Ikea (Vitoria). No disponible a partir de las tres

Sep 07, 15 Ikea (Vitoria). No disponible a partir de las tres

Publicado por en Araba-Álava, Destacado, Euskadi

Refinado local dirigido por el chef Iñaki Moya y diseñado por el afamado Javier Mariscal, con cangrejos a modo de lámparas o al revés. Óscar Cubillo repasa su menú gastronómico. Se elevó espiritual y físicamente con el pulpo y los guisantes, y alcanzó el culmen con el pollo de corral.

leer más

Singular Food (Irún). El plan informal de Iñigo Lavado

Ene 21, 14 Singular Food (Irún). El plan informal de Iñigo Lavado

Publicado por en Destacado, Euskadi, Gipuzkoa

(+25 rating, 6 votes)Cargando... Iñigo Lavado es de los pocos cocineros que cuentan con cierta visibilidad y salvan, mínimamente, el tapón generacional impuesto en Gipuzkoa por los omnipresentes Juan Mari Arzak, Martín Berasategui, Pedro Subijana y compañía. Se le puede ver en congresos y desde 2005 comanda en Irún, en Ficoba, casi en la misma línea fronteriza con Francia, un restaurante con buena prensa donde los menús cuestan entre 36,60 y 52,80 euros. Precio ajustado para propuestas como milhojas de foie y manzana caramelizado con reducción de módena; merluza asada al horno sobre cama de nécora y salsa kaizarra; chuleta a la parrilla con patata rota al aceite de oliva y rúcula; y paquetito de plátano y vainilla con helado de limón. No obstante, son malos tiempos para la lírica y muchos nos tenemos que contentar con comer en Singular Food, la alternativa económica ideada por el chef irunés y ubicada justo debajo de su restaurante principal. Platos singulares. Para todos. Para llevar. Para los peques. Sano y divertido. Sabroso. Divertido. Naturalmente bueno. Elaborado… Estos son algunos de los mensajes plasmados en las paredes de ese otro restorán, donde capazos y bolsos coloristas de Elpatitofeo Design, expuestos en percheros, paredes y estantes, contribuyen a configurar un espacio muy informal. Las servilletas son de papel y, como en McDonald’s, hay que hacer cola para comunicar a una señorita tu elección, una vez escrutada una carta dividida en cuatro apartados, con precios fijos: Ensaladas, sopas y cremas (6,90 euros); Pastas, arroces y huevos (9); Pescados y carnes (9); y Postres (4). Allí figuran tentaciones como el cocido de garbanzos con ternera; las verduras a la parrilla con crema de coliflor; los chipirones a la plancha con piperrada y tinta; y el soufflé de chocolate con almendras y nueces. “Alta cocina para todos los bolsillos”, la promocionan, no con poco ringorrango. Lo habitual es optar por la opción Menú, que permite escoger libremente dos platos y postre, entre las 34 propuestas de esa misma carta. El precio, 13,90 euros, de martes a viernes, a mediodía;...

leer más

El Clarete (Vitoria). De lo mejor de la capital vasca

Dic 13, 13 El Clarete (Vitoria). De lo mejor de la capital vasca

Publicado por en Araba-Álava, Destacado, Euskadi

(+44 rating, 9 votes)Cargando... Mi hermano Igor en esta web Don Manuel afirmaba que El Clarete es el mejor restorán de Vitoria, la capital de Euskadi. ¿Mejor que mi favorito Zaldiaran? No puede ser. ¿Mejor que el acreditado Ikea también? Hum… pues podría ser, pero lo dudé al leerlo. O sea, que lo mejor era ir a comer ahí y comprobarlo. Acudimos Carlos y yo entresemana; entramos yo arrastrando mi maleta ruidosa de ruedas y él portando su mochila montañera, nos sentaron sin dilación y amable nos intentó explicar el encargado cómo funcionan en El Clarete. Le interrumpí: «Ya lo sabemos, lo hemos leído en Internet, no queremos el menú del día (plato de cuchara más un par de entrantes y postre, sin bodega por 22 euros; al final, unos 30 lereles por comer alubias, digamos para entendernos) y preferimos probar el menú degustación con bodega» (45 más IVA por un aperitivo, cuatro entrantes, un plato de pescado, un plato de carne y dos postres, más el vino; como avisan en su web: «La cantidad viene a ser como un primero, un segundo y un postre que lo dividimos en formato de medias raciones para conseguir el punto exacto de comer y disfrutar de una cocina tradicional, renovada y actualizada»). Además, en El Clarete a veces no revelan lo que van a traer para comer y aseguran que las propuestas complacerán al comensal. Nosotros comimos con agua (no recuerdo la marca) y vino monovarietal, un garnacha de Casa Primicia, de Laguardia (adonde nos encaminábamos). El encargado, un apasionado de los vinos que los explicaba a las distintas mesas, abrió la botella, olió el corcho y advirtió: «no hemos tenido suerte». El vino estaba húmedo o acorchado. Abrió otra y estaba fenomenal: cosecha 2007, poco color, tono cereza, olor que alegraba, sabor a frambuesa, 14 grados de alcohol bien llevados y producción de 9.796 botellas. Contentos y expectantes, y a la postre casi eufóricos y satisfechos, esto degustamos según se llenaba el comedor con gente chic: personajes televisivos, panaderos artesanos...

