Gran Canaria se presenta en Bilbao

Abr 29, 14 Gran Canaria se presenta en Bilbao

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El acto nos permitió conocer las ofertas de los hoteles: Hotel Bed & Chic Las Palmas; Doña Rosa; Gran Canaria Seaside Palm Beach; Sercotel Hotel Cristina Las Palmas; Grantural; Hotel Concorde; Mur Hoteles (Hotel Neptuno Gran Canaria, Apartamentos Buenos Aires Gran Canaria y los Bungalows Parque Romántico Gran Canaria); NH Imperial Playa y NH Playa de Las Canteras; Hotel Parque y Hotel Santa Catalina.

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Restaurante Playa de Mogán (Puerto de Mogán). El protocolo y el matagatos

Ago 22, 11 Restaurante Playa de Mogán (Puerto de Mogán). El protocolo y el matagatos

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(+5 rating, 1 votes) Cargando… Un día que me apetecía gastarme el dinero a lo grande en Gran Canaria nos fuimos a Puerto Mogán dispuestos a comer en plan divino. Pensaba que ahí destellaba La Meca del megapijerío turístico, imaginaba comer en el Kaia o algún restorán rutilante similar, pero nos pasamos de largo, pues el Kaia debe de estar varias bahías antes, en playa Amadores. El caso es que arribamos a Puerto Mogán por la carretera de la costa, sorteando barrancos, asomándonos a precipicios, salvando escombreras y temiendo que nos arrollara algún desprendimiento. Pero llegamos vivos y vimos que el pequeñito Puerto Mogán se agota en sí mismo. En poco tiempo paseamos por el puerto, poteamos en el faro, paseamos por la playa, poteamos en la esquina, nos saludaron niños simpáticos y señoras afables que no nos conocían de nada, nos topamos con el chiringuito O Portugués comentado en este blog de prestigio mundial («calidad excelente», se anunciaba el garito), y paseamos por la bonita plaza de los restaurantes para turistas descartando todas las ofertas por homogéneas y próximas a la comida en serie («el pescado fresco es dorada… de crianza, sí», nos reveló un camarero bajando la mirada, pero sin mentir). Para entonces, ya conocedor del núcleo urbano entero, concluí que el único local que servía pescado auténtico era el Playa de Mogán, con ambiente antañón, con su nevera expuesta al público y llena de pescaditos del Atlántico, y con su terracita paralela a una calle de aspecto colonial con casitas blancas viejas, coches aparcados en batería, macetas y faroles antiguos peleando contra la luz del crepúsculo. En tal local pretendí gastar la pasta sin recato (y sin suerte), bajo pósters de pescados que nadie sabe dónde se sumergen. Como no había apenas gente cuando llegamos, nos atendieron muy bien. Insistí en que me enseñaran la nevera para explicarme las piezas, nos contaron que los pescadores ya no quieren salir a la mar (como en Galicia, por ejemplo, o como en El País Brusco),...

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Cafetería-Restaurante El Mordisco (Las Palmas). ¿Por ocho euros?

Veraneando en Gran Canaria pillamos el autobús y subimos a Las Palmas de G. C. con ánimo de ver el casco viejo con los rastros de Colón, consumir textiles y papear en el mejor restorán capitalino. A la postre, pasamos del previsto Restaurante Chacalote que recomendaban en Internet (estaba muy lejos, a la entrada de la urbe, y con pena debí decir adiós a sus mariscos), del Amaiur vasco que descubrí en la publicidad de un plano urbano (no me apetecía comer merluza), del entonces ignoto Ribera del Río Miño (a la vuelta a la Península me enteré de la existencia de este restorán gallego cercano a la playa de Las Canteras) y del Ar Muggarnon (éste lo descubrí paseando por la calle Triana -la tradicional columna vertebral de las compras en la ciudad- y me sedujo su carta de cocina moderna con gracia en los bautismos de los platos; no obstante, lo desprecié por el alto volumen de la música), y nos decantamos por ingerir un menú diario, a 8 euros de nada, en el Restaurante El Mordisco, anejo al Ar-Muggarán (el uno tenía todas las mesas llenas, también las de la terraza, el otro todas vacías y al menos tres personas acudieron a currar para nada). Así que, tras descartar unas decenas de metros antes el también concurrido pub irlandés McCarthy’s (tiene un menú diario a 10 euros y varía cada día de la semana; ese lunes había entrecot), nos acomodamos en la fea calle que converge en la Triana, en los asientos con cojines naranjas del Mordisco, y esperamos pacientes a que nos atendieran los camareros, Said y Mohamed creo que se llamaban. En el cartel del menú, con una oferta corta pero excitadora de las papilas gustativas, se ofrecía de primero ensalada y ‘potage’ de lentejas (sí, esta es una falta de ortografía habitual ahí, pero potaje se escribe con jota de co… raje), y de segundo berenjena rellena de marisco (ñam-ñam) y albóndigas. La Txurri pidió agua, oh, sí, cómo no, y yo...

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Maximilian’s Restaurante Pizza & Pasta (Costa Meloneras). Marco incomparable

Iniciamos las escapadas estivales de 2011 en Gran Canaria, sabedores de que la gastronomía en las Islas Canarias no es fácil de cultivar. Ahí abunda la comida rápida (mi oferta favorita volvió a ser el medio pollo asado, especiado y guarnicionado con patatas y ensalada, solo por tres euritos y pico; bien surtido con copas de buena cerveza alemana lo papeamos en la terraza del Ristorante La Piazza, en la Playa del Inglés), hay algunas franquicias (McDonald’s y Burger King, que tienen competencia doméstica por doquier) y escasean los restoranes de nivel, aunque existen. Un día de esos, en el hotel, hojeando una revista turística, descubrí varios locales tentadores y lujosos (un par de ellos con nombres vascos: Gorbeia y Kaia), y me propuse acudir al restaurante Maximilian’s, sito en Meloneras, una zona pijita y pujante. Por la mañana, después de tomarnos una birrita en el restaurante costero, pijotero, pescatero y cercano El Senador, a las 4 p.m. nos sentamos en el cenador-terraza del Maximilian’s, un espacio acogedor, protegido del solazo, en tonos beige y blancos, y a pie del famoso faro. Estábamos rodeados de colores: azul del mar y del cielo, cortados sus tonos por el tiralíneas del horizonte; verde del cesped y las palmas; blanco de las sillas de paja, los manteles y las fachadas de los hoteles; y marrón del faro fálico, los paseos entre los jardines, los troncos de las palmeras y el suelo que pisábamos. En la publicidad, esta pizzería finolis (con servilletas de papel, eso sí) presumía de ‘pescado del día’, o sea fresco, pero ahí en Gran Canaria esto parece una entelequia: el pescado del día era xargo (similar a la mojarra), pero se había agotado; también como ‘fresco’ ofrecían lubina, pero nos dijeron que era de piscifactoría; solicité de la carta lenguado a la menier, pero sin preguntarlo me advirtieron que no era fresco -supongo que sería congelado-. Gente honrada. Desistí de comer pescado, que siempre acompañan con arroz en el Maximilian’s. Al final, para empezar...

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