Ormazabal (Erandio). De batalla

Oct 03, 14 Ormazabal (Erandio). De batalla

Publicado por en Bizkaia, Destacado, Euskadi

50 euros es un pastizal y tal desembolso requiere gran género, preparación esmerada, incluso un plus de técnica, y servicio notable. Y aquí, no se dan.

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Casa María (Mestas de Con). Experiencias premium a precios low cost

Comer bien a precios ajustados. Nada más y nada menos. Eso es lo que ofrece Casa María, situada en el bello pueblo de Mestas de Con. Junto a Cangas de Onís y excelente punto de partida para numerosas rutas de montaña, para subir a los Lagos o para visitar a la Santina en Covadonga. Allí, si tenemos la suerte de acudir en periodo desestacionalizado o, directamente, entre semana, podremos hacer un dos por uno. En Mestas de Con acaban de inaugurar el Spa Agua de los Picos de Europa, en el Hotel Villa de Mestas. Un coqueto “salus per aqua”, pequeño y discreto, con unas maravillosas vistas hacia un verde valle, un lugar de ensueño que vale mucho más de lo que cuesta. Y cuando acabas el circuito, arrugado, distendido y calentito, la mejor recomendación es bajar la cuesta, llegar hasta la carretera y comer un menú del día, o a la carta, en el restaurante Casa María. Nosotros así lo hcicimos. Era un miércoles y compartimos comedor con los paisanos que hacían una pausa en sus labores ganaderas, forestales o de construcción. También con una clase de preescolar que, creemos, comía su menú diario concertado. Los guajes y guajas eran graciosos, serios y comieron muy bien, sin dar ruido, controlados por unos maestros dignos de mención al mérito. Elegimos un menú del día de nueve euros. En la carta hay especialidades como la fabada, excelente, o el cabrito guisado (muy bueno), o el cachopo de ternera (viva el cachopo, Patrimonio de la Humanidad). También son sabrosos sus pimientos rellenos o las croquetas. El menú del día superó en calidad y cantidad a muchas cartas de la zona. Así, y tomando ejemplo de los niños que compartían el amplio comedor acristalado, pedimos de primero un arroz a la cubana que la bella camarera mulata (muy seria, pero muy profesional) describió como arroz con huevo y tomate. El arroz estaba suelto y sabroso, pero el tomate frito era casero sabrosísimo y los huevos, de gallina de caleya,...

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Restaurante el Roxin (El Mazucu). Paisajes para después de la batalla y de antes del Cabritu

Mar 12, 13 Restaurante el Roxin (El Mazucu). Paisajes para después de la batalla y de antes del Cabritu

Publicado por en Asturias, Llanes

(+25 rating, 5 votes)Cargando... Estos días ha surgido en las redes sociales una (bella) iniciativa. Te animan, desde Asturias a que te conviertas en uno de los guardianesdelparaiso.org. Y la cosa tiene su miga, que diría aquel. Porque guardar la esencia  es en ocasiones, es ser egoístas. Callarse y no contar lo bueno. No vaya a ser que se corra la voz y te lo pisen y estropeen. Pero nosotros no somos así. Estamos en el Paraíso  y lo contamos. Este invierno que se alarga está posibilitando actividades lo más diversas. Hace una semana nieve. Al de dos días sol y mañana, nieve. Así que se puede ir a la playa, subir al monte y ver la cabras y gritar ¡Pedroooo!. Y ya que estamos en Asturias, comer de lujo. Esta semana fumos al Roxin que está en el Mazucu. Conviene subir a este pueblo, pisar sus alrededores y saber qué paso por allí. A los que nos gustan las historias, este pueblo tiene un bello y duro relato. Allí se desarrolló una de las batallas más épicas de la Guerra Incivil Española. En el alto de la Tornería las tropas de la República se enfrentaron a los sublevados nacionales. El Frente Norte dependía, después del desmoronamiento desordenado de la Batalla de Santander  y del, ejem, Pacto de Santoña, de unos 1.700 asturianos bravos y un par de batallones de choque vascos. Tras resistir en el Deva, la línea calló y en las murallas naturales de la preciosa sierra del Cuera y en las estribaciones del Mazuco y de la Tornería se estableció una defensa muy similar a la de los 300 espartanos en las Termópilas. Los defensores, con la única superioridad de las cumbres y la orografía,  se enfrentaron  a un ejercito bien suministrado, excelentemente armado y con superioridad aérea abrumadora. Por si esto no fuera suficiente, contaban con  el cañoneo de gran calibre  desde la Costa del destructor Almirante Cervera, apodado “El Chulo del Cantábrico”, dada la impunidad con que  cañoneaba poblaciones costeras, como Gijón, Santander o la base...

