Historias del FB: del nuevo Bilbao al bacalao

Abr 26, 16 Historias del FB: del nuevo Bilbao al bacalao

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Los precios esotéricos del nuevo Bilbao, el II Concurso de Pintxos de Bacalao de Gipuzkoa, la oreja a la plancha del Bar Rafa, el cangrejo en tempura de Gure Toki, el risotto de Borda Berri, las ostras de Saltsagorri, el txoko Bilbotarren Bazkuna… Cosas que escribe Igor Cubillo en Facebook.

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Peret. ‘El mesón del gitano’

Ago 29, 14 Peret. ‘El mesón del gitano’

Publicado por en Destacado, Momentos Musicales

Se apagó la voz de Peret, el rumbero que cantó a las chicas, cantó al tabernero, cantó a la portera, cantó a lo que sea, cantó al mundo entero. Cantó incluso a los filetes con huevos, esos para chuparse los dedos. Este es nuestro homenaje a un embajador de la alegría del canto y del baile.

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Quién está detrás de Don Manuel

Ene 01, 14 Quién está detrás de Don Manuel

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Y él (Jesús) le preguntó (al hombre): – ¿Cuál es tu nombre? – Mi nombre es Manuel, pues somos muchos. Este bello sucedido ha identificado prácticamente desde su nacimiento, en el cada vez más lejano marzo de 2010, a Lo Que Coma Don Manuel, una weg de evidente esencia gastronómica en la que ha tomado parte una larga lista de ilustres colaboradores. Juntos, pero no revueltos. El ideólogo y director de facto de la publicación es Igor Cubillo, redactor curtido durante tres lustros en el diario El País, entre otros cometidos.   IGOR CUBILLO Periodista especializado en música, ocio y cultura. Economista. Equilibrista (aunque siempre quiso ser domador). En el medio de la vía, en el medio de la vida, si hay suerte, tal vez. Ha pasado la mayor parte de su existencia en el suroeste de Londres, donde hace más de 20 años empezó a teclear, en una Olivetti Studio 54 azul, artículos para Harlem R&R ‘Zine, Ruta 66, El País, Bilbao Eskultural, Ritmo & Blues, Getxo A Mano (GEYC), Efe Eme, Den Dena Magazine, Kmon, euskadinet y alguna otra trinchera. Prefiere los caracoles a las ostras. Qué tío. Anda que… Ah, tiene perfil en Facebook y en Twitter (@igorcubillo), pero no hace #FollowBack ni #FF. Se le resisten ciertas palabras y acciones con efe. Él sabrá por qué… No obstante, cuando le vayan a buscar los grupos especiales de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, Cuchillo señalará, sin mediar gran amedrentamiento, a su mano derecha: Dicky del Hoyo, web master de la cosa y responsable de redes sociales.   Dicky del Hoyo Periodista, multitarea, en red desde bastante antes de Internet.  Le ha dado y le sigue dando a todos los palos del periodismo: cultura, política, nuevas tecnología, prensa, radio, televisión e Internet. Trabaja para medios y también hace labores de asesor para empresas y entidades. Aunque es del mismo  centro de Bilbao es un poco Zelig por los afectos y se mimetiza perfectamente, allá por donde va, con el paisaje...

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Harlem Shake en el/la Mina

Amigos, el concepto restauración actual tiene  mucho de espectáculo. La presentación, el local, la delicada coreografía del servicio, los olores colores, gustos… Todo está dirigido a potenciar el recuerdo. La experiencia que dicen los finolis. Y es por eso que hay  restaurantes de grandes estrellas que te dejan frío y casas de comidas paisanas que  te emocionan. Es un todo lo que genera ese instante que llevarás contigo más allá del hecho intrínseco ontológico gustativo alimenticio. Por eso, para ir más allá del suceso de  una ingestión de carbohidratos o proteínas, unos esferican, otros pontifican, los más impostan y los menos epatan. Somos seguidores del Restaurante Mina desde que abrieron. Allí hemos pasado ratos estupendos y por su localización casi secreta, allí  hemos conspirado, intimado y comido (muy bien) Cuchillo lo contaba con gracia y salero en un aclamado post: ” el Mina, un referente gastronómico de Bilbao la Vieja, un buen restaurante con vistas a la ría y al mercado de La Ribera cuya cocina, ligada al producto local y de temporada, cosecha adjetivos como moderna, creativa, suculenta y personal” Y ahora, el resto de los cocineros vascos se tienen que estar tirando de los pelos porque a ellos no se les haya ocurrido antes hacer un Harlem Shake. Siempre tiene que haber en todo un primero y esta vez los que se lo pasan de cine son los mineros/cocineros. ¡harlem shake! Restaurante Mina web del restaurante ver ubicación Muelle Marzana; 48003 Bilbao (Bizkaia) 94 479 59 38 Don...

