Galletas La Luarquesa. El orgullo de una familia

Ago 29, 13 Galletas La Luarquesa. El orgullo de una familia

Publicado por en Asturias, Destacado

(+47 rating, 11 votes)Cargando... Mmmmmmhhhhh…. Me levanto el jueves, tranquilamente, y echo un ojo a los ingredientes de las galletas que tengo ahora mismo en la despensa, a las que he comprado en alguna visita al supermercado del barrio. Compruebo que la “receta tradicional” de las Pastas de Gullón incluye jarabe de glucosa y fructosa, dextrosa, gasificantes (bicarbonatos sódico y amónico) y aroma de vainilla. Curiosa tradición. Cerca se almacenan los Filipinos de chocolate negro; cómo me gustaban, pese a contener lactosa, grasa láctea, emulgente (lecitina de soja), aromas, antioxidantes E-304 y E-306, almidón de trigo, más gasificantes (bicarbonatos sódico y amónico), crémor tártaro y también jarabe de glucosa y fructosa. Ay, las Chips Ahoy! Se las devoran los críos con su idéntica sucesión de dextrosa, emulgente, antioxidantes, gasificantes y jarabes. La fórmula de La Buena María, la galleta comercializada por Fontaneda, tampoco se queda corta, pues añade metabisulfito sódico al ya familiar chaparrón de antioxidantes, jarabes, gasificantes, emulgentes y aromas. Eso sí, presumen en la caja de no contener colorantes. Qué cachondos. Y en la despensa de Iparralde tengo unas Cookies, de Top Budget, bien surtidas de difosfato disódico. Qué rico. Se me ha quitado el apetito. En algunos casos, no son crujientes, son más bien un arma arrojadiza, pues la lluvia de aditivos logra una resistencia al mordisco que parece dañar incluso la capa de esmalte de la dentición a cada bocado. ¿Saben? No sé qué opinan ustedes pero, a mi entender, las mejores cosas son las que se hacen con cariño y sin artificios. Con pasión. Y eso parece aplicar a sus gallegas la familia de Marino García (bisnieto del fundador Adolfo García), desde 1896. Ese año se fundó La Luarquesa, casa asturiana, independiente, que en su discurso habla de elaboración artesana, de ingredientes naturales, de sabor y frescura… Como muchas otras, sí, pero en su caso esas lindas manifestaciones, esas declaraciones de intenciones, encuentran reflejo en los bocados que se dan a sus productos. Para empezar, son partidarios de la...

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Por comentar: el quatre quarts, sólo si es con mantequilla

Pese al anquilosamiento de la en su día revolucionaria nouvelle cuisine, Francia aún nos tiene reservados algunos placeres gastronómicos. Incluso sus supermercados ofrecen productos distintivos que merece la pena adquirir. Hasta en el estante de repostería industrial. Uno no tiene siempre ánimo de bajar a la pastelería para comprar un sublime croissant francés, crocante y sápido, así que acostumbra a tener a mano una barra de quatre quarts, el bizcocho de origen bretón elaborado uniendo mantequilla, huevos, harina y azúcar a partes iguales. Excelente para acompañar mi café solo. Una gozada para mi pequeña Eneritz, quien acostumbra a embadurnar las rebanadas con Nutella. Si bien le diré una cosa, apreciado lector; el cuatro cuartos sólo merece realmente la pena cuando incluye mantequilla, lo cual incrementa su PVP. Muchas marcas ofertan a prácticamente mitad de precio barras bretonas sin mantequilla, la mayoría de las veces mazacotes bastos y secos, mucho más terrosos, con peor sabor y textura. Yo no las recomiendo. En absoluto. Quatre quarts sí, pero sólo con mantequilla. (Cuchillo) Igor CubilloPeriodista y gastrónomo. Economista. Equilibrista (aunque siempre quiso ser domador). Tras firmar durante 15 años en el diario El País, entre 1997 y el ERE de 2012, Igor Cubillo ha logrado reinventarse y en la actualidad dirige la web Lo que Coma Don Manuel y el foro BBVA Bilbao Food Capital, es responsable de la programación gastronómica de Bay of Biscay Festival y escribe de comida y más cuestiones en las publicaciones Guía Repsol, 7 Caníbales, Gastronosfera y Kmon. Asimismo, es responsable de Comunicación de Ja! Bilbao, Festival Internacional de Literatura y Arte con Humor. Vagabundo con cartel, se dobla pero no se rompe, hace las cosas innecesariamente bien y ya han transcurrido casi 30 años desde que empezó a teclear, en una Olivetti Studio 54 azul, artículos para Ruta 66, Efe Eme, Ritmo & Blues, Harlem R&R ‘Zine, Bilbao Eskultural, Getxo A Mano (GEYC), DSS2016, Den Dena Magazine, euskadinet, ApuestasFree, eldiario.es, BI-FM y alguna otra trinchera. Además, durante dos años colaboró con un programa...

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El croissant, francés. Sin duda

Si yo fuera un croissant, que no lo soy, desearía ser francés. Ni  vasco ni español, gabacho. Sirva esta declaración de principios, o de intenciones, o de vaya a saber usted qué, de excusa para mostrar al mundo la fotografía que tomé en la terraza del Hotel Alysson, en Oloron Sainte-Marie, durante un desayuno con el bombón que tengo por esposa. El protagonismo de la imagen se lo disputan los bellos croissants y la audaz gorriona que, lejos de achantarse ante mi entonces oronda figura, se permite el lujo y el desafío de pegar un tarisco a mi comida, pero yo prefiero el croissant. Porque para comerlo no hay que desplumarlo y porque, ¡oh la la!, en Francia los hacen mejor que en cualquier otro lugar del mundo. ¿Por qué? Ni idea. Pa’que negarlo. ¿Puede que sea porque lo inventaron ellos? Pues parece que no, porque dieron con él en Viena. ¿Porque allí priman las fermentaciones largas, no las industriales? No sé… ¿Porque aquí abusan de las grasas hidrogenadas? Aaaahh… ¿Porque sus pasteleros amasan con la mente puesta en su particular princesa del pueblo, que fue Brigitte Bardot, no Belén Esteban? Es posible. ¿Chi lo sà? Sea cual sea el motivo, lo cierto es que comer un croissant en España y hacerlo en Francia no tiene punto de comparación, son experiencias propias de universos paralelos. En un 95% de los casos, aquí son monótonos, de textura compacta, alejada del mito del hojaldre, y tan insípidos que precisan ser cubiertos por siropes y almíbares agresivos y pringosos. Un homenaje comestible, o no tanto, a la producción en serie, a la mampostería y al todo vale. En cambio, basta dejar atrás los Pirineos para entrar en esa otra dimensión gustativa, pues allí, en el 95% de los casos, son una exquisitez. En la pastelería más humilde y en el hotel más pomposo. Apoyas levemente la yema del índice y, además de que no se te queda pegado, escuchas un crujido, como el ronroneo de un gato...

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