leer más

Lecturas: ‘Recetario marino. Pescados y mariscos’

Dic 10, 13 Lecturas: ‘Recetario marino. Pescados y mariscos’

Publicado por en Destacado, Libros, Recetas

(+15 rating, 3 votes)Cargando... Siempre viene bien tener a mano un libro como este ‘Recetario marino’ cuando uno observa en la encimera de la cocina una langosta (y desea prepararla a la Thermidor, o cocida con jugo de hongos y vinagreta de su coral), un bogavante (al rovellón), un besugo (al vino blanco) o unas angulas (en cazuela o ensalada). Claro. No obstante, no cunda el pánico; el grueso recetario editado por Ttarttalo lo componen pescados y mariscos más habituales en la cesta de la compra de este país en caída libre. Léase dorada, bacalao, antxoas, bonito, langostinos, sardinas, mejillones, merluza, truchas, txipirones, verdel (aka caballa), txitxarro o pulpo, entre otros muchos. Género igualmente extraordinario y, además, más asequible, dicho sea de paso. La editorial donostiarra, igual que en el caso del reciente Recetario verde, recurre a varios cocineros para completar el volumen. Un listado en el que se destacan las aportaciones de los cocineros Angelita Alfaro y José Castillo, la dietista Amaia Díaz de Monasterioguren y la nutricionista Arantxa Lorenzo. Y donde también se cita a personal de los bares y restaurantes Urgain, Alhambra, Olazal, Castillo, Olagi, Korta, Zezilionea, Dolarea, Sansonategi, Laia, La Brasserie Marie Galant, Kuko, Illargi, Casa Mirones, Casa Tiburcio, Botarri, Aratz, Etxeberri, Alex, Andra Mari, Borda Berri, La Cuchara de San Telmo, Narru, Txubillo, Currito, Ikea y Barbarin. El conjunto de fórmulas no pasa por alto el ajoarriero, el pil-pil, la salsa vizcaína, la piperrada, el marmitako, los escabeches, ni la koskera, agrupadas todas en un volumen bonito, manejable y satinado, para que no quede inutilizado al pringarse en la cocina. Sus responsables te auguran éxito entre sartenes, cazos, tarteras, boles y hornos, siempre que priorices la calidad de la materia prima y recurras a elaboraciones sencillas, alejadas de barroquismo. El quid de la cocina vasca. Ni más ni menos. (le encanta el cogote de angula, a Igor Cubillo) IGOR CUBILLO Periodista especializado en música, ocio y cultura. Economista. Equilibrista (aunque siempre quiso ser domador). En el medio de la vía, en el medio...

leer más

Restaurante Ikea (Vitoria). No me lo puedo permitir

El Ikea es uno de los restaurantes de postín de Vitoria. Con decir que lo ha diseñado Mariscal… Pero es muy cara su cocina innovadora, que presume de elaboración y sentido común en su web. Cuando salía del Hotel Silken, muy cercano al Ikea, yendo de camino al Azkena Rock Festival, siempre me paraba a mirar su carta, con platos a 30 lereles o así, y pensaba cual personajillo de Dickens: «Uh, qué oneroso, ¡no me lo puedo permitir!». Un día leí en prensa que le dieron una estrella Michelin, que le quitaron al año siguiente, y no sé cómo me enteré de que también tenían menú degustación, de precio accesible para mi agujereado bolsillo en un día de paga. Ese día llegó y acudí con mi amigo Carlos al finalizar el reciente XI Azkena Rock Festival, cuando yo ya había cumplido con nota alta mis labores periodísticas y había ganado más dinero de lo previsto, así que decidí darme un homenaje. Tranquilos fuimos ambos dos un domingo a degustar el menú en una mesa que había reservado por teléfono. Atravesamos el patio del Ikea guarnecido por una puerta de hierro forjado, subimos sus escaleritas y en la entrada nos esperaban tres camareros. Yo vestía camiseta de Johnny Cash en el Azkena y al instante adivinaron por qué estábamos en Vitoria, aunque no nos apearon el tratamiento y nos guardaron en un armario el equipaje: Carlos mochila senderista y yo maletita con ruedas. Pensé que daríamos mala imagen entre la clientela, pero luego solo llegó una pareja (en total comimos cuatro personas ese domingo, sí) con bermudas él, y con añadir que se descalzó… El interior del Ikea es muy acogedor y cálido. Recuerda a los salones de madera japoneses. Lo cubren listones de maderas de varios tipos y están trabajadas, que Carlos sabe de eso. Maderas de roble, haya, cerezo… orientales, tropicales… Dispone de varios comedores y en el principal cuando fuimos había un jamón 5 Jotas al alcance del respetable, del techo...

