Doce uvas de la suerte

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Soy muy terrenal, poco espiritual, a no ser que me pinchen o me den buenos motivos para ello. Y no me fío de supersticiones; a estas alturas, no. Pero sigo cumpliendo con las tradiciones familiares, más cuando hay niños alrededor. Así que mañana acudiré a la cena de fin de año y observaré cómo mi ama tendrá dispuestos los platillos con las 12 uvas, ya no sé si una por cada campanada o una por cada mes vivido. Por lo pasado o, mejor aún, por lo que está por venir.

Nos sentaremos alrededor de la mesa, cada uno hará un repaso de lo mejor y lo peor de 2014, y observaré cómo los más mayores lo son aún un poco más. Y las nuevas generaciones nos sacan los colores por lo que saben y nosotros desconocíamos a su edad.

Cenaremos bien, vaya que sí, mi ama es única en la cocina. Mi aita protestará porque llevo vino, uno especial que me han regalado para él. Y me sonreirá, cómplice. Y entenderé lo que me quiere decir. Intentaré recordar mi repertorio de chistes para parecer la tía graciosa. Lo pasaremos bien y echaré de menos a los que no me acompañan y desearía que se sentasen a mi vera.

Siempre estará al que no le gustan las uvas, la que las quiere sin piel, la que piensa que sería mejor doce lacasitos, la que dice que se le atragantan… Y discutiremos si el origen de la tradición es un excedente de producción de la huerta murciana, allá por principios del Siglo XX, o si es una burla a la clase burguesa de finales del diecinueve. Y, copa en mano, alguien descubrirá que llevo un lazo rojo anudado en la muñeca.

Y cuando el carrillón baje, todos atentos, y doce segundos de silencio, de miradas y algunas risas. Habrá quien pida una docena de deseos. Yo cerraré los ojos y pediré sólo uno. Y, de repente, ya es año nuevo. Besos y abrazos. Otro año más.

Entonces pensaré que lo mejor de las uvas es el vino. Ese vino que beberé y compartiré, espero, en 2015. Feliz año.

(es muy terrenal y poco espiritual, Uve)

Lazo rojo y una uva por cada campanada; feliz año nuevo (foto: Uve)
Lazo rojo y una uva por cada campanada; feliz año nuevo (foto: Uve)

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UveLa autora: UVE

Es de números y tiene un secreto para conservar su línea. Sus amigos se preguntan por la clase de alimento, Uve sonríe coqueta y se guarda su secreto. Aporta el #mistery a Lo Que Coma Don Manuel. Amiga del anonimato, viste de negro, escucha a Roy Orbison para alegrarse, le parece que Iván Ferreiro grita, estudió en colegio de monjas, le chiflan las ostras, ofrece cerveza a los gremios y trajo el TeleMadre a Euskadi. Siempre de aquí para allá, pasa la noche mirando la Luna, esperando que pase un cometa o baje un platillo volante. Lo normal, al conocerle, es preguntarle: "¿de qué planeta viniste?".[/box]


Rica la cecina en Bodega Típica La Solana (foto: Uve)

La Solana (Vecilla de Trasmonte). La próxima vez, pollo

Desde que una amiga, que resultó ser mi prima muy muy lejana (es lo que tienen los pueblos), me descubriera la bodega La Solana, no ha pasado ni un solo año sin que me dejara caer por sus empinadas escaleras. Un lugar que fui descubriendo al resto de la familia cuando coincidíamos por la zona, y en el que me aventuraba a organizar veladas con esos amigos con los que únicamente coincides en verano. Presumía acierto seguro, si la propuesta era comer bajo tierra, sentarse entre paredes de adobe y arcilla junto a una vieja prensa de madera, y asomar la cabeza por la zarcera, ese oscuro y largo respiradero que conecta la estancia con el mundo exterior. Y todo esto, con un servicio de lo más campechano, y una buena relación calidad/precio. Ah, y hogaza de Manganeses, pan de corteza dura y miga esponjosa, de esa que invita a ponerte morado de aceite. Ñam.

Interior de Bodega La Solana (foto: Uve)
Interior de Bodega La Solana (foto: Uve)

Pero, como alguien me dijo una vez, todo cambia, nada permanece (sniff). Podría decir que el precio apenas ha cambiado, cierto. Pero quizás mis amigos sí. Y ya no me atrevo a presumir de una cocina castellana medianamente aparente ante quienes se me presentan mucho más exigentes, más entendidos, más gourmets… Y esta bodega, hoy en día, es un poco menos de todo, menos cuidadosa, menos frecuentada, menos no sé qué.

En mis dos últimas visitas, en temporadas bien diferentes, me sorprendió ser la única mesa ocupada en un espacio al que difícilmente podías acceder, no hace tanto tiempo, sin previa reserva. Más aún cuando la visita coincidía en fin de semana, y no digamos en verano. Y es que, a unos cuantos metros bajo tierra, no vean qué fresquito se está y qué a gusto se come cuando en el exterior rondan los 33º a la sombra. Y sin cobertura, además. Ni tan mal.

Y no creo que sea cuestión de echar toda la culpa a la crisis; bien cerquita, ya en tierras leonesas, veo cómo el restaurante Gatito (Valderas), con una oferta limitada exclusivamente a bacalao ajoarriero y conejo, sin carta de vinos (clarete + gaseosa), y no más allá del trío flan-piña-melocotón para terminar, cuelga el cartel de “completo” cada fin de semana y hace pleno a diario en las temporadas en que la comarca se llena de forasteros. Incluso se permite el lujo de calcular requetemal, y cerrar el local en fiestas cuando se les acaban las provisiones; insisto, bacalao y conejo. Que se me despistan.

Nunca me atreví a recomendar los postres de La Solana, cuando el recuerdo de los más pequeños es “ese helado con forma de Mickey”; pero acertaba con los entrantes, y me animaba a sugerir el jarrete de cordero al horno (10,20€), secreto de cerdo a la brasa (9,50€) y creo no haberme equivocado al proponer la especialidad de la casa, “Saltapesebres”, enorme cazuela de pollo de crianza guisado, bien rico (16,90€).

Pero en nuestra última visita aprobaron, como siempre, los entrantes: la ración de cecina (14,00€); la morcilla de León para untar (6,30€); la lechuga “a lo tío”, aliñada con aceite y pimentón (4,10€); las croquetas de carne (6,90€, no recuerdo si docena o decena); y la abundante ración de lacón que nos pusieron como aperitivo, bien condimentada con más pimentón. Pero no pasaron el corte el pincho de lechazo (13,90€), con más hueso que carne; la sepia a la plancha (9,80€), aún me castañean los dientes; ni el conejo a la brasa, seco, pero muy seco, del que “se hace bola”.