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Restaurante Adega Paço do Conde (Coimbra). La importancia del orden en la mesa.

Una tía mía acostumbraba a decir “El estómago no tiene baldas” para justificar el desorden en la ingestión de alimentos. Si el dulce es lo que más me apetece en este momento, por qué no empezar por esa tarta que me mira con ojos golosos, antes de comer el entrecote y la sopa, ¿eh? Había que darle la razón y ver cómo se relamía entre cremas y hojaldres, gozosa, mientras tú soplabas y soplabas, resignado, esperando a que el caldo se enfriara un tanto. Nadie debe extrañarse por ello, pues la máxima de los estantes debe guiar hoy también a muchos hosteleros que desatienden la tan necesaria lógica a la hora de servir las mesas y atender a sus clientes. Una desatención que, lamentablemente, ya no se circunscribe al sindios de los restaurantes chinos, donde el reducido precio justifica que nos sirvan al tiempo rollito de primavera, salsa soja, agridulce y picante, fideos de arroz, chopsuey, flan chino, cerveza, café, copa, puro y licor de rosas. Como muestra, sirvan estos botones de este mismo verano: María, lectora de LQCDM y cocinera, se olvidó del corporativismo cuando le sirvieron los platos calientes en primer lugar a su paso por la sidrería El Bodegón de Llanes, donde, por lo visto, llaman bogavante al surimi; Jgar, otro lector del blog, todavía andará mosqueado después de que “la dueña” del restaurante Boga, en Algorta, le dijera “enfurecida” que “allí se comía como ella decía”. Todo por pedir que llevaran “más despacio los platos, porque no había más sitio en la mesa”. Y yo mismo he padecido recientemente el desdén de cocineros y meseros a mi paso por Coimbra. Lo padecí, y el recuerdo de tamaño desaguisado ensombrece cualquier otro recuerdo de mi escala en la ciudad surcada por el río Mondego, el más largo entre cuantos nacen y desembocan en Portugal. Orgullo nacional. Excepción hecha de las angostas cuestas que conducen a la vieja universidad, el parque Portugal de los Pequeñines y los cafés a 70 céntimos. Si...

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Bar Getaria (Vitoria-Gasteiz). Lost in Lakua?

Hay ocasiones en las que uno no puede comer a la hora establecida, a la socialmente aceptada. Por acumulación de tareas o porque simplemente aterriza en una ciudad a deshoras, cuando están cerradas incluso la mayoría de las cocinas españolas. Si esto te sucede en el barrio vitoriano de Lakua, una buena opción es acercarse al bar Getaria, donde anuncian servicio ininterrumpido de cocina de 10 a 24 horas. Su barra expone sandwiches y pintxos varios, pero nosotros ponemos la mano en el fuego por sus tortillas de patatas. Pinchos de buen tamaño y preparación, sin cuajar del todo, por 1,5 euros. Con chorizo, pimiento verde, jamón, bacon, champis, queso… Todas están buenas y normalmente jugosas. “Exquisitas”, sentencia nada menos que Marivi, directora de gabinete de Idoia Mendia, portavoz del Gobierno Vasco. No está nada mal la “torta rústica con aceite de oliva virgen aromatizado con ajo y tomillo y jamoncito serrano” (2,5 euros). Su carta incluye desde chocolate con churros (4 euros) a pechugas  con patatas (6) y huevos con complementos varios (4,50). También muchos bocatas, algún sandwich, raciones (patatas, anchoas con piquillos, croquetas…) y cosas tan originales y ricas como la hamburguesa con queso y foie sobre calabacín rebozado (6,50). Son contundentes las ensaladas, ilustradas o con arroz, pasta, pollo, bacalao… La mayoría cuesta entre 5 y 6 euros, ninguna llega a 7 euros. La oferta gastronómica es correcta, a pocos disgustará y, en lo referente a decoración, el local es sobrio, clásico, con dominio de madera, cristalera sobre la gran barra, suelo de terrazo y algún motivo marinero en las paredes. Sin exagerar. Mientras escribo esto, en uno de los bancos que hay al fondo del propio Getaria, suena el ‘Under The falling sky’ de Bonnie Raitt, luego el ‘Stealing kisses’ de Faith Hill,  y pienso que ha sido buena idea venir . Aunque más tarde vengan Leona Lewis, El Sueño de Morfeo y cosas aun más lamentables, como Tina Cousins. No en vano, yo sólo había venido a comer… (igor cubillo) ver ubicación Blas...

