Bodega Donostiarra (San Sebastián). A cualquier hora

(+45 rating, 10 votes)Cargando... A lo largo de mis frecuentes paseos por la capital guipuzcoana, he visto no menos de tres bares identificados como Bodega Donostiarra. Uno hace esquina en lo viejo, otro me lo topé en la calle Matia y el tercero se ubica en esa cuna de grandes hombres que es el barrio de Gros, a dos pasos del Kursaal y de La Zurriola. Y es este tercero el que me seduce, por lo que sirve y por su amplio horario, pues no cerrar cocina en una ciudad de hábitos afrancesados como Donostia, es una auténtica bendición. Caer en esa ciudad a las cinco de la tarde y no tener que resignarse a la ingesta de comida basura o de pintxos que llevan toda la jornada languideciendo, de charla con la clientela de las mil y una tascas, una verdadera satisfacción. Queda dicho que los motores de Bodega Donostiarra rugen durante todo el día. De 9:30 horas a la medianoche, franja en la que uno puede solicitar cualquier plato de la carta; para comer in situ o para llevárselo a donde quiera, pues también atienden a los nómadas urbanos. Otro rasgo característico del lugar es ese algo atávico y satisfaciente del compartir mesas corridas, con quien sea que te toque. Aunque también existe la posibilidad de comer acodado en la barra o en las cuatro pequeñas mesas del fondo, que logran una atmósfera algo más ‘reservada’. Poco más. Esas son algunas de las distinciones actuales de un local abierto, originalmente, en 1928 y que debe buena parte de su fama al tiempo en que fue regentado por Miguel Mendinueta y Pili Mintegi, quienes le imprimieron carácter y despacharon encurtidos, conservas y embutidos, a toda mecha y durante más de tres décadas, hasta finales de 2007. Los actuales gestores han limpiado su cara, pero han querido mantener esa esencia, y los llenos diarios dan fe de que la decisión ha sido acertada. Así, al mostrador de este despacho de bebida y comida se...

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Filetes de anchoas Leribe. Lamentable

(+10 rating, 2 votes)Cargando... Me pasaría la vida comiendo anchoas Sanfilippo. O mismamente Ortiz, más accesibles. Pero me gustan tanto que debería buscar otro curro para pagarme el vicio, y la coyuntura de marras no está para pensar en pluriempleo. No. Así, es frecuente que compre muchas latas de la más diversa calidad y precio, para compensar. La anchoa es un género en el que la calidad sí suele ir asociada a su precio, por lo que acostumbro a hacer la vista gorda y acompaño buen bonito, cebolla común y guindillas de Ibarra con género intrascendente, para qué negarlo. Hoy saladito, mañana bien armado de espinas, otro día de textura inadecuada… Total, que no soy un tiquismiquis en materia anchoil, que no me quejo por quejarme, que si saco a colación las vergüenzas de los “filetes de anchoas en aceite vegetal Leribe” es porque son muchas. Y reseñables, aunque la lata de 22 gramos cueste menos de un euro. Porque no se discute el precio, se discute la presencia, el sabor, la calidad. Lo primero que llama la atención de la referida conserva es su tamaño insignificante, apenas retazos de lomos, trozos minúsculos de filete, algunos ínfimos; entre uno y tres centímetros, la mayoría. Y si cerramos los ojos, ¿la cosa mejora? Pues no. Las dos latas que abrimos (dos, no una) presentaban un producto seco, reseco como la mojama. Y salado. Y desabrido. Lamentable. Señores de Yurrita e Hijos, S.A., piqué porque su sede está en Mutriku, en la carretera a Ondarroa, lo cual me ofrecía cierta garantía (estúpido de mí), pero no volveré a hacerlo. Cuánto mal hacen episodios así a la industria conservera. Terminada la lectura, le sobreentiendo advertido, apreciado lector.  (Cuchillo) El autor: CUCHILLO Es el pequeño de los Cubillo Brothers. Nació en 1991, en el mismo Bilbao, es más de salado que de dulce y acostumbra a disociar, con lo cual cambia de apariencia física con frecuencia. Como Robert de Niro antes de rodar Toro Salvaje, pero a lo...

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Embotar bonito, una tradición ancestral

Ago 21, 12 Embotar bonito, una tradición ancestral

Publicado por en Actualidad, Productos, Recetas

Es temporada de bonito y embotarlo en casa mejora a cualquiera de los bonitos delicatessen del mercado. Da trabajo pero el resultado merece, y mucho, la pena.