Preferiría que subieran un poco los precios y mantuvieran la calidad, el personal suficiente y hasta la calefacción en invierno. Que no hubiese que conformarse con una carta más reducida ni esperar una eternidad a ser servido. Y no reniego del lugar, supongo que volveré, pero el plan será otro; merienda-cena con jarra de vino de la casa, unas tablas de embutidos y quesos zamoranos, con abundante pan, y, si nos animamos, compartiremos pollo. Hasta que dejen de resecar el cordero.

(no le darán más cordero por pollo, a Uve)

web de Bodega Típica La Solana

ver ubicación

Carretera N-525 (Benavente-Orense), Km 12; 49623 Vecilla de Trasmonte (Zamora)

980 646 215

info@bodegalasolana.es

Rica la cecina en Bodega Típica La Solana (foto: Uve)
Rica la cecina en Bodega Típica La Solana (foto: Uve)
En La Solana, el pan de Manganeses de la Polvorosa (foto: Uve)
En La Solana, el pan de Manganeses de la Polvorosa (foto: Uve)
Mandamientos del vino, expuestos en Bodega Típica La Solana (foto: Uve)
Mandamientos del vino, expuestos en Bodega Típica La Solana (foto: Uve)

Bienvenidos a Cafés Panchito (Donostia)

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No es el negrito que vino del África tropical. Tampoco proviene de las orillas del Mississippi. Esta sonrisa que preside el escaparate de Cafés Panchito baila samba y llegó a Donostia desde Sao Paolo allá por 1910. Su silla se acomodó por primera vez en una tienda de ultramarinos que posteriormente se reconvertiría en tostadero de café, Casa Paulista, el origen del actual negocio.

Aquel despacho de café, ubicado en la céntrica calle Garibai, volvió a sentar a Panchito en el escaparate, con montañas de grano a sus pies. El aroma a torrefacto y el sonido de los molinillos inundaron la rúa para abastecer a donostiarras y hosteleros hasta 1996, cuando el local fue vendido y el negocio trasladado a un polígono industrial. Y perdimos a Panchito. Probablemente se mudó a un almacén, con nuevos compañeros, a una habitación sin vistas.

El cuerpo del deseo, dicen (foto: Uve)
El cuerpo del deseo, dicen (foto: Uve)

En 2005, es la cuarta generación de la familia Larzabal quien decide tocar la fibra donostiarra desempolvando y repintando al simpático personaje. Y lo devuelve a la calle, al escaparate, a contemplar la vida pasar en una transitada zona, esquina calle Churruca y Plaza de Gipuzkoa. A dar la bienvenida a Cafés Panchito. Recuperan la venta al público con nuevas ideas, sin trastienda, en un local acristalado y luminoso; con la filosofía del take away, ampliando su oferta con café en cápsulas, variedades de té e infusiones y accesorios, tazas, teteras. En los últimos años abren dos nuevos locales, uno en esta misma ciudad, otro en Bilbao, animándose al mismo tiempo a probar suerte en el mundo de la franquicia.

Hace apenas un mes, Cafés Panchito celebró el centenario. Y regalaron a su célebre inquilino un nuevo retrato, un moderno rediseño en blanco y negro del logo, firmado por Loreak Mendian. A Panchito parece no importarle, de día sigue sonriendo desde su silla… ¿Se pasará la noche moliendo café?

“Una pena de amor, una tristeza
lleva el zambo Manuel en su amargura,
pasa incansable la noche moliendo café”

(Uve)

web de Cafés Panchito

ver ubicación

Plaza de Gipuzkoa, 16; 20004 Donostia (Gipuzkoa)
+34 943 42 68 15
info@cafespanchito.com

El entrañable Panchito y la imagen del centenario de Cafés Panchito (foto: Uve)
El entrañable Panchito y la imagen del centenario de Cafés Panchito (foto: Uve)

* Lo Que Coma Don Manuel coloca en la sección Bienvenidos aquellos muñecos, carteles y dibujos que, con cierta gracia, nos dan la bienvenida a restaurantes, bares, bistrós, chigres, sidrerías y demás locales hosteleros que tanto nos gusta visitar. Esperamos sus aportaciones, queridos lectores *

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UveLa autora: UVE

Es de números y tiene un secreto para conservar su línea. Sus amigos se preguntan por la clase de alimento, Uve sonríe coqueta y se guarda su secreto. Aporta el #mistery a Lo Que Coma Don Manuel. Amiga del anonimato, viste de negro, escucha a Roy Orbison para alegrarse, le parece que Iván Ferreiro grita, estudió en colegio de monjas, le chiflan las ostras, ofrece cerveza a los gremios y trajo el TeleMadre a Euskadi. Siempre de aquí para allá, pasa la noche mirando la Luna, esperando que pase un cometa o baje un platillo volante. Lo normal, al conocerle, es preguntarle: "¿de qué planeta viniste?".[/box]


El Clarete (Vitoria). Cuéntamelo todo, o el noventa y nueve por ciento

Con la presente, son ya cinco las ocasiones en las que se reseña El Clarete en esta weg. Esto podría hacer pensar al lector que, llegado el verano, hacemos como en la tele: reposiciones, producciones de serie B y otro tipo de refritos (qué bien traído). Error. Soy fan del restaurante vitoriano (muy fan), un sentimiento que ha ido in crescendo; a El Clarete acudo con la tranquilidad de quien ha disfrutado de una buena experiencia, sin estridencias, sin postureo. Sin tonterías. Un lugar donde he comido bien y bebido mejor. Y, sobre todo, un rincón donde he aprendido mucho disfrutando de la charla y la compañía.

Dicho esto, en mi última visita a la capital alavesa hubo un poco de todo. Sol, buena temperatura, paseo por La Senda, música en la calle, llamadas telefónicas provechosas y hasta alguna buena noticia; sí, de esas que escasean tanto últimamente. Todo iba tan bien que decidimos dejarnos caer por El Clarete. Día redondo, definitivamente.

La elección no fue gratuita. Sabíamos dónde íbamos. Sabíamos que queríamos probar por segunda vez el nuevo concepto “taberna”, abierto hace apenas unos meses. Un coqueto y cómodo espacio que recupera la barra como elemento clave para acercar al comensal la propuesta gastronómica del local. Producto de temporada bien trabajado en formato ración, acompañado siempre por buen vino. Una oferta de caldos diferente, amplia, fuera de tópicos y típicos. Uvas menos convencionales, vinos de autor, ediciones limitadas... botellas que sólo encuentras allí.

