Ur-Gatza (Bilbao). Algo tendrá el agua, cuando la bendicen

Dic 02, 13 Ur-Gatza (Bilbao). Algo tendrá el agua, cuando la bendicen

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Todo correcto en restaurante Ur-Gatza, en un ambiente relajado, pese a lo pequeño que es el blanco y minimalista comedor, y bien atendidos en todo momento por un camarero que no escatima explicaciones.

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Regi Taberna (Urduliz). El curioso caso de la comida que empezó en invierno y terminó en verano

Jul 23, 13 Regi Taberna (Urduliz). El curioso caso de la comida que empezó en invierno y terminó en verano

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Por 20 eurillos, con el IVA incluido (25 por la noche), un menú con muy buena fama y aperitivos incluidos, además de primero, segundo, postre y bebida. No pintaba mal Regi taberna.

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Restaurante Aretxondo (Galdakao). Vasco con vistas verdes

May 20, 13 Restaurante Aretxondo (Galdakao). Vasco con vistas verdes

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Una visita al prestigioso Restaurante Aretxondo, de aire arquitectónico vasco, gastronomía tradicional, amplio local con mesas separadas, clientela que no chilla, vistas estupendas a los montes verdes, aparcamiento con numerosas plazas, bar y terracita…

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Restaurante Munto (Donostia). Salí con una idea: qué bien he comido

Entre las canciones que guardo desde hace años en el disco duro biológico figura el boogie ‘I drink alone’. No obstante, en realidad no me gusta beber solo. Y tampoco comer solo. Más allá de obvias razones de subsistencia, considero ambos ejercicios como auténticos actos sociales. Me gusta beber un trago y continuar la conversación mientras nado en los ojos de mi interlocutor o interlocutora. Y los pocos negocios que cierro, las pocas victorias que celebro y los encuentros con viejas amistades, me gusta que tengan como escenario un refectorio. Sin embargo, en una de mis últimas visitas a Donostia recorrí bajo la lluvia las sendas de Cristina Enea, el parque que Fermín de Lasala y Collado, Duque de Mandas, cedió a la ciudad; hablé con patos, palomas y pavos, pegué patadas a las hojas arrancadas por el frío viento otoñal, busqué inútilmente ciervos, abrí una frigoteca en la que únicamente esperaba lector la ‘Lolita’ de Nabokov y, ya empapado, decidí dar una tregua a mi osamenta resguardándome de las inclemencias meteorológicas en algún restaurante de lo viejo. Aunque fuera para comer yo solo. Dirigí mis pasos al Morgan, un local que quiero visitar desde que hace meses disfruté en su hermano Morgan Kompany, pero estaba lleno y no me apetecía esperar de pie. Giré a la izquierda, enfilé la calle Fermín Calbetón y, tras desechar la oferta de Bodegón Alejandro, donde aprendió fundamentos de cocina el sideral Martín Berasategui, entré en el Munto, negocio regentado por la familia Gómez Muñagorri desde 2001. Lo hice con intención de comer ensalada templada de bogavante, rape y postre casero por 25 euros. Con esa idea atravesé el pequeño bar y bajé las escaleras que conducen a lo que es, mayormente, el restaurante preparado para dar asiento a medio centenar de comensales. Grandes extintores rojos conviven con cuadros a la venta en las paredes de ese sótano sin ventanas ciertamente acogedor, con vigas de madera en el techo y paredes que combinan ladrillo visto, piedra, pared amarilla...

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Restaurante Atea (Bilbao). La corrección de su ‘Menú de par en par’

Sep 23, 12 Restaurante Atea (Bilbao). La corrección de su ‘Menú de par en par’

