Singular Food (Irún). El plan informal de Iñigo Lavado

Ene 21, 14 Singular Food (Irún). El plan informal de Iñigo Lavado

Publicado por en Destacado, Euskadi, Gipuzkoa

(+25 rating, 6 votes)Cargando... Iñigo Lavado es de los pocos cocineros que cuentan con cierta visibilidad y salvan, mínimamente, el tapón generacional impuesto en Gipuzkoa por los omnipresentes Juan Mari Arzak, Martín Berasategui, Pedro Subijana y compañía. Se le puede ver en congresos y desde 2005 comanda en Irún, en Ficoba, casi en la misma línea fronteriza con Francia, un restaurante con buena prensa donde los menús cuestan entre 36,60 y 52,80 euros. Precio ajustado para propuestas como milhojas de foie y manzana caramelizado con reducción de módena; merluza asada al horno sobre cama de nécora y salsa kaizarra; chuleta a la parrilla con patata rota al aceite de oliva y rúcula; y paquetito de plátano y vainilla con helado de limón. No obstante, son malos tiempos para la lírica y muchos nos tenemos que contentar con comer en Singular Food, la alternativa económica ideada por el chef irunés y ubicada justo debajo de su restaurante principal. Platos singulares. Para todos. Para llevar. Para los peques. Sano y divertido. Sabroso. Divertido. Naturalmente bueno. Elaborado… Estos son algunos de los mensajes plasmados en las paredes de ese otro restorán, donde capazos y bolsos coloristas de Elpatitofeo Design, expuestos en percheros, paredes y estantes, contribuyen a configurar un espacio muy informal. Las servilletas son de papel y, como en McDonald’s, hay que hacer cola para comunicar a una señorita tu elección, una vez escrutada una carta dividida en cuatro apartados, con precios fijos: Ensaladas, sopas y cremas (6,90 euros); Pastas, arroces y huevos (9); Pescados y carnes (9); y Postres (4). Allí figuran tentaciones como el cocido de garbanzos con ternera; las verduras a la parrilla con crema de coliflor; los chipirones a la plancha con piperrada y tinta; y el soufflé de chocolate con almendras y nueces. “Alta cocina para todos los bolsillos”, la promocionan, no con poco ringorrango. Lo habitual es optar por la opción Menú, que permite escoger libremente dos platos y postre, entre las 34 propuestas de esa misma carta. El precio, 13,90 euros, de martes a viernes, a mediodía;...

leer más

Casa Comerciante (Vilamor). Un contundente y sabroso canto a la sencillez

Ago 19, 13 Casa Comerciante (Vilamor). Un contundente y sabroso canto a la sencillez

Publicado por en Destacado, Galicia, Lugo

(+77 rating, 16 votes)Cargando... La nouvelle cuisine fue un paso impresionante para el universo culinario, una (r)evolución necesaria y agradecida que removió sus cimientos y sentó las bases de su evolución actual. No obstante, la perversa asunción y malinterpretación de sus líneas maestras, muchas veces desde el desconocimiento, el snobismo o el mero interés económico, llega a ser un insulto al comensal. No todo se reduce a miniaturizar preparaciones, como hacen algunos. Ni pintar el plato del menú del día con pinceladas de vinagre de Módena te convierte en un gran chef. Por eso me encanta dar con lugares como Casa Comerciante, que rezuman campechanía, austeridad, autenticidad. Uno, cuando va a la Galicia interior (pero interior interior), no espera encontrar un McDonald’s detrás de ese bosque de carballos. Ni locales de diseño. Ni esferificaciones. Lo realmente reconfortante es dar con un lugar como Casa Comerciante, un comedor de pueblo (sin ningún matiz despectivo) donde uno espera encontrarse con cazadores y lugareños, donde se guisa como en los viejos tiempos, y aquellos productos que es natural encontrar en pleno monte. Nosotros llegamos una noche, ya cerrada, y nos costó un poco dar con el comedor. Subimos hasta la segunda planta y volvimos a bajar a la primera. Abrimos dos o tres puertas y dimos, por fin, con el refectorio, donde dos grupos numerosos ya daban cuenta de la cena. En nuestra mesa esperaban buen pan, platos y grandes bandejas de inoxidable con entrantes fijos. Y consistentes. A saber: empanada de grelos, chorizo y panceta; ensalada de tomate, lechuga y cebolleta, bien alegre por acción del vinagre; y más bandejas con chorizo, salchichón y jamón. Un canto a la sencillez. Dimos cuenta de ello con agua y varias cervezas (Estrella Galicia y Mahou), que llevaban a la mesa en latas que uno mismo abría. La oscuridad envolvía la noche, el frescor nocturno achuchaba, la lluvia no cesaba… y todo ello hacía más atractivo el listado de platos principales. Había para escoger ternera guisada, estupendo pollo (de verdad) guisado,...

leer más

Kentucky Fried Chicken. Paladar anestesiado, saliva espesa y mucha, mucha sed

Jugaba el Athletic en Manchester y, dado que ya había estado en Moscú, no podía permitirme otro viaje. Así, el mismo día que acudí a las taquillas de San Mamés para comprar las entradas del partido de vuelta, me entró la pena, sentí sana envidia respecto a los muchos aficionados que se habían desplazado a la antigua Mamucium y decidí darme un capricho en el mismo Bilbao: acudir a un típico restaurante inglés, para tener la sensación de que estaba al otro lado del Golfo de Vizcaya. Lo han adivinado, decidí ir a un Kentucky Fried Chicken, esa franquicia (estadounidense) que tiene tantas sucursales en Inglaterra. Y en otros 108 países. Escogí la que está frente a Lencería Coqueta, local que, bien cerca del puticlub (con perdón) Doña Urraca, despacha todo tipo de ordinarieces para profesionales de saldo y esquina. Era mi segunda vez en el local (en el KFC, eh) y pedí lo mismo que la primera: menú BoxMaster, por 7,05 euros, lata de Mahou Clásica incluida. La publicidad prometía sabor delicioso, energía y crujiente placer; ¿cómo resistirse? Y en estos sitios prefiero especializarme. Como Enrique Iglesias, a quien una vez escuché decir que, de gira, siempre come en McDonalds, pues así se ahorra sorpresas: lo servido siempre sabe igual, esté en China o en Argentina. Lo mismo me sucede a mí con sus discos, añadiré. Además, no puedo negar que sus cubos con alitas de pollo y tiras de pechuga empanada (“crispy strips”) me inspiran cierto temor. No en vano, El Tal Iván era consumidor asiduo y satisfecho de esos buckets, tamaño gigante, cuando pesaba nada más, y nada menos, que 190 kilos (oé, oé, oé, oé… oé, oé…). Y el experimentado Zuloko me los ha presentado como un bonito cúmulo de grasas insalubres. En fin, antes de sacar el filo, primero destacaré la excelente atención de una chica negra que se ofreció a informarme de lo que hiciera falta (“estamos aquí para ayudarle”) y a llevarme la bandeja a la mesa, pues el BoxMaster...

leer más