“La otra mesa” ofrece la oportunidad de degustar la esencia de la cocina de Unai Fernández de Retana de manera distinta; versiones en miniatura, entre los 2,50 y los 4,50 euros, muy bien presentadas. Variedades saladas y dulces que se van ajustando a lo que dicta el mercado. Una puerta abierta a que el comensal se decida a volver y probar el “menú cuchara” o el “menú degustación”, las dos alternativas que viene ofertando este restorán capitaneado por sus actuales gestores desde hace ya 16 años. Cómo pasa el tiempo.

De ocasiones anteriores, conocíamos los tres aperitivos, al menos los que sabemos que se ofertaban hasta hace unas semanas, a 2,50 euros: gazpacho de frutos rojos, crema de foie y las antxoas en lata. Un hurra por los tres. También teníamos en nuestro haber varias propuestas de "lo salao", a 4,50 euros: el ravioli relleno de foie, quicos y parmesano; y el pulpo con crema trufada de patata. Incluso carne guisada con patatas que no figuraba en la carta, creo recordar.

Txangurro con caldo de garbanzos (foto: Uve)
Txangurro con caldo de garbanzos (foto: Uve)

Así que esta vez nos decantamos por un carpaccio de alcachofa, con cerdo, toque de pimienta negra y pedacitos de cebollino. Simplemente d-e-l-i-c-i-o-s-o, pero es que me pierden las alcachofas. Teníamos ganas de txangurro con caldo de garbanzos; brutal y de sabor soberbio, en palabras de quien compartía encimera conmigo; el plato de arroz con fondo de marisco se presentó con gambas y trocitos de pulpo, muy (muy) pero que muy meloso. Y, para no dejar ni una sugerencia de la carta sin catar (todas a 4,50 euros), nos quedaba la yema de huevo confitada con crema de coliflor y corteza de cerdo tostada. Diría que lo más flojo, pues nos la esperábamos con otra textura.

No recuerdo si ése fue el orden en que lo comimos, pero sí como más nos gustaron. Debatimos unos minutos quién encabezaría la lista; quizás un empate entre los dos primeros seria justo.

Etiqueta de Pow, vino aragonés (foto: Uve)
Etiqueta de Pow, vino aragonés (foto: Uve)

Y todo esto que suena tan bien, con el vino que nos descubre Patxi, el hermano de Unai, sabe todavía mejor. En esta ocasión, terminamos una botella de Pow, garnacha 100% del Campo de Borja; nos lo describió como un morapio fácil, agradable, con sabor a fruta madura (higo, ciruela, mora negra), a cuero y tabaco. Nos habló de la orientación del viñedo, del tipo de suelo... Y es que escucharle es un placer. Con la pasión de aquél que adora su trabajo, nos describe, nos detalla, nos cuenta. Cada botella de vino tiene historia. Y cada copa se convierte en un descubrimiento, una forma diferente de entender el vino.

Así, nos enteramos de que el mayor de los hermanos trabaja unas 150 referencias de vinos, y cuando quisimos averiguar si conoce todas ellas con tanto detalle, esbozó una tímida sonrisa y, con innecesaria modestia, respondió “sí, al noventa y nueve por ciento”. Si no, no lo compra; no incluye en su carta un caldo que no haya probado y estudiado a fondo. Y me lo creo.

Nada de dulce para terminar; ya conocíamos la torrija (3 euros), y el chocolate con sal, aceite de oliva y pan. Un par de cafés, eso sí, como siempre. Y como siempre también, la sensación de no habernos equivocado. Esta vez, apostados en la barra, que somos muy de barra. Y de taburete. ¿De silla? No lo sé, quizás en otra ocasión.

(Uve)

web de El Clarete

ver ubicación

Cercas Bajas, 18; 01001 Vitoria-Gasteiz (Álava)

945 26 38 74

reservas@elclareterestaurante.com

Carpaccio de alcachofa, de El Clarete (foto: Uve)
Carpaccio de alcachofa, de El Clarete (foto: Uve)
Arroz con fondo de marisco, de El Clarete (foto: Uve)
Arroz con fondo de marisco, de El Clarete (foto: Uve)
Uno del los guisos que oferta El Clarete en formato tapa (foto: Uve)
Uno del los guisos que oferta El Clarete en formato tapa (foto: Uve)
Torrija, uno de los postres de la taberna de El Clarete (foto: Uve)
Torrija, uno de los postres de la taberna de El Clarete (foto: Uve)
Zona de barra de la taberna de El Clarete (foto: elclareterestaurante.com)
Zona de barra de la taberna de El Clarete (foto: elclareterestaurante.com)

San Sebastián Gastronomika 2014. Las dos italias

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Ayer el Basque Culinary Center fue testigo de la presentación de una nueva edición del congreso San Sebastián Gastronomika - Euskadi Basque Country. Del 5 al 8 de octubre, el Palacio de Congresos Kursaal hablará italiano, respirará aromas mediterráneos y verá desfilar unas cuantas estrellas Michelín vestidas de Armani. Ese toque italiano.

Pasta, pizza, risotto y mucho más, con un claim: “Italia, norte versus sur”. Dos culturas y dos estilos, una diversidad que se deja apreciar en los fogones de la bota de Europa. En ésta su XVI edición, pocas novedades a priori. CM Gipuzkoa y la empresa catalana Grup GSR nos vuelven a proponer un programa estructurado en las cuatro áreas de anteriores ediciones: Alta, con acceso a ponencias y degustaciones, un placer para los sentidos; Off, repiten las Wine Sessions, el concurso de parrilla y diversos talleres de cocina conducidos por grandes profesionales; Popular, cuando la feria se acerca al público, con street food estilo italiano y pizza por doquier, mucha pizza;   y diversidad de producto nacional e internacional, junto a nuevas tendencias, en los 5.000 m2 de área expositiva de la zona Market.

El congreso contará con el habitual comité técnico compuesto por reputados cocineros vascos, sin nuevos nombres. Reunirá a los mejores chefs de España y contará con las grandes figuras del país invitado, alta cocina y maestros pizzeros. Nombres de prestigio que acercarán la cultura de las dos italias a nuestras mesas.

Un par de galardones, el homenaje póstumo a Pedro Arregi (Elkano) y un nuevo espacio de dinamización en la zona Market, con demostraciones en vivo, son algunas de las novedades de esta edición. O, al menos, las que nos han contado. Así que nos queda esperar a octubre para dejarnos sorprender por esa cocina que ya de por sí se presenta cercana y amable. Con mucho en común, mediterránea y latina. Pero esperando, en el fondo, descubrir algo nuevo. Es lo enigmático. Tanto como la sonrisa de su Mona Lisa.