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Es la falta de amor la que llena los bares. Y la crisis económica la que vacía los restaurantes de lujo. Quizá por eso son muchos los restaurantes de postín que de un tiempo a esta parte lanzan suculentas ofertas, idean versiones reducidas de sus menús y/o abren locales de vocación popular, low cost, con una carta más sencilla y al alcance de muchos más bolsillos. Éste es el caso de Atea, que brinda “la cocina de Daniel García para todos los públicos”. No del Dani García que comanda el prestigioso Calima y la cadena de bares de tapas Lamoraga, sino del Daniel García que luce una Estrella Michelin y dos Soles Repsol en la cocina del (también prestigioso) Zortziko y mantiene bajo su manto El Viejo Zortzi, “origen de lo que hoy es el Grupo Zortziko”. Aclarado el asunto de la identidad, procedo a comentar, a modo de publicidad gratuita, que aún queda una semana para degustar en Atea el llamado ‘Menú de par en par’. Una buena excusa para invitar a comer a un amigo, o mejor a una amiga y ser querido, a un restaurante que “lo lleva Daniel García, el del Zortziko, que tiene una Estrella Michelin. Ya sabes. Blah, blah, blah…”. En fin, el caso es que por sólo 49 euros (IVA incluido, exclusivamente a mediodía y sólo hasta el 30 de septiembre) disfrutáis dos personas de un menú sencillo y completo, tal y como se anuncia; sin excesos de imaginación ni inane exhibicionismo, pero sí ceñido a la hoy día tan añorada buena relación calidad/precio. La cosa empieza con una ensalada de tomate, correcta, saciante y a la que aportan vida e imagen bolas de queso de cabra envueltas en semillas de amapola. Luego se comparten diez anchoas y varias tiras de pimiento rojo; se dice que la anchoa es de Bermeo, pero no es ninguna maravilla. Acorde al precio, no obstante. Ya has tenido suficientes tiempo y pitanza para entablar una buena conversación y olvidar cualquier sensación...

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Café Suizo (Santander). Como un barco del Misisipí

(+9 rating, 2 votes)Cargando... Ubicado en una zona privilegiada de Santander está el Suizo, cafetería-restaurante con terraza cubierta extendida a lo largo de decenas de metros, local con dos puertas a sendas calles y distintas alturas, pues dispone de un elegante altillo accesible vía unas escaleras de madera por las que esprintan los camareros en las horas punta. Cuando visitamos Santander nos agrada sorber un café en su terraza (¡sirven el mejor cortado del mundo!), y a menudo habíamos intentado probar su menú económico disponible también los domingos, pero siempre desistíamos por no rebajarnos a hacer cola o porque, directamente, el local estaba llenísimo, hasta los topes, congestionado. El Suizo lo frecuenta gente bien, señoras mayores con posibles (aunque coman enjoyadas y maquilladas sándwiches americanos en su terraza) y visitantes dispares, a veces turistas como nosotros. Debutamos un domingo y por 12,90 euros nos atracamos con dos platos, postre y café, todo regado con cosechero riojano. Repetimos el dato:12,90 euros un domingo en el centro de Santander, ¿eh? El local posee decoración serena y parece querer dar la sensación de un barco del Misisipí. De hecho, hay expuestas varias maquetas semejantes y el alzado de un riverboat se usa en sus posavasos. Los camareros recorren uniformados el piso entre barandillas blancas de madera más paredes, barra y manteles rosas. Cuando intentamos conseguir mesa la enésima vez en el Suizo, uno de los encargados, grueso y sudoroso cual mexicano, nos contestó que deberíamos esperar a que se libraran dos. Y, vaya, sin que sirva de precedente nos resignamos a esperar al sol de su terraza, que da a la ancha calle del paseo Pereda, cerca de la peluquería Eduardo y Pilar Pescador, donde a veces va La Churri, no sólo porque le ofrecen té.Ese nuestro primer día en el Suizo (y habrá muchos más, Dios mediante) de primer plato había berenjenas con pisto (buena pinta), alubias (no nos apetecían tras tantas comilonas durante las VIII Jornadas de los Productos Gastronómicos de Cantabria) y lo que...

