Markina (Bilbao). Elevando el nivel

Abr 24, 14 Markina (Bilbao). Elevando el nivel

Publicado por en Bilbao, Bizkaia, Destacado, Euskadi

(+38 rating, 8 votes)Cargando... ¿Qué determina la talla gastronómica de una ciudad? Convendrán en que no es el número de soles y estrellas que la iluminan, sino el de restaurantes que garantizan comer bien en ella, con calidad y regularidad. Sin necesidad de que suene la flauta. Eso sucede en Bilbao, donde el nivel medio de la restauración es elevado. Y no lo es porque Michelin haya bendecido a Etxanobe, Zortziko, Mina y Nerua (que también), sino porque tienes esa certeza de que no vas a comer mal, con toda probabilidad, aunque traspases el umbral de un local donde desconozcas lo más destacado de su oferta, aunque tu destino no invierta un pastizal en publicidad ni figure destacado o se señale como opción recomendada en guías turísticas de dudoso criterio. Esto lo corrobora incluso Miguel Ángel Revilla: “Menos mal que en Bilbao se come de madre hasta en el aeropuerto”, afirmó en diciembre el ex presidente de Cantabria, tras verse obligado a esperar siete horas en La Paloma, el aeródromo diseñado por Santiago Calatrava. Uno de los locales que contribuyen directamente a que la aseveración tenga fundamento es el restaurante Markina, donde se practica una cocina noble y sencilla, sin barroquismo y centrada en el producto. El propietario se impone como prioridad contar con buen género, y para ello cuida detalles como seleccionar partidas de pescado en los puertos y preocuparse por comprar el queso a una octogenaria que, claro está, utiliza procedimientos artesanales. De todo ello me apercibí hace dos semanas. Acudí a cenar el jueves, y fui testigo de la animación de la barra y de otro dato revelador: todas las mesas de la planta principal estaban ocupadas. Una docena, creo recordar. Yo compartí la mía con el escocés Denis Davey, cherif del centro St. George’s Academy of English, y su amigo Niall MacThomais, un irlandés muy viajado que se destapó como gran conversador. A lo largo de la velada se comentó que, partiendo de una base, basta dedicar dos horas diarias,...

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Restaurante La Muralla (Laguardia). Pros y contras

Jun 13, 13 Restaurante La Muralla (Laguardia). Pros y contras

Publicado por en Araba-Álava, Destacado, Euskadi

Laguardia es mi pueblo vasco favorito. Es amurallado y medieval, y está dotado con numerosos bares y restaurantes. Estos son sobre todo turísticos y suelen servir menús diarios de batalla a precio oneroso, pues te cobran 15 aurelios como si te hicieran un favor. En estas propuestas turísticas abundan las patatas a la riojana y el cordero, con resultados culinarios irregulares. A Laguardia voy siempre que puedo y un día que mi esposa rechazó comer el menú del excepcional y extramuros Restaurante Amelibia (a 16,50), buscando una alternativa, nos topamos con el menú del Restaurante Cueva La Muralla, tasca de la que recordé algún escrito positivo en El Correo. Ese día, miércoles, había cordero y menestra, y barrunté que el vino no estaría mal. Debido al artículo mentado supuse que si no entraba ese día lo haría en una ocasión futura, así que, pensando ‘no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy’, cruzamos su bar en sombras, corto y cañí. Nos acomodamos en su comedor, de diseño pasado de moda y con una mesa reservada para ‘los padres’(imaginé que sería la familia, pero se trataba de dos curas que suelen almorzar ahí), y con las otras mesas repartidas entre habituales locales y turistas de paso que suelen llenar el figón y acostumbran a visitar el comedor de abajo, el de la bodega, el del calado, más atractivo. Bueno, pues ahí fuimos el menda lerenda y La Txurri (alias Mister No), nos sentamos y nos tomaron nota con bastante desparpajo y confianza (la camarera pensaría que éramos turistas de paso y después nos veía y nos saludaba y nos hablaba por las noches en los bares de Laguardia). La espera en La Muralla la amenicé libando el vino Vallobera de año, una buena marca del pueblo que en la barra de esa tabernita sirven por copas a un euro cada una. En el menú diario de entrante inesperado había ensalada, un fijo bien aliñado según Susana, con dos trozos de buen tomate y mucho verde....

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Restaurante El 24 de la Paloma (Burgos). Cerca de la catedral

Mi esposa, que es la que tiene coche, me amenazó así: “No te vuelvo a llevar a Laguardia hasta que no vayamos a Burgos, que yo no lo conozco y tú sí”. Grrr… Me hice el digno y simulé que me resistía y que al final transigía. Y es que Burgos es ahora Capital Gastronómica de España 2013, je, je… Dos días estuvimos en la capital castellana. Hacía muchos años que yo no recalaba en Burgos. Más de un cuarto de siglo, exactamente. Ahora está más limpia y más ordenada. Y es más turística, sobre todo alrededor de la catedral, donde se concentran los mejores locales de restauración, que son lo que me atraía de la escapada. De los bares de la parte vieja, digamos que lo pasé muy bien con los pecaditos de La Taberna de Correos, que me olvidé de pedir Ribera del Duero en el Rimbombín (vaya barra de pinchos expone; yo me zampé uno de huevo escaldado con pisto que me costó tres eurazos pero lo disfruté mazo), y que también estuve en Casa Pancho, frecuentada taberna turística con buenos pinchos de la que hablaré aquí el próximo martes. Ah, no nos pusieron tapas en ningún local. Igual fuimos a las horas equivocadas. A la hora del almuerzo no me quise gastar un dineral probando cordero en el clásico y reputado Ojeda, cuyo aroma invadía la plaza de La Libertad, y por lejanía espacial no pude hacer caso a la recomendación de mis hermanos sobre el restaurante Landa, pegado a la autopista. Esos dos días de visita cumplí mis previsiones, tomadas de un artículo sobre Burgos del diario ABC, que me ayudó a dibujar una hoja de ruta con bares y a señalar dos restaurantes para sendas sentadas: el primer día en El 24 de La Paloma, calificado por el crítico Carlos Maribona como moderno, y el segundo en el Casa Pancho, una oferta de las más atractivas de la capital según el mismo Maribona. Era Lunes de Resurrección, en...

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