Sidrería El Almacén (Llanes). Sidra bien escanciada y comida con fundamento

Hay dos Llanes, la tumultuosa de los días festivos y sus despedidas de solteros/as (grupos beodos con penes en las diademas; el horror, oh, el horror), los puentes de cuadrillas con camisetas del Athletic, el espanto del gentío apelmazado y borreguil de la Semana Santa, el mes de agosto y sus madrileños de vermú. Luego hay otro Llanes, el melancólico de entresemana, de los meses del resto del año, de las calles vacías y de los bares con cuatro mesas. Somos egoístas y preferimos ese Llanes. Aunque los comerciantes y hosteleros renieguen de la temporalidad y se cisquen en las progenitoras de los hombres del tiempo que les espantan los clientes. Señores/as, Asturias non ye verde por casualidad y el que no esté dispuesto a mojarse un poquín que se vaya a Almería, que es un destino turístico honroso y que, por tener, tiene un desierto, el de Tabernas. Aprovecho para mandar un abrazo a David Tabernas, insigne periodista económico de El Diario Vasco y a todos los taberneros que nos han saciado la sed de justicia con sus diálogos y la otra sed con sus bebidas espirituosas. Ya que hablamos de buenos taberneros nos iremos a El Almacén. Un local de comidas y bebidas con trabajadores de la barra fija, de esos que limpian, fijan y dan esplendor a su oficio. Son legendarios, el de la coleta y el otro, el largo y serio, no les tiembla el pulso a la hora de escanciar un buen culete de sidra y se dejan y alejan de esos engendros del demoniu, los escanciadores a pilas, que Pelayo confunda. Y, además, la sidra se sirve aquí a la temperatura correcta, sin dar ni una gota de razón a a aquellos que no la tienen, que son los que la piden helada de nevera. No, la sidra se toma enfriada lo justo, en barreños con agua corriente, y para eso están los artistas de la barra de El Almacén, para que nadie salga con una impresión equivocada de...

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Sidra, parrochas y el peor pulpo del mundo, en la calle Gascona (Oviedo)

¿Se acuerdan de Paul? Sí, aquel pulpo común que, pese a no distinguir los colores (como todos los octopus vulgaris, no lo digo por desprestigiarle gratuitamente), tenía tanta suerte que, durante el Mundial de Fútbol de Suráfrica, le ponían frente a dos cajas identificadas con la bandera de un país determinado y era capaz de señalar aquella correspondiente al equipo que iba a ganar el partido de turno… Pues bien, para cuantos acudimos a la ultima Operación Polvorón de 2011, ese tal Paul es un pringado, carne de caldereta, de palillo y pimentón. Para nosotros, admiradores de Pacita con carencia matinal de ibuprofeno, el pulpo más recordado de todo el siglo XXI es el que nos comimos en El Cachopito. El local se ubica en la calle Gascona, pequeño Bulevar de la Sidra ovetense, destino natural del turista más vaguete donde recomendamos empezar calzándose una docena de ricas parrochas en El Ferroviario. Esta vieja sidrería con atractivo aroma a tasca, donde el infatigable camarero escancia culín a culín infinidad de botellas de sidra Peñón con extrema profesionalidad, disposición casi marcial y principio de surco en su calva frente, no aparece en muchas webs, pero la recomiendan también los lugareños. La mejor referencia. Y en las guías turísticas no faltan indicaciones para llegar a la sede capitalina de Tierra Astur, moderno chigre donde la gente espera lo que haga falta para hacerse con una mesa, aunque en este espacio de moda existe la posibilidad de adquirir productos autóctonos en el mostrador instalado en la misma entrada y nosotros dimos buena cuenta de unos ricos fritos de bacalao en la barra. Queríamos comer algo ligero y, por decir que somos de Bilbao, terminamos comiendo un txuleton de 1.200 gramos en la Sidrería Villaviciosa. En la misma barra, que por algo somos txikiteros. Lo presentaron acompañado de un bandejón de patatas fritas con alguna tira de pimiento rojo, junto a una plancha con la que llevar cada pedazo al punto deseado. Salió cara la broma (51 euros,...

