ribetes. El negocio radica en Botica Vieja, frente al Palacio Euskalduna, y no hay que confundirlo con el similar y próximo figón chuletero La Gabarra. Acudimos a La Cuchara consumiendo sendos cupones de descuento de Colectivia. Cada uno nos costó 28 lereles y ofrecía aperitivo, dos entrantes, pescado, carne y postre, sin bodega. Se supone que el menú degustación ahí cuesta unos 44, o sea que nos ahorramos unos 16 por barba. Antes de sentarnos, Pato se apresuró a saludar a una pareja, a Amaia y Toni, pues ella trabaja en su empresa. Como nosotros, ellos probarían el menú de Colectivia, pues a todos nos caducaba pronto. Y eso, que vas a cualquier parte del mundo y Pato conoce a alguien. Nos sentamos en un vértice desde el que podíamos divisar por entero el amplio y despejado comedor. Al fondo, en la fachada, había una cristalera ancha y con cortinas. El recinto estaba lleno (parejas mayores, familias con muchos niños, tres señoras burguesas…), pero los comensales educados hablaban bajito y lo que podría convertirse en una jaula de grillos por el eco, a la postre se reveló como un diáfano y acogedor comedor. A mí me recordó al de una cervecera de lujo y a cubierto, por cierto. En La Cuchara nos atendieron con donosura y sin demora. Aparte del cupón pedimos agua (medio litro de Font Vella en cristal, a 2,40 + IVA en la factura) y el vino, que elegí yo. Comprobé que la carta de caldos no era muy larga y tenía los precios cargaditos: Legaris 2007 a 27 euros, Baigorri 2007 a 22… Yo señalé el Pruno de 2008, a 22 + IVA. Pato lo desconocía, lo cató con ceremonia ante la mirada atenta de la camarera de Valencia, lo aprobó contento y según comíamos lo valoraba aun más: suave, fragante, moras, grosella, todoterreno… Sus amigos de la otra mesa bebieron Itsasmendi número 7, chacolí vizcaíno muy...

leer más