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Restaurante Lasal (Santander). A peor, pero aún sobresaliente

(+5 rating, 1 votes)Cargando... Tercera vez que me siento en su comedor y tercera vez que lo cuento en este blog. Y es que, a pesar de las novedades negativas, el restaurante santanderino Lasal sigue siendo nuestro favorito. Lo visitamos de nuevo durante las Octavas Jornadas de los Productos Gastronómicos de Cantabria (hala, por mayúsculas que no quede) y a mitad de la sentada sentenció inapelable La Txurri: «Lasal nunca falla». Claro que no… Gastronómicamente sigue cursando a un nivel estratosférico y la relación calidad/precio es misteriosamente competitiva, pero ha cambiado el servicio de sala a peor. De los fogones se sigue encargando el chef Fausto Alonso, pero del comedor ha desaparecido el maître David, ese que te recomendaba las croquetas de gambas por fantásticas y te lo creías. Además, parecen haber desaparecido también las dos chavalitas atentas y amables que servían las mesas y la barrita de la entrada. Ahora hay otro plantel, menos redondo. Un maître trotamundos vestido de chamarilero que pronto vendrá a currar a Euskadi, un camarero un tanto lento y distraído, y una camarera hispanoamericana (quizá una cubana felina, no sé) que certificó todos los tópicos negativos de los hosteleros suramericanos. Así, de memoria, a nosotros nos trató saltando del usted al tú, nos hablaba con una cercanía no solicitada ni bien recibida, se equivocó en el vino que nos escanciaba (lo calificaba de Priorato, hasta que me di cuenta y le observé que era Somontano; entonces leyó la etiqueta de Pirineos y zanjó: «bah, las dos empiezan por p»), a la mesa de al lado se le olvidó ponerles cubiertos cuando les preparó el steak tartar de buey, a veces no iba coordinada con el otro camarero, cantaba las recomendaciones de la carta como un lorito, de memoria («nuestros pescados son salvajes y cortamos los lomos y los desespinamos», explicó varias veces) y, lo más grave, olvidó ponernos aperitivo, grrr… A pesar de todo, Lasal sigue molando mazo. Y lo dicho, cenamos un viernes el menú de 30...

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Burger King. ¿Cómo me quito este olor de los dedos?

La semana pasada, después de completar la documentación de varios contratos, fui abandonado por quienes pensaba eran mis amigos y me dispuse a celebrarlo en solitario. A lo grande. Así, a las 16.00 horas me planté en el Burger King del Centro Comercial Boulevard, en Siberia-Gasteiz, y pedí el menú más caro. Sin miramientos. Una Steakhouse César (con salsa césar y dicen que queso Grana Padano), aros de cebolla nada esponjosos y cerveza de barril por 7,80 euros. “¿Va a tomar café?”. Estará de broma… 16.15. Sensación de pesadez. Dificultad para discernir sabores y texturas. Aprecio cierto apelmazamiento en lo ingerido. No he terminado aún y ya me temo que hubiera hecho mejor comiendo tres pinchos con una cerveza y un café en un bar de confianza. 16.30. Sensación de irrealidad. Eso que he comido no es lo que anuncia la foto sobre el mostrador. Cualquiera encuentra siete similitudes… 16.45. Mi saliva se ha espesado. Creciente sensación de sed. 17.00. Singular mezcla de dulzor y picor en el paladar. 17.15. ¿Eso era queso? 17.30. Joder, qué sed… 17.45. Sí, ya sé que sus anuncios no tienen valor contractual, pero ¿cómo pueden ser tan diferentes la apariencia de la hamburguesa que he comido y la de la imagen? 18.00. ¿Seguro que eso era queso? 18.15. ¿Cómo me quito este olor de los dedos? 18.30. Fijo que esto termina todo ello en un michelín. O en dos si son pequeños. (así se sintió cuchillo) web de Burger King Igor CubilloPeriodista y gastrónomo. Economista. Equilibrista (aunque siempre quiso ser domador). Tras firmar durante 15 años en el diario El País, entre 1997 y el ERE de 2012, Igor Cubillo ha logrado reinventarse y en la actualidad dirige la web Lo que Coma Don Manuel y el foro BBVA Bilbao Food Capital, es responsable de la programación gastronómica de Bay of Biscay Festival y escribe de comida y más cuestiones en las publicaciones Guía Repsol, 7 Caníbales, Gastronosfera y Kmon. Asimismo, es responsable de Comunicación de Ja! Bilbao, Festival Internacional...