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El croissant, francés. Sin duda

Si yo fuera un croissant, que no lo soy, desearía ser francés. Ni  vasco ni español, gabacho. Sirva esta declaración de principios, o de intenciones, o de vaya a saber usted qué, de excusa para mostrar al mundo la fotografía que tomé en la terraza del Hotel Alysson, en Oloron Sainte-Marie, durante un desayuno con el bombón que tengo por esposa. El protagonismo de la imagen se lo disputan los bellos croissants y la audaz gorriona que, lejos de achantarse ante mi entonces oronda figura, se permite el lujo y el desafío de pegar un tarisco a mi comida, pero yo prefiero el croissant. Porque para comerlo no hay que desplumarlo y porque, ¡oh la la!, en Francia los hacen mejor que en cualquier otro lugar del mundo. ¿Por qué? Ni idea. Pa’que negarlo. ¿Puede que sea porque lo inventaron ellos? Pues parece que no, porque dieron con él en Viena. ¿Porque allí priman las fermentaciones largas, no las industriales? No sé… ¿Porque aquí abusan de las grasas hidrogenadas? Aaaahh… ¿Porque sus pasteleros amasan con la mente puesta en su particular princesa del pueblo, que fue Brigitte Bardot, no Belén Esteban? Es posible. ¿Chi lo sà? Sea cual sea el motivo, lo cierto es que comer un croissant en España y hacerlo en Francia no tiene punto de comparación, son experiencias propias de universos paralelos. En un 95% de los casos, aquí son monótonos, de textura compacta, alejada del mito del hojaldre, y tan insípidos que precisan ser cubiertos por siropes y almíbares agresivos y pringosos. Un homenaje comestible, o no tanto, a la producción en serie, a la mampostería y al todo vale. En cambio, basta dejar atrás los Pirineos para entrar en esa otra dimensión gustativa, pues allí, en el 95% de los casos, son una exquisitez. En la pastelería más humilde y en el hotel más pomposo. Apoyas levemente la yema del índice y, además de que no se te queda pegado, escuchas un crujido, como el ronroneo de un gato...

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Azurmendi (Larrabetzu). En el parque de atracciones

Sep 20, 11 Azurmendi (Larrabetzu). En el parque de atracciones

Publicado por en Bizkaia, Estrellas Michelin

La experiencia sensitiva en el restaurante Azurmendi, la inmersión en el universo de aromas, sabores, texturas y paisajes que propone el cocinero vizcaíno Eneko Atxa, resulta realmente satisfactoria. Un auténtico placer.

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Francesinha. Más es más

Desde el desconocimiento, uno piensa en un sandwich a base de pan, queso, salchichas, fiambre, bistec, una especie de chistorra y huevo frito, y la elucubración deriva en visiones de omeoprazol y sensaciones de pesadez y dolor de barriga provocados por el rascacielos. Desde la experiencia, cuando uno come en Oporto una francesinha, que así bautizaron al invento en Portugal, descubre que la superposición de tanto ingrediente proteínico resulta sorprendentemente armoniosa y hace tambalear el principal axioma minimalista para ratificar, sin que sirva de precedente, que en ocasiones más es más. En nuestro caso, sabíamos que es una preparación típica de Oporto, pero no fuimos a su encuentro, fue ella la que nos asaltó. Paseábamos a orillas del Douro (Duero), tras visitar el austero Museo del Vino de Oporto y el dedicado a Transportes y Comunicaciones  en la Alfândega Nova, cuando en una deteriorada barriada llamó nuestra atención un gran cartel que la anunciaba. No era el rincón más coqueto de la ciudad, sino una de las muchas estampas decadentes que aumentan su encanto, y precisamente por ello nos decidimos a descubrir en ese salón esta interesante manera de satisfacer a un bilbaíno con un bocadillo de cuchillo y tenedor. El local se llama Verso em Pedra (Rua da Arménia 12-14-16) y despacha gran variedad de francesinhas (hasta una decena, con lomo, hamburguesa, hongos, marisco…), pero nosotros nos decidimos por la que llaman “tradicional”, la más parecida a la que habíamos visto en una guía gastronómica, que cuenta con los ingredientes detallados en la primera línea. Por 13 euros nos sirvieron en dos platos una pieza enorme, lo suficientemente grande para satisfacer a una pareja y bañada en la picante salsa característica, el toque distintivo que la referida guía presenta como el resultado de mezclar salsa de marisco, cerveza, salsa Worcestershire, mostaza, brandy y mantequilla. Casi nada al aparato. Si pasas un par de días en Oporto date los homenajes que quieras a base de bacalao, fados y vino dulce, pero reserva también un momento para una comida informal, completada por...

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