leer más

Ikea Bistro (Barakaldo). Un desastre irresistible

Si uno acude a Ikea sin víveres y se empeña en completar el recorrido que indican las flechas del suelo, lo normal es terminar sediento y hambriento. Por eso habrá que juzgar acertada la decisión de plantar un área de comida rápida y a precios irrisorios en la misma salida, frente a la línea de cajas. 50 céntimos un hot dog, 50 céntimos un cono de helado (de nata sola o con listones de fresa o chocolate), otro medio euro un vaso que puedes rellenar con café cuantas veces desees, un euro el vaso para beber tantos refrescos de sus grifos como quieras… Tentador, ¿verdad? Pues bien, todo eso y más (rollos de salmón, donuts de pega, muffins…) puedes llevarte al estómago en un espacio de piso pegajoso, con profusión de servilletas y otros despojos, y donde frecuentemente encuentras máquinas cerradas o estropeadas. Ante tamañas gangas, ¿quién se atreve a protestar? Además, a los críos les encanta acudir a los surtidores de ketchup y mostaza, ponerse ellos los helados y accionar los distintos grifos de bebida. La semana pasada ‘cenamos’ allí por 6’50 euros. Cuatro personas. ¿Por cabeza? No, los cuatro. Eso nos cobraron por tres hot dogs sencillos, otro con cebolla y pepinillo, un vaso para refrescos, un botellín de agua, dos muffins de chocolate y otros tantos helados. Ahí es nada. Los refrescos son aguachinados, insustanciales, opten por cola, limón o naranja. ¿Han probado el de arándanos? Háganse un favor: no lo hagan. Los muffins son muy esponjosos, demasiado. ¿Y qué esperan de los perritos calientes? No se hagan falsas ilusiones; a mí, qué quieren que les diga, el mío me pareció ciertamente insípido, como llevarme un pedazo de plástico a la boca. Aun siendo mi elección el hot dog con cebolla frita y pepinillo (1 euro). No nos hemos atrevido nunca con el rollito de salmón, una especie de fajita. Demasiado audaz. Y tambien nos ha faltado valor para llevarnos a los labios su caté, aunque, por si mantienen su fé en el ser...

leer más

Restaurante Héctor Oribe (Páganos). Más tradicional que actual

(+19 rating, 5 votes)Cargando... El pequeño, pijotero y recio pueblo de Páganos está cerca de Laguardia y rodeado de viñedos. Ahí se alza la bodega Torre de Oña. Sus habitantes son educados y te suelen saludar cuando te los cruzas en su ámbito. Ahí también radica el restaurante de Héctor Oribe (Vitoria, 1973), cocinero fogueado en el Ikea, el Karlos Arguiñano o el Arzak. Le conocimos al leer una recomendación suya en el suplemento GPS de El Correo alabando el cochinillo confitado de nuestro querido restaurante Amelibia de Laguardia. Acertó de pleno y se ganó nuestro respeto. Teníamos muchas ganas de ir a su restaurante, abierto en 2000. Según su escasita web, su propuesta es «una cocina actual, de temporada, pero sin dejar de lado la cocina tradicional». Una opción fácil y económica para conocerla es la de su menú degustación: cinco platos más postre, sin vino, por 35 euros más IVA. No está mal, ¿verdad? Acudí con La Txurri, que es la del coche y la del paladar y la de las pegas: ella quería comer a la carta y yo prefería el menú degustación. A la carta habríamos compartido canutillos de morcilla y quizá una ensalada de queso; de segundo ella habría comido ciervo y yo patas de cerdo; y el precio habría salido parecido. Pero la pude convencer y probamos el menú degustación en un comedor amplio (para 50 personas), luminoso, rústico pero funcional y también un tanto desvaído. Se veía ocupado casi en pleno y lo servían dos mujeres cercanas a los comensales. Una de las camareras contó a una clienta-amiga que la cosa está paradita excepto los viernes y sábados, sobre todo para las cenas, y que entre semana en el Héctor Oribe sirven un menú cerrado por 18 euros; «venid, que os va a gustar», les aseguró. Yo fui al baño para lavarme las manos y al volver a sentarme pensé que era el más guapo del local. Había otro tío guapo, pero como ése tenía pinta de...

leer más