(Uve)

web de San Sebastián Gastronómika 2014

* En la imagen, Massimo Bottura, chef de Osteria Francescana, restaurante ubicado en Módena e instalado en el tercer puesto de la lista de 50 avalada por la revista Restaurant. Hablará en el Kursaal, el próximo 6 de octubre. 

Gastronomika 2014 CORTADA
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UveLa autora: UVE

Es de números y tiene un secreto para conservar su línea. Sus amigos se preguntan por la clase de alimento, Uve sonríe coqueta y se guarda su secreto. Aporta el #mistery a Lo Que Coma Don Manuel. Amiga del anonimato, viste de negro, escucha a Roy Orbison para alegrarse, le parece que Iván Ferreiro grita, estudió en colegio de monjas, le chiflan las ostras, ofrece cerveza a los gremios y trajo el TeleMadre a Euskadi. Siempre de aquí para allá, pasa la noche mirando la Luna, esperando que pase un cometa o baje un platillo volante. Lo normal, al conocerle, es preguntarle: "¿de qué planeta viniste?".[/box]


Hamburguesa Egg, de Hogar Dulce Hogar (foto: Uve)

Hogar Dulce Hogar (Donostia). La comodidad del Chester

Era viernes noche, y una servidora y sus dos más fieles compañeras se encontraban en misión especial. Tan especial como liderar la búsqueda de la hamburguesa con “pan-pan” en la capital guipuzcoana. Difícil tarea la que me has encomendado, jefe. No la de encontrar algo mejor que Peggy Sue, no; lo complicado será superar las expectativas de la 8 y la 13 de Va Bene, aunque les falte el pan.

Fue en esta weg donde alguien comentó que en el donostiarra barrio de Gros se despachan unas deliciosas hamburguesas que bien podían estar a la altura del citado local, y que merecía la pena probar. Así que, como soy más de pescado, me hice acompañar por dos pequeñas carnívoras que adoran la comida “menos sana”, cenar fuera de casa y encontrar cualquier excusa para acostarse un poco más tarde. Y, encima, me aseguraba una opinión fiable y sincera de aquéllas que son capaces de decirte, con una gran sonrisa, que “hoy casi no se te notan las arrugas”. Angelitos...

Carta de Hogar Dulce Hogar (foto: Uve)
Carta de Hogar Dulce Hogar (foto: Uve)

Aparcamos bajo el Teatro Victoria Eugenia, cruzamos el puente del Kursaal y paseamos junto a la playa de la Zurriola, viendo cómo se ponía el sol (yo) y echando un ojo a los surfistas (ellas). Caminamos lo poco que me dejaron, no demasiado, quedando en la memoria aquellos bonitos paseos hasta Sagüés que tanto nos gustaban (......). Y llegamos a una de las zonas de bares y terrazas más frecuentadas de Gros, al local recomendado, Hogar Dulce Hogar, con nombre que más asociaría a una tienda de menaje o decoración que a una pastelería-cafetería-heladería, como cantan las amarillas letras de su fachada. Una vez dentro, quise buscar esa sensación de “hogar”: madera cálida, chimenea decorativa, baldas con libros, un sofá y unas mantas para los que se animen a sentarse a la fresca de su terraza en invierno. Entramos y, por la cara de fastidio que me puso la más hambrienta, entendí que no había mesa disponible. Tras otear el terreno rápidamente, nos llamó la atención la presencia de cuatro pelirrojos, muy nórdicos y muy pecosos todos ellos, que parecían estar de retirada y liberarían el rinconcito del sofá, ese Chester que tan de moda ha puesto Risto Mejide desde que decidió viajar con uno a cuestas.

El espacio era cómodo y agradable, rodeado de cristaleras que nos dejaban inventar historias sobre los paseantes, reírnos y disfrutar del momento. En la mesa, un poco baja para mi gusto, un par de cartas presentadas a modo de librillo de madera: cosas de pikoteo; seis opciones de hamburguesa servidas con patatas, entre 7 y 7,40€; Gourmet burguers, con algo más que ternera (cuatro versiones, a 7,90€); cuatro tipos de ensaladas (5,80€); sándwiches; meriendas; y bebidas.

Nachos de Hogar Dulce Hogar (foto: Uve)
Nachos de Hogar Dulce Hogar (foto: Uve)

La decisión fue rápida: nachos y hamburguesas Egg, con bacon, queso, huevo y cebolla. Y la decepción más rápida aun, en cuanto nos trajeron los “doritos con queso”. Quizás porque nuestras expectativas eran demasiado altas, porque he probado los mejores nachos a 110 km de aquí o porque, para ellas, los preparo más ricos que nadie, según la receta de “tú más mejor amigo”. Pagamos 5,90€ por unos tortilla chips sin guacamole, sin cheddar, sin salsa mejicana y sin queso por encima. Nada que ver con lo que recitaba la carta.

De la hamburguesa, las expertas concluyeron que el pan estaba poco tierno, sin terminar de cocer, con sabor a harina; la carne apenas jugosa, demasiado hecha, de la que se hace bola. Las patatas no recibieron queja por su parte, aunque yo las aprecié sobradas de aceite.

Me quedo con la tranquilidad del rinconcito y con ese par de recetas que cerraban la carta y pude fotografiar: rosquillas de la abuela y tarta de Santiago. Me quedo con la atención correcta de sus camareras y con la sensación de que es un local más de desayunos que de otra cosa, más de dulce que de salado. Me quedo con la comodidad del Chester. Sólo con éso, y no es suficiente.

(Uve)

ver ubicación

Bermingham Kalea, 1; 20002 Donostia (Gipuzkoa)

943 24 66 81

[box type="warning"] Can you say to-rri-ja?

Hogar Dulce Hogar ha abierto sucursal en el West Broadway neoyorquino. Ahí es na'. [/box]

Hamburguesa Egg, de Hogar Dulce Hogar (foto: Uve)
Hamburguesa Egg, de Hogar Dulce Hogar (foto: Uve)
Receta de "Rosquillas de la abuela", en Hogar Dulce Hogar (foto: Uve)
Receta de "Rosquillas de la abuela", en Hogar Dulce Hogar (foto: Uve)

Bienvenidos a La Cepa (Donostia)

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Que el Bienvenidos de hoy esté soportado en la mismísima persiana del local, como el que hace unos días se publicaba en esta weg, es casualidad.