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Ikea Bistro (Barakaldo). Un desastre irresistible

Si uno acude a Ikea sin víveres y se empeña en completar el recorrido que indican las flechas del suelo, lo normal es terminar sediento y hambriento. Por eso habrá que juzgar acertada la decisión de plantar un área de comida rápida y a precios irrisorios en la misma salida, frente a la línea de cajas. 50 céntimos un hot dog, 50 céntimos un cono de helado (de nata sola o con listones de fresa o chocolate), otro medio euro un vaso que puedes rellenar con café cuantas veces desees, un euro el vaso para beber tantos refrescos de sus grifos como quieras… Tentador, ¿verdad? Pues bien, todo eso y más (rollos de salmón, donuts de pega, muffins…) puedes llevarte al estómago en un espacio de piso pegajoso, con profusión de servilletas y otros despojos, y donde frecuentemente encuentras máquinas cerradas o estropeadas. Ante tamañas gangas, ¿quién se atreve a protestar? Además, a los críos les encanta acudir a los surtidores de ketchup y mostaza, ponerse ellos los helados y accionar los distintos grifos de bebida. La semana pasada ‘cenamos’ allí por 6’50 euros. Cuatro personas. ¿Por cabeza? No, los cuatro. Eso nos cobraron por tres hot dogs sencillos, otro con cebolla y pepinillo, un vaso para refrescos, un botellín de agua, dos muffins de chocolate y otros tantos helados. Ahí es nada. Los refrescos son aguachinados, insustanciales, opten por cola, limón o naranja. ¿Han probado el de arándanos? Háganse un favor: no lo hagan. Los muffins son muy esponjosos, demasiado. ¿Y qué esperan de los perritos calientes? No se hagan falsas ilusiones; a mí, qué quieren que les diga, el mío me pareció ciertamente insípido, como llevarme un pedazo de plástico a la boca. Aun siendo mi elección el hot dog con cebolla frita y pepinillo (1 euro). No nos hemos atrevido nunca con el rollito de salmón, una especie de fajita. Demasiado audaz. Y tambien nos ha faltado valor para llevarnos a los labios su caté, aunque, por si mantienen su fé en el ser...

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Restaurante Bibi (Plentzia). Atmósfera unamuniana

El Bibi es como de otra época. De cuando no sucedía nada y la gente pensaba hacia sus adentros y agonizaba bajo el peso metafísico (si adolecía de falta de fe, of course). Hogaño el negocio del Bibi se divide en tres campos: hostal (nunca he ido, nunca iré, a veces veo salir por su puerta a gente contenta), el bar (pequeño, esquinado, concurrido, con muchos pinchos, raciones de rabas y gentío que rezuma hasta la calle porque los parroquianos no caben dentro) y el restaurante (el local se anuncia como especializado en pescados y mariscos y en la cristalera del bar cuelgan los menús del día, que suelen ser dos, uno más carato que otro). Desde la acera las cristaleras del comedor suelen mostrar un interior a menudo lleno. Sí, el Bibi y el glamour son antagónicos, aunque hay que reconocerle cierto carisma. Nosotros debutamos en su figón un domingo de 1999 y nos quedamos desazonados por el ambiente unamuniano de otra era, de fonda en la que se come lo que hay, de almas en pena que sacian su apetito terrenal sólo por nutrirse, por necesidad, no por disfrute. La puerta que da paso al comedor es metafórica: blanca, con cristalera traslúcida, propia de un dispensario tísico de la II República. Buf, qué desasosiego… La evoco y comparo la desazón con cuando el vampiro de Laguardia le preguntó ansioso y susurrante a mi esposa en su castillo: «¿Le gusta el sangrecao, ¿señora?». El caso es que como La Txurri tiene pisito en la zona, vamos mucho por Gorliz y Plentzia y miramos que dan de comer en el Bibi casi cada día, pues el local está céntrico, pegado al puerto. Y como La Txurri trabaja en la cosa pública dando clases a los zotes del bachillerato (yo les daría de hostias), goza de muchas vacaciones y en la semana de Carnaval holgazaneamos por ahí. Era martes y nuestro favorito, el Zuen Etxea, estaba cerrado por descanso semanal y nuestro plan B del...