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Quenelles de saumon de Côté Table. Error, terror y pavor

Es domingo, un día que tradicionalmente despierta mi yo misericordioso, y ni así soy capaz de morderme la lengua. Cuando me da el punto anacoreta, me gusta caminar mucho (cosa rara en mí), hablar poco (inédita) y no cocinar. Voy al bar o tiro de las conservas más singulares, como si fuera un inconsciente concursante de ‘Humor amarillo’. Rara vez acierto, y reconozco que no me preocupa, que me pongo en la piel de un conejillo de indias que experimente el mal en su cuerpo, en sus propias carnes y estómago, con el noble fin de advertir a la raza humana de cuánto mal se apila en los lineales del supermercado. La ultima experiencia digna de ser tildada de desagradable, rayana con lo repugnante, fue la apertura y posterior cocinado (bueno, mas bien calentado) de una lata de “quenelles de saumon” con “sauce crevette” de Côté Table. Algo así como croquetas de salmón con salsa de gambas.Lamentables desde la misma denominación, sí. Si fuese una cata ciega, tras olerlo hubiera pensado que era una de las baratas latas de calamares en salsa americana que asaltan el mercado. O algo similar. Desprendía ese aroma de los escabechados industriales más siniestros. Visualmente el producto es poco atractivo, casi repelente, con reminiscencias de cine gore. En boca la cosa no mejora, es como si comieras un dantesco pudding de pescado con poco pescado (13%, y me imagino la calidad) y muuuucha manteca de vacuno, harina, aceite de palma parcialmente hidrogenado, huevo, sal, gluten de trigo, lactosa, proteínas de leche, cúrcuma y extracto natural de pimienta. Sin pasar por alto trazas de moluscos (quién los pillara), apio y mostaza. Ah, y un espectacular 0,5% de gamba deshidratada en la composición de una salsa de ‘marisco’ que supone nada menos que el 64% del contenido. En boca el conjunto es blandurrio, sin llegar a gelatinoso, pastoso a más no poder y ciertamente desagradable. No terminé el plato. Es de las peores cosas que me he llevado a la boca....

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Manitas de cerdo de Collado Hnos. Qué lata

(+13 rating, 3 votes)Cargando... Cuando esos cuatro pelaos tomaron (el islote de) Perejil pensé que la invasión iba en serio y corrí al supermercado para aprovisionarme de latas de conserva, temeroso de que la resolución del conflicto bélico pasase por el desabastecimiento de la población civil. Cogí la tarjeta de crédito y agoté el saldo adquiriendo montañas de cartón y hojalata rellena de pescado, guisantes, brotes de soja, piña y melocotón en almíbar, perdices y codornices escabechadas, callos a la madrileña y, a modo de capricho, manitas de cerdo de Collado Hnos., casa fundada en 1955, con sede en Logroño, que proclama las bondades de la cocina riojana. Las manitas son uno de mis platos preferidos. Las que prepara mi amatxu serían reverenciadas si se exhibieran en un altar. Están bien buenas las que sirve con foie el restaurante El Portalón, en Vitoria. Y no están nada mal las que rellena con queso de cabra La Corrada del Obispo, en Oviedo. Sólo con este background puedo presumir de objetividad al juzgar un plato de patas de cerdo, y pueden ustedes otorgarme cierta credibilidad cuando afirmo que la lata de Collado Hnos., pese a su estética rancia y demodé que pretenderá transmitir autenticidad, contiene un producto deslavazado. No por falta de higiene, pues la empresa asegura que se trata de un alimento cocinado esterilizado en autoclave, sino por falta de consistencia, de enjundia, de carácter y, por qué no decirlo, de carne. Apenas se perciben dos minúsculos cacahuetes entre un montón de gelatina, piel y huesitos cocido y embotado junto a un líquido sin vida que dicen contiene tomate, cebolla, aceite vegetal y sal. No seré yo quien meta un trozo de pan en ese charco que bien podría ser una piscina de grasa diluida tras su paso por el microondas. Antes pensaba que del cerdo me gusta todo, incluso sus andares. Ahora estoy convencido de que del cochino me gusta todo todito todo, salvo las manos de Collado Hnos. (cuchillo) El autor: CUCHILLO Es el...

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