Que el bar restaurante La Cepa se ubique en la donostiarra calle 31 de Agosto, como la nécora que tan graciosamente nos saludaba desde La Viña, en el número 3 de la misma rúe, es coincidencia.

Que uno se llame “viña” y otro “cepa” es ya “acontecimiento histórico planetario”, como diría aquélla. Cuánta concomitancia. Algún motivo habrá.

La cuestión es que esta imagen, un tanto lánguida y gris, oculta un negocio nacido en 1948, tradicionalmente reconocido por sus mixtos de jabugo, y que desde hace unos años es gobernado por Joaquín Pollos, profesional curtido en el entorno hostelero de la ciudad.

Con el diseño no se han roto la cabeza. ¿Cepa? Pues cepa, tal que así, para que no quepa duda. Aunque, bueno, conociendo a Cuchillo, no me extrañaría que dijese aquello de "eso no es una cepa, es una vid. Que la cepa es el tronco y la planta es la vid". Lo discutiremos con un vino. De buena cepa. De la vid. De uva, al fin y al cabo. Yo que sé.

(Uve)

web de La Cepa

ver ubicación

C/ 31 de Agosto, 7 - 9; 20003 Donostia-San Sebastián (Gipuzkoa)

943 426 394

info@barlacepa.com

La Cepa y su fachada, con la persiana echada (foto: Igor Cubillo)
La Cepa y su fachada, con la persiana echada (foto: Uve)

* Lo Que Coma Don Manuel destaca en la sección Bienvenidos aquellos ornatos, muñecos, carteles, dibujos y otras decoraciones singulares que, con cierta gracia, nos dan la bienvenida a restaurantes, bares, bistrós, tabernas, chigres, sidrerías, tascas y demás locales hosteleros que tanto nos gusta visitar *

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UveLa autora: UVE

Es de números y tiene un secreto para conservar su línea. Sus amigos se preguntan por la clase de alimento, Uve sonríe coqueta y se guarda su secreto. Aporta el #mistery a Lo Que Coma Don Manuel. Amiga del anonimato, viste de negro, escucha a Roy Orbison para alegrarse, le parece que Iván Ferreiro grita, estudió en colegio de monjas, le chiflan las ostras, ofrece cerveza a los gremios y trajo el TeleMadre a Euskadi. Siempre de aquí para allá, pasa la noche mirando la Luna, esperando que pase un cometa o baje un platillo volante. Lo normal, al conocerle, es preguntarle: "¿de qué planeta viniste?".[/box]


Bienvenidos a La Cuchara de San Telmo (Donostia)

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Desafiante, afectada y resignada; bienvenidos a La Cuchara de San Telmo (foto: Uve)
Desafiante, afectada y resignada; bienvenidos a La Cuchara de San Telmo (foto: Uve)

¡Uff!, la encontré, menos mal. Creí haber perdido una de mis fotos favoritas. Qué bien encuadrada, qué momento aquel. Este objeto de mi deseo, alegre y colorista, decora una de las paredes del bar restaurante La Cuchara de San Telmo, concretamente, la que da a la calle Santa Corda, callejón (del amor) algo más conocido como trasera de “la treintayuno de agosto”. Y a mí la imagen, obra de Eva Garcés (ilustradora, pintora, humorista gráfica y más cosas con i), me resulta de lo más simpática. Me presta contemplarla, no lo sé, me relaja, parece que te está invitando… ¿Hace un vino? Todo menos stress.

O díganme si no. Esa pose desenfadada de nuestras tres protagonistas, con la mirada al frente, sin titubeo; desafiante la de la izquierda, resignada a la diestra y algo afectada la que nos mira de frente, vaso en mano. Calma chicha, eso sí, sin prisa. Vinito y charleta. De qué hablarán, digo yo.

Y esa estética pretendidamente cuidada y, quizás, algo vulgar. Tiaras y flores adornando el cabello, zarcillos en las orejas, muy azulonas las sombras de ojos y carmín por doquier; bikinis de rayas y topos, plataformas y taconazos… y, mi preferida, medias negras de redecilla con blonda a la altura del medio muslo y una no muy fina lencería rojo pasión. Olé, vaya tres.

Apenas reparo en los dos chuchos de apariencia despistada que las escoltan bajo la mesa, se ve que no soy amante de los animales. Sin embargo, descubro que al fondo vuelan cucharas y corazones, como no podía ser de otra manera, ya que, según los chicos de La Cuchara, allí cocinan "para que todo el mundo se quiera un poco más”. Lo dicho, sus deseos son órdenes. Comamos pues.

(Uve)

web de La Cuchara de San Telmo

ver ubicación

31 de Agosto, 28 -trasera-; Donostia-San Sebastián (Gipuzkoa)

* Lo Que Coma Don Manuel destaca en la sección Bienvenidos aquellos ornatos, muñecos, carteles, dibujos y otras decoraciones singulares que, con cierta gracia, nos dan la bienvenida a restaurantes, bares, bistrós, tabernas, chigres, sidrerías, tascas y demás locales hosteleros que tanto nos gusta visitar *
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UveLa autora: UVE

Es de números y tiene un secreto para conservar su línea. Sus amigos se preguntan por la clase de alimento, Uve sonríe coqueta y se guarda su secreto. Aporta el #mistery a Lo Que Coma Don Manuel. Amiga del anonimato, viste de negro, escucha a Roy Orbison para alegrarse, le parece que Iván Ferreiro grita, estudió en colegio de monjas, le chiflan las ostras, ofrece cerveza a los gremios y trajo el TeleMadre a Euskadi. Siempre de aquí para allá, pasa la noche mirando la Luna, esperando que pase un cometa o baje un platillo volante. Lo normal, al conocerle, es preguntarle: "de qué planeta viniste?".[/box]


Fish & chips, según José Pizarro

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Empiezo confesando que ayer llegué tarde a la Jam Session Londres - España, en la jornada inaugural de San Sebastián Gastronomika 2013. Un retraso más que justificado, por supuesto, pero tarde al fin y al cabo. Y eso implica que me perdiera la primera intervención y la mitad de la segunda. Con esto, no pretendo más que justificar que la opinión tan personal en la que se basa este post, puede que no sea compartida por muchos lectores. Entendible.

Imagen de Gastronomika 2013 (f: Uve)
Imagen de Gastronomika 2013 (foto: Uve)

No escuché a Iván Ortiz y Neftalí Cumplido (Restaurante Hispania), llegué a mitad de cocción de la receta de César García (R. Ibérica), y permanecí atenta a Alberto Criado (R .Cambio de Tercio) y al último ponente, José Pizarro (R. Pizarro). Todos ellos españoles afincados en la ciudad de la niebla, con sendos establecimientos londinenses. Adoro Londres.