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Ametza (Bilbao) Los sueños no siempre tienen que ser modernos o raros

La melancolía no es un estado de ánimo. Es una virtud necesaria en caso de necesidad. Es el paso previo a una explosión controlada de creatividad, de ira justa, hibris o de simplemente deseo de tiempos pasados que no tuvieron que ser mejores. Estoy melancólico por muchas razones. Entre ellas por los momentos que viví siendo un churumbel con mi aita, que se me llevó a los restaurantes más añejos de un Bilbao de los años setenta. Hagan cuentas. Así que cuando otra figura de autoridad, del mismo nombre que dieran lustre y esplendor mi padre y mi, también huido hacia el éter, hermano, decidió invitarnos al Ametza, entré en una caída en barrena sentimental. Un memento poco dado a casar con mi cinismo e impostura de desapego. El Ametza, en Henao, en el Bilbao ajeno a los turistas, que se lo pierden, allá ellos, oye. Un bar chiquito y bonito. Como aquellos en los yo disfruté siendo chinurri en el Casco Viejo, esos Ambotos y Rios Ojas. En los que mi padre decía, cuando no nos veía mi madre: “toma un poco más de vino con gaseosa”. Entonces tenía cuatro años y, claro, eso explica muchas de las cosas de ahora. El Ametza, donde comimos con el señor del mismo nombre, y con compañeros de tres años y mucho pico de fatigas. Nos lo merecíamos, ¡qué cojones!, y como un día es un día y una pareja de días dos, decidimos darnos al menú. El restaurador nos acomodó en un pequeño palomar, con capacidad para cinco o seis mesas. Nos atendió de lujo y comimos de la misma manera. Cinco platos, o seis. Con Lechezuelas, litiruelas rebozadas. Lechecillas. Las mollejas de algunos animales jóvenes como la ternera, el cabrito o el cordero. Lo que le gustaba a Hannibal Lecter pero no precisamente de esos animales. Con ensaladilla rusa, plena de sabor, untuosa. Croquetas de una bechamel sápida (si, lo dije). Con tigres al estilo clásico, un tomate y su cebollita crujiente, croic, croc....

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Mesón Chuchi (Fuenmayor). Apuesta segura en Fuenmayor

El otro día tocó ir a Teruel para trabajar un poco. Allí nos trataron de maravilla en el Hotel El Mudayyan, un hotel supercoqueto que por 60 euros la noche te ofrece un trato más que amistoso, un desayuno casero delicioso y amenas lecciones de Historia de Teruel narradas por la encantadora dueña, Mª José, que además te enseña los secretos del subsuelo del hotel (hace unos siglos fue la casa del cura y tiene unas galerías que unen la casa con la Iglesia -¡qué discreto el señor cura!-). En Teruel, cómo no, dimos buena cuenta del resultón jamón de Teruel para comer, cenar y desayunar. Tras un par de días intensos tocaba viaje de vuelta. El que conducía, al que denominaré Presi Senior, es un gran aficionado al Mesón Chuchi así que, ¿casualmente?, nos plantó en su puerta a las tres en punto, mientras nos contaba la anécdota de que en este restaurante se reunieron para hacer ganchillo Arzalluz, Corcuera y Vera hace ya unos cuantos años. Presi Senior ya me descubrió el Chuchi allá por 2000 y en los últimos años por allí he ido llevando a Cuchillo y señora, al Rmrls  y familia… y siempre he triunfado. Sin duda, la estrella del Chuchi son los asados. Esta ocasión comimos uno de cabrito y, por cierto, pedimos tres raciones, más que suficiente para los cuatro. Como siempre, estaba superior, pero en Chuchi todo es delicioso. Hasta la humilde ensalada de lechuga que acompaña al asado está súper sabrosa; el secreto: el vinagre de tinto de Rioja que elaboran ellos mismos. Para ir haciendo boca, primero habíamos comido unas setas a la plancha que venían acompañadas por verduritas en tempura, de las que la jefa no dejó ni miga. Presi Senior nos recomendó un sencillo salchichón a la brasa; acepté la recomendación con reservas, pero estaba realmente bueno. También cayeron unas estupendas alcachofas con su jamoncito crujiente y unos exquisitos buñuelos de bacalao con su cremita de pimiento del piquillo. Tras el cabrito,...

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