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Restaurante Bibi (Plentzia). Atmósfera unamuniana

El Bibi es como de otra época. De cuando no sucedía nada y la gente pensaba hacia sus adentros y agonizaba bajo el peso metafísico (si adolecía de falta de fe, of course). Hogaño el negocio del Bibi se divide en tres campos: hostal (nunca he ido, nunca iré, a veces veo salir por su puerta a gente contenta), el bar (pequeño, esquinado, concurrido, con muchos pinchos, raciones de rabas y gentío que rezuma hasta la calle porque los parroquianos no caben dentro) y el restaurante (el local se anuncia como especializado en pescados y mariscos y en la cristalera del bar cuelgan los menús del día, que suelen ser dos, uno más carato que otro). Desde la acera las cristaleras del comedor suelen mostrar un interior a menudo lleno. Sí, el Bibi y el glamour son antagónicos, aunque hay que reconocerle cierto carisma. Nosotros debutamos en su figón un domingo de 1999 y nos quedamos desazonados por el ambiente unamuniano de otra era, de fonda en la que se come lo que hay, de almas en pena que sacian su apetito terrenal sólo por nutrirse, por necesidad, no por disfrute. La puerta que da paso al comedor es metafórica: blanca, con cristalera traslúcida, propia de un dispensario tísico de la II República. Buf, qué desasosiego… La evoco y comparo la desazón con cuando el vampiro de Laguardia le preguntó ansioso y susurrante a mi esposa en su castillo: «¿Le gusta el sangrecao, ¿señora?». El caso es que como La Txurri tiene pisito en la zona, vamos mucho por Gorliz y Plentzia y miramos que dan de comer en el Bibi casi cada día, pues el local está céntrico, pegado al puerto. Y como La Txurri trabaja en la cosa pública dando clases a los zotes del bachillerato (yo les daría de hostias), goza de muchas vacaciones y en la semana de Carnaval holgazaneamos por ahí. Era martes y nuestro favorito, el Zuen Etxea, estaba cerrado por descanso semanal y nuestro plan B del...

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La paella sigue siendo uno de los platos favoritos de los turistas

La tradicional paella valenciana, que en realidad se hace en toda España, ocupa uno de los primeros lugares en las preferencias de los turistas, según revela una encuesta del portal líder de búsqueda de viajeswww.skyscanner.es. En esta ocasión se preguntaba cuál de los platos típicos de cada país era el preferido por cada viajero. De un total de 20 platos y países, la paella quedó en un digno cuarto lugar, con el 8,31% de los votos. Sorprendentemente, o no tanto, teniendo en cuenta que muchos de los encuestados eran británicos, el primer lugar lo ocupó uno de los platos tradicionales del Reino Unido: el roast beef con pudding Yorkshire. El segundo puesto fue para Italia, naturalmente con sus muchas formas de preparar la pasta, y en el tercer lugar figura otra sorpresa: el pad thai de Tailandia. En general las comidas orientales han ocupado destacados lugares. Además del plato típico del antiguo Siam, el pato pequinés chino ocupó el quinto lugar, el sushi japonés el sexto y el byryni de la India el séptimo. Más abajo, encontramos el dim sum de Hong Kong en el décimo lugar y el satay de Indonesia en el puesto 14º. Pese a que la cocina francesa está reconocida como una de las mejores del mundo, e incluso ha sido reconocida como Patrimonio de la Humanidad (también la dieta mediterránea), sólo se ha colocado en el puesto número 12, con apenas un 2,77% de los votos. Claro que como plato típico francés se eligió las crepes… Estos fueron los resultados: 1. Roast beef y pudding Yorkshire _ Inglaterra 2. Pasta _ Italia 3. Pad thai _ Tailandia 4. Paella _ España 5. Pato al estilo pekines _ China 6. Sushi _ Japón 7. Biryani _ India 8. Musaca _ Grecia 9. Haggis, neeps y tatties _ Escocia 10. Dim sum _ Hong Kong 11..Caviar y blinis _ Rusia 12..Crepes _ Francia 13. Hamburguesa con queso _ EEUU 14. Satay _ Indonesia 15. Estofado Irlandés _ Irlanda 16. Hojas de...

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