¿Si me dan a elegir? Me quedo con José Pizarro. No es que piense siempre que los últimos serán los primeros y todo eso… Además, lamento que los retrasos acumulados en las anteriores intervenciones derivasen en una excesivamente rápida actuación del extremeño Pizarro. Muy rápida, demasiado. Pero ágil y emotiva. Me gustó.

Empezó solicitando al público asistente permiso para emitir un vídeo. En inglés, se disculpó. En su propio inglés. Un repaso a sus orígenes con más de una referencia a “my mother and my grandma”, y a “my madre and my abuela”. Con imágenes de sus dos establecimientos, sus tapas,  su alta cocina y una foto final junto a sus padres. Dedicado. Gran aplauso.

Y tras las prisas impuestas por el propio moderador, se lanzó a la explicación de un tópico. Y un típico, “Fish & Chips”. Él explicaba, en modo showman, mientras cocinaban sus ayudantes. En los anteriores casos, los que vi, era el propio cocinero el que se ocupaba de la elaboración. Pero a mi me gustó escucharle. Más relajado que el resto, sin moverse de aquí para allá, de la cocina a la encimera, de la encimera al horno… Él más a la cámara. Creo que sabe venderse.

Un momento de la jam session en el Kursaal(foto: Uve)
Un momento de la jam session en el Kursaal(foto: Uve)

Y comenzó con la elaboración del plato. ¿El fish? Bacalao, marinado dos horas con pimentón de la Vera, que es extremeño y se nota. Dos pedazos hermosos con su piel. ¿Y el rebozado? Una tempura con tinta de calamar. ¡Ja! Que no es el fish and chips del cucurucho de papel de periódico, con ese amarillo periquito de la fritanga, ni el chorretón de vinagre sobre las patatas, como se come en la calle.

Insisto y me repito, pero vuelvo a decir que las prisas no son buenas, que me hubiese gustado un mayor detalle de preparación de la tempura. Harina de maíz y trigo, a partes iguales, y cerveza. Y la tinta, claro. Es todo lo que pude oír…

Con una espumadera, retiraron de la salsa rojiza los lomos de bacalao, y los frieron en freidora unos 3-4 minutos. De ahí, al papel absorbente, todos negros ellos, qué bonitos.

Y, entonces, vino la explicación de las papas, porque olvidé mencionar que, según Pizarro, este plato tan londinense no deja de ser “pescaíto frito con papas”. Con origen españoportugués, ahí es na'.

Cómo lograr unas patatas fritas crujientes y tiernas a la vez siempre ha sido una de mis inquietudes y, según él, el truco está en un proceso que denominó “de tres cocciones”. Primero se hierven muy poquito tiempo a 90º. Después, se les dota de una fritura a 120… se retiran… reposan…. y, justo antes de servir, un último baño en aceite a 180º. Very crispy. En rico aceite de oliva, nada de mantequillas ni grasa de buey. Graciosamente nos recordó que hace 15 años, los mismos que lleva allí, tenía que acudir a la farmacia para proveerse del oro líquido. Cómo hemos cambiado.

Y eso es todo. Lo presentaron pintando el plato con un ligero brochazo de puré de guisantes. Sobre éste reposaron el trocito de bacalao y las patatas dispuestas con mimo. ¡Ah! Y un toque final de pimentón. Está claro por qué me ha gustado Pizarro.

(adora Londres, Uve)

[box] Donostia se convierte esta semana en capital mundial de la gastronomía. La jam session de ayer fue únicamente el pistolazo de salida a cuatro jornadas en las que San Sebastián Gastronomika 2013 llenará de aromas y sabores el palacio Kursaal. Con la cocina internacional de Londres, abierta a influencias de Japón, China, India..., como invitada a disfrutar y descubrir. Quedan tres días.[/box]

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UveLa autora: UVE

Es de números y tiene un secreto para conservar su línea. Sus amigos se preguntan por la clase de alimento, Uve sonríe coqueta y se guarda su secreto. Aporta el #mistery a Lo Que Coma Don Manuel. Amiga del anonimato, viste de negro, escucha a Roy Orbison para alegrarse, le parece que Iván Ferreiro grita, estudió en colegio de monjas, le chiflan las ostras, ofrece cerveza a los gremios y trajo el TeleMadre a Euskadi. Siempre de aquí para allá, pasa la noche mirando la Luna, esperando que pase un cometa o baje un platillo volante. Lo normal, al conocerle, es preguntarle: "de qué planeta viniste?".[/box]


Casa Zoilo (Valderas). ¿Repasamos los diez Mandamientos?

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Bacalao al estilo Valderas, de Casa Zoilo (foto: Uve)
Bacalao al estilo Valderas, de Casa Zoilo (foto: Uve)

A veces, una siente la necesidad de reconciliarse consigo misma, o de purgar ese punto de mal genio con el que, frecuente y desgraciadamente, ya no sorprende a muchos de los que le rodean. Esas mismas veces, basta aprovechar un momento de provocada coincidencia familiar, y en un arranque de generosidad, invitar a comer a parte de la familia, padres, hermanas, hijas, sobrinas y/o demás apegados, los presentes en el momento, sin convocatorias previas.

Pues dicho y hecho. Me gusta conducir, me relaja, me permite pensar… Vaaaaale, llamémosle  morriña, tal vez. Así que me hice la encontradiza, ¡tachán! Y, como quien no quiere la cosa, me planté en tierras castellanas; qué fácil, sabía que me los iba a encontrar allí. Tras las caras de sorpresa, abrazos, besuqueo, perotúquehacesaquí y demás, les propuse ir a comer. Como me conozco el percal, previamente arrastré a un rincón al patriarca con la intención de avisar de que yo me haría cargo de la dolorosa. Prometo que lo intenté con la mejor de mis sonrisas, y hasta con caída de ojos, pero hubo que recurrir al “innegociable, he dicho” para lograr mi fin. ¿Pero ésta no venía en modo reconciliación?, me pareció escuchar.

Cecina de Astorga, de Casa Zoilo (foto: Uve)
Cecina de Astorga, de Casa Zoilo (foto: Uve)

Hacía mucho calor aquel sábado y no era plan meterse entre pecho y espalda una de cocido maragato, ése que se come al revés. Ya se sabe, luego nos entran sudores, sopor inevitable y, a alguno más que a otras, necesidad de siesta. Así que dejamos la visita a Castrillo de los Polvazares para otra ocasión. Precioso pueblo, por cierto.