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USB – Un Señor de Bilbao Wine Store (Bilbao). Bueno, bonito y diferente

La primera vez que aterricé en la Vinoteca Un Señor de Bilbao estaba yo pensando en comer unas cocochas en el Farketa 56 cuando caí en la cuenta de que por ese precio comemos tres en el flamante USB. Es éste un local de entrada discreta, poco sugerente, casi disuasoria, mas su cambiante interior es casi fascinante. La primera vez nos llamaron la atención paredes sin terminar de pintar, cables colgando, cierto carácter industrial y profusión de elementos añejos y ajados combinados para constituir un autentico escenario de connotaciones contemporáneas vintage. La última vez creímos observar más cuadros que nunca, pero el techo seguía sin pintar y algunos enormes marcos simplemente de apoyaban en las paredes. Sin duda, es un lugar diferente. Acogedor y atractivo. El apartado de vinos, cómo no, y el de quesos reciben una atención especial, con carta específica y varias tablas temáticas (de15 a19 euros) a la mayor gloria de la leche con bacterias: “La bella Italia”, “El pariente inglés”, “La dulce Francia”, “Viaje por Francia”… Y ya el primer día reparamos en la profusión de raciones que una pizarra anunciaba en su pequeña barra: pan tumaca (5 euros), jamón en lascas (22), carpaccio de buey (12), sobrasada con miel sobre pan tostado (10)… Probaría todas, sin excepción, pero uno es un currante, no dispone a diario de dos horas para comer y otras tantas para hacer la digestión en distendida sobremesa, y acostumbro a entregarme, con pasión, eso sí, a su plato del día. Y digo bien plato, en singular, pues su oferta es así de escueta. Aunque en las mesas aledañas señores maduros y señoras maduras (su clientela tipo) acostumbren a pedir chuletas humeantes de pinta excelente, vestidas de rojo intenso y de punto (visual) espectacular, o deslumbrantes anchoas, o… ¡Basta ya! No permitan que me atormente más. Que yo también me salto el guión y amplío la comanda. Nuestra apuesta y recomendación es clara: si se opta por el sencillo plato del día, vino incluido (9,50 euros),...

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Abaroa Euskal Sena (Sondika). Animalada de alubiada

(+5 rating, 1 votes)Cargando... El Euskal Sena es uno de los restoranes populares de Bilbao, sito en la cima del monte Artxanda y perteneciente a la cadena Abaroa. Este enorme tinglado cuenta con un parking de 250 plazas y comedores para más de 600 comensales. Además, hay alguna barra para hacer tiempo, rincones para que jueguen los niños y hasta discoteca, pues tal enclave suele albergar bodas. Sus rectores se definen especializados en pescados y carnes a la brasa, pero el caso es que recibí un bono descuento de Colectivia y, cuando Pato me confirmó que pondría el coche, lo compré pensando que por el vino ya merecía la pena. Rezaba así la oferta: «¡Menú Alubias en el Restaurante Abaroa Euskal Sena por 19,3 €! ¡Una opción gastronómica tradicional con productos de primera calidad!». Se supone que el precio normal es de 32,1 €, se incluían entrantes y postre, y se regaba con agua y Viña Pomal Crianza Centenario. O sea que caímos en la tentación. Utilizamos los cupones un sábado nevoso. Ese día de febrero estaba casi lleno nuestro amplísimo y bullicioso comedor de la planta inferior, con decoración de caserío vasco (yuntas en las paredes, vigas de madera, alacenas…) y mesas ocupadas sobre todo por familias. A nuestra vera había una mesa redonda de unas nueve plazas que, oh casualidad, acogió a conocidos de Pato que también habían comprado los cupones de la alubiada. Y es que el empático Pato conoce a gente en todo el mundo. Al poco nos trajeron el agua, Aquabona, perfecta, y el Viña Pomal, de Haro, de 13,5º, con aromas a grosella y mora, paladar astringente y muy rico. Y no tardaron los entrantes, presentados en un plato pintado con brochazos de dulce y guisantes. Se trataba de un aperitivo con dos croquetas de chipirón per cápita (perfectas también, en su punto, redondas, esponjosas, negras y con trozos de chipirón) más un chupito de crema templada de cigalita (otra estupenda delicatesen con olor al marisco y quizá mezclada...

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