Sinceramente, y para qué negarlo, yo iba con antojo de bacalao con pimentón, claro, lo típico por la zona. A falta de otras ideas, pusimos rumbo a Valderas, un pequeño pueblo leonés donde se ubican tres establecimientos que presumen de despacharlo bien rico en sus cartas: Casa Zoilo, El Rebeco y Gatito (miau). Y aquí y ahora entono el 'mea culpa' y reconozco el error, por no haberme informado debidamente y con antelación, como hacen los profesionales. Está claro que la improvisación debe dejarse para otros menesteres, vaya que sí, y que, en casos como el que nos ocupa, no hubiera estado de más un poco de asesoramiento, del bueno, el de la persona adecuada… Pero me equivoqué. Una vez más.

Cansada de que ninguno de los convidados aportase opinión alguna al respecto, y agotada también de seguir discutiendo sobre quién pagaría la minuta (qué cabezón), hice una llamada a un conocido, la supuesta persona adecuada, que me dirigió a la primera de las opciones citadas, “un clásico” según él. Ejem, seguimos siendo amigos, que conste.

¿El Cid? (foto: Uve)
¿El Cid? (foto: Uve)

Lugar un tanto ajado, amarillento, tristón, sólo destacaría de su decoración la imagen de un Don Quijote de algo más de un metro que fue recibido al grito de “mira ama, El Cid”. Salgamos y entremos de nuevo, que igual todos no nos han oído. Sin alborozos ni grandes recibimientos a nuestra llegada, un “no desesperes” pasó por mi embarullada cabeza: seguro que la especialidad de la casa, su bandera, ese bacalao “al estilo Valderas” (un par de minutos de cocción y a la cazuela, con aceite, ajo y pimentón) lo compensa todo. Compensó parte, pero no todo. Reconoceré que estaba rico (ración para dos, donde comen tres y la menda, 28 €), en su punto de sal, sabroso. Faltaría más. Tampoco puedo criticar la ración de cecina de ternera (15 €), de Astorga según me contaron, bien condimentada con sabroso aceite y un toque de la aludida especia roja (lo sé, otra vez).

La ensalada (10 €), muy normalita, demasiado. No había fritos varios, para desgracia de la más joven de la mesa, que protestó enérgicamente; la opción de conejo guisado resultó accesible sólo por encargo, segunda protesta. Pese a que no acostumbro a poner la antena en conversaciones ajenas, casualmente, y sólo por casualidad, oí a los de mi izquierda tildar al pulpo de tieso y a la sepia de sosa. Descartados ambos dos, optamos en la mesa por un par de solomillos de ternera, pasables pero pasados (de punto). Reconozco que de la ración de rabo de toro sólo quedaron los huesos, así que rompí una lanza en su favor. Precipitadamente, ¡ay!, como comprobé minutos después, a la llegada de los postres. ¿Caseros? Sí, anoten: flan. Eso es todo, amigos. Y el resto, helados varios. Un flan y cuatro tristes helados, 26 euros. Carillo, ¿no?

Fachada desprovista de atractivo de Casa Zoilo (f: Uve)
Fachada desprovista de atractivo de Casa Zoilo (f: Uve)

Soy amiga de apurar la botella de vino a la hora del café y la tertulia; una manía tal vez, pero disfruto más el morapio que los alcoholes. Nos hallábamos en ese dulce y preciso momento, cuando solicité a la camarera que me trajera la cuenta. “Como Dios manda”, replicó. ¡Ja! Y me llegó la iluminación. Osaré decir que Casa Zoilo necesita no uno, sino diez Mandamientos. ¿Para dejar de ser un clásico? No, para serlo pero bien. A saber:

  1. Amarás la rapidez de servicio sobre todas las cosas
  2. No dirás la expresión “por encargo” en vano
  3. Santificarás (y repondrás) las cazuelas de Pereruela
  4. Honrarás al comensal y serás (algo más) simpático
  5. No matarás a los postres caseros
  6. No olvidarás que las lámparas también hay que limpiarlas (actos impuros y tal)
  7. No robarás la D.O. a Ramón Bilbao (no, no es un Ribera)
  8. No mentirás con los fritos variados
  9. No consentirás que se estropee la salida de humos (y menos en verano)
  10. No codiciarás… buff, creo que sí deberían codiciar algo.

Me topé a mi vuelta con dos personas (adecuadas, éstas sí) que me recriminaron: “no has elegido bien, querida”. Vaya. La intención era buena, buenísima. Y lo pasamos bien, rebién. ¿Qué si me reconcilié conmigo misma? Te conozco, bacalao…

(siente necesidad de reconciliarse consigo misma, Uve)

ver ubicación

Plaza de Ramón y Cajal, 14; Valderas (León)

987 76 23 77
[box type="download"] El por qué de comer el Cocido Maragato al revés

La ingesta del Cocido Maragato en orden inverso al del resto de cocidos tradicionales, tiene múltiples teorías. Cuentan que durante la guerra se alimentaba al soldado empezando por la proteína, en este caso la carne. Se realizaba de esta forma por si el enemigo realizaba un ataque por sorpresa, de esta manera el alimento ingerido en primer lugar era más contundente y suficiente para la contienda. Posteriormente era de comer las legumbres, lo que proporcionaba al soldado el alimento necesario para continuar su deliciosa comida y, si con suerte se llegaba al final, el caldo de la sopa les hacía entrar en calor, obtener los hidratos de carbono de los fideos y el agua necesaria. Claro, que tras dicha contundente comida cualquiera está para guerras. Otras teorías más fidedignas hablan de la ingesta en este orden por la tradición arriera. Cuentan nuestros mayores que cuando los antiguos maragatos arrieros recorrían España, siempre llevaban consigo porciones de carne de cerdo cocida, las cuales se tomaban antes de solicitar algo caliente que llevarse al cuerpo. Es por ello que se extendió la costumbre en esta comarca de degustar el cocido maragato de esta manera.

(Fuente: castrillodelospolvazares.com) [/box]

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UveLa autora: UVE

Es de números y tiene un secreto para conservar su línea. Sus amigos se preguntan por la clase de alimento, Uve sonríe coqueta y se guarda su secreto. Aporta el #mistery a Lo Que Coma Don Manuel. Amiga del anonimato, viste de negro, escucha a Roy Orbison para alegrarse, le parece que Iván Ferreiro grita, estudió en colegio de monjas, le chiflan las ostras, ofrece cerveza a los gremios y trajo el TeleMadre a Euskadi. Siempre de aquí para allá, pasa la noche mirando la Luna, esperando que pase un cometa o baje un platillo volante. Lo normal, al conocerle, es preguntarle: "de qué planeta viniste?".[/box]


Bienvenidos a El Ruedo (Benavente)

Los expertos en la materia, los muy expertos, podrán opinar hasta incluso concluir, que este bienvenidos ni tiene gracia ni es original. Siga intentándolo (señorita), como en las tapas de los yogures. Sniff.

Superado el momento frustración, me refugio en el ambiente taurino que envuelve al Bar El Ruedo, que tiene su aquel. Porque aunque no domino el arte del toreo, reconozco en él un mundo diferente, un sinfín de palabras bellas, de artes y suertes, de lances, de pasión y superstición. Despierta mi curiosidad desde el nombre del toro, al pase afarolado, la verónica o un recibimiento “a puerta gayola”.

Bar el ruedo, detalle (f: Uve)
Bar el ruedo, detalle (f: Uve)

Y ya que esto va de toros, primer aviso: no seré yo la que presuma de lo que no puede presumir. Es como decir que una entiende de música y no sabe lo que es un punk rocker. Los toros no son lo mío, qué va; son lo de ese hombre menudo y de pelo cano, aspecto serio (y trato excesivamente tosco a mi parecer), amo y señor de la taberna, quien nos descubre en su negocio a sus dos grandes amores, los toros y el vino. ¿Alguien dijo complicado?

Dejando atrás el Castillo de la Mota, uno de tantos “castillos de la mota” que adornan nuestra geografía, pregunten a un lugareño de bien, de fiar casi siempre, dónde degustar un buen caldo, con conocimiento, servido en copa grande, de boca estrecha y a su justa temperatura. Apostaría mi colgante favorito a que les remite sin pestañear a El Ruedo, que para algo se ha ganado la fama de servir los mejores morapios de Benavente.

Tapa de morros (foto: Uve)
Tapa de morros, gelatinosos y sabrosos (foto: Uve)

Segundo aviso: no nos confundamos, precios cuasidonostiarras. Saciar su sed a base de cortos de cerveza o “vinos” en la villa zamorana es más que asequible. Tomar un buen vino, se paga. Como el recomendado del día, “hoy Liberalia, Toro, 2,20 €”. Rico, sí. A dos veinte, también. Se acompaña de tapa, faltaría más, esto es Castilla: morros, sesos, cecina, chorizo al vino, panceta o sardina en tempura. Por nombrar unos cuantos.

Y como no se me antoja un tercer aviso, voy y cambio de tercio, y me fijo en la figura de un Manolete de ojos tristes que nos vigila tras la barra. Y en un par de cabezas de astado, ¡cómo iban a faltar!, que lucen bien chulas en sendas paredes, cual torito enamorado de la luna, que además de bravura tiene pinta de donjuán.

Y no, no soy fan del Fary. Olé.

(no canta ay, torito guapo, tiene botines y no va descalzo, Uve)

facebook de El Ruedo

ver ubicación

Sancti Spiritus, 1; 49600 Benavente (Zamora)

980 630 039

El burladero de El Ruedo, en Benavente (foto: Uve)

Por comentar: ¿Mejor cuanto más cerca? No siempre

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Vale que todos estemos deseosos de verano, de ese sol que se ha empeñado en esconderse más de la cuenta. Vale que necesitemos disfrutar el aperitivo en terraza, haciéndonos los fuertes; sin sombrilla, ¡ea!, que llevo protección 50.

Así no se va a un restaurante, hombre ya.
Así no se va a un restaurante, hombre ya.

Todo vale. Todo menos la falta de decoro/recato. Y es que no llego a comprender, me hace daño al ojo (soy así), no puedo con ese personaje que se te sienta al lado, close to you, o que apoya su axila junto a las gambas de la barra (¡qué culpa tendrán las pobres gambas!), como recién salido de la playa. O como si todavía estuviese en ella. Y repito recién, por esos cuerpos serranos embadurnados en crema; de coco, para más inri y aroma. Sudorosos todos ellos, pies enchancletados con bien de arena, sin camiseta, bañador súper-mega-ajustado, segunda piel, ¡buah! Y cada vez que la canícula me deleita con tal espectáculo, se me corta hasta la mahonesa, y viene a mi mente un artículo de Arturo Pérez Reverte de hace ya unos años.

Diré que soy más fan de los artículos de Reverte que de su novela. Y que aquel verano, aquel largo y cálido verano, su reseña semanal en cuestión vinculaba indumentaria con gastronomía, o más bien ciertos hábitos (malos) en el vestir con ciertas actitudes (peores, aún) a la hora de comer. Se me antojó gracioso el relato, quedando grabado en mi subconsciente por numerosas razones. Entre ellas, su título, tan musical y fácil de recordar: “No me pises que llevo chanclas”. También por su contenido, con el que comulgaba (y comulgo) totalmente, de principio a fin. Hoy puedo afirmar que es atemporal, que hay cosas que no cambian, por muy europeos que nos sintamos.

Así sí; esto ya es otra cosa, Rod Stewart.
Así sí; esto ya es otra cosa, Rod Stewart.

Reverte presenta un país de pandereta con esa ironía tan suya, relatando su experiencia en dos situaciones muy diferentes en las que tuvo el honor de compartir espacio con varios de los referidos pepepiscinas; la primera, degustando unas manitas de cerdo en salsa de cigalas, en el restaurante Quatre Gats (Barcelona); la otra, ingiriendo hamburguesa y patatas de chiringuito. En uno de los escenarios describe la pasividad del encargado, y en la otra versión alaba la actitud casi heroica de la sufrida camarera. Cuestión de conducta, diría yo.

Merece la pena recuperarlo. Y releerlo. Dos reacciones diferentes a una misma situación. Dos formas de pensar y actuar que llevan al escritor a concluir, más o menos, que cada uno tiene (o tenemos) lo que se merece. O merecemos.

(Uve)

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 UveLa autora: UVE

Es de números y tiene un secreto para conservar su línea. Sus amigos se preguntan por la clase de alimento, Uve sonríe coqueta y se guarda su secreto. Aporta el #mistery a Lo Que Coma Don Manuel. Amiga del anonimato, viste de negro, escucha a Roy Orbison para alegrarse, le parece que Iván Ferreiro grita, estudió en colegio de monjas, le chiflan las ostras, ofrece cerveza a los gremios y trajo el TeleMadre a Euskadi. Siempre de aquí para allá, pasa la noche mirando la Luna, esperando que pase un cometa o baje un platillo volante. Lo normal, al conocerle, es preguntarle: "de qué planeta